Arturo Pardo. Hace 6 días
El maestro Armando Manzanero repasó su cancionero la noche del miércoles en el Teatro Nacional. Foto: Rafael Murillo.
El maestro Armando Manzanero repasó su cancionero la noche del miércoles en el Teatro Nacional. Foto: Rafael Murillo.

En una mezcla sin precedentes a nivel local, el sábado pasado el Teatro Nacional disfrutó de la alternancia de dos leyendas sobre un mismo escenario; dos íconos históricos que le hablan musicalmente a un mismo público.

A Armando Manzanero lo antecede su reputación; también su repertorio. Su carrera se cimentó sobre un sinfín de éxitos. Su currículo es tal, que hasta consigue que se le exoneren sus falencias vocales, tanto en afinación como en la precisión del tempo al cantar. Con él, la expectativa puede centrarse en cuáles de sus más de 400 canciones elegirá en su show, no en cómo las interpretará.

Si él canta hay melodías que se pierden, pero, a la vez, de no ser por él no existirían tantas de esas canciones referentes del repertorio romántico en español.

Ídolo es la palabra que le calza mejor, si se habla de su récord compositivo. Su música es conocida inclusive por quienes todavía no se han enterado.

Si está tras el piano es otro, parece estar bien resguardado por las negras y blancas, donde se le siente una libertad total. Todo avanza a su propio tiempo, ad libitum, con cruces inesperados de piezas, danzando los dedos por las teclas a su antojo.

La decisión de invitar al local Arnoldo Castillo para un par de temas pareció oportuna, por cuanto le brindó una voz más apropiada para sus temas. Su capacidad para relatar anécdotas dentro del realismo mágico además le aporta entretenimiento a su presentación. La distensión siempre se agradece.

Los españoles del grupo Mocedades, sin su líder Isazkun Uranga, recordaron sus épocas doradas. Foto: Rafael Murillo.
Los españoles del grupo Mocedades, sin su líder Isazkun Uranga, recordaron sus épocas doradas. Foto: Rafael Murillo.

Con él, la banda acompañante, integrada por músicos españoles y mexicanos, se vio floja, demasiado apegada a las partituras y alejada del sentimiento romántico que los temas pretendían transmitir. Cuando ellos tocaban uno extrañaba la intimidad de Armando y su piano.

La misma agrupación acompañó a Mocedades, con quienes parecían sentirse más cómodos.

Después de Manzanero, el quinteto vocal se sintió con amplia energía. Su presencia en tarima fue bastante estática. No hubo intenciones de que aquello fuera lo que uno sí definiría como show. Fue más bien un repaso un poco acartonado de los clásicos “de ayer, hoy y siempre”.

Quizá sea difícil conectar con la veterana agrupación cuando no hay una conexión real con la nostalgia que se transmite en sus conocidas melodías. Ni modo; sin embargo, sus coros se mantienen fácilmente identificables, con una mezcla de influencias que, si se les busca, se le encuentran las reminiscencias en estilo con El consorcio, o los angloparlantes y también veteranos ABBA y Peter, Paul and Mary.

Su dinámica sobrevive en la alternancia de la voz principal, que se refuerza oportunamente con las armonizaciones vocales del resto de cantantes en escena, a veces en una escalera de voces y otras al unísono. Su participación se sintió breve pero no hacía falta más.

La fusión entre ambos exponentes para cerrar el concierto fue todavía menor, pero suficiente para poner en evidencia las diferencias y cercanías en las aproximaciones de ambos hacia el repertorio romántico. Con o sin talento vocal el norte es el mismo. Son las canciones las que evocan recuerdos y provocan emociones fuertes en la audiencia que agradece con nostalgia más de décadas de historias de amor.

El concierto:

Artistas: Armando Manzanero y Mocedades.

Lugar: Teatro Nacional.

Fecha: 11 de octubre de 2018.

Organización: Move Concerts.