Carlos Soto Campos, Jorge Arturo Mora.   4 diciembre, 2019
Stratovarius fue parte de los teloneros de Slipknot. Fotografía: Jorge Castillo.

La banda estadounidense Slipknot trajo a Costa Rica una fiesta de metal como pocas este miércoles 4 de diciembre. La primera presentación en el país del Knotfest Road Show, un minifestival con Slipknot como anfitriones, se lleva a cabo desde las 5 p. m. en el Centro de Eventos Pedregal.

Un enorme escenario digno de festival internacional recibió a más de 15.000 personas para que disfrutaran, antes de Slipknot, del talento de Carnifex, Stratovarius y Sodom.

Los primeros en salir a escena fueron los estadounidenses de Carnifex, quienes ofrecieron su primera actuación ante el público costarricense. Ellos interpretaron temas como Die Without Hope y Lie To My Face.

Desde el minuto uno, los asistentes al concierto corearon cada una de sus canciones y disfrutaron de un intenso moshpit en el parqueo de Pedregal. Entre los moshers había banderas de Costa Rica y Nicaragua,

Carnifex terminó su presentación, que duró alrededor de unos 45 minutos, con el tema Hell Chose Me y, definitivamente, le dejó buen sabor de boca a los ticos.

La agrupación Carnifex durante su presentación en El Pedregal. Fotografía: Jorge Castillo.

El turno de Stratovarius

Un huracán de camisetas negras se apoderó la plazoleta hechiza del Centro de Eventos Pedregal. Con una mano bastó y sobró para contar las camisas blancas que apenas se divisan en medio de la nube negra.

En el escenario, Stratovarius cambió ligeramente el clima, pasadas las 5 p. m., y el power metal de la banda finlandesa apaciguó un poco al público tras la intensidad que dejó Carnifex.

Eso no significa que no haya sido un frenesí, solo que los sentimientos se asumieron sin patadas en círculos de amigos. Las manos permanecieron arriba, se abrieron y cerraron con los embates de la batería. Black Diamond, por ejemplo, fue un tema que sacudió las fibras de los asistentes.

Desde 1986, esta banda ha refrescado la escena del metal con un nombre que no se olvida fácilmente: la combinación entre los violines Stradivarius y las guitarras eléctricas Stratocaster.

El vocalista Timo Kotipelto cedió su micrófono para aplaudir en masa junto a las personas, mientras que su tema Unbreakable fue uno de los más esperados y al que los asistentes reaccionaron con locura.

“Venimos de la maldita Finlandia. Prepárense que esto se va a poner oscuro”, advirtió Kotipelto.

El cantante es todo un símbolo en el escenario, pues el aire le corre su gran melena de un lado hacia otro, mientras él solo abre los brazos esperando absorber el aplauso multitudinario.

Cerca de una hora, los finlandeses conectaron con el público en su tercera visita al país. La tarde se convirtió en noche y el ambiente quedó mucho más que caliente para que las siguientes bandas del festival.

Cerca de 15.000 personas asisten al concierto de Slipknot. Fotografía: Jorge Castillo.

El ‘thrash’ lo es todo

Un baño de luces rojas recibió a la banda Sodom en su tercera visita a Costa Rica. El lleno es total y la banda insigne del thrash alemán salió a escena con la consigna de “rugir”.

A diferencia de su banda antecesora, con Sodom la vibración llegó a tal nivel que los latigazos se sintieron en la espalda. Que no se mal entienda: estas vibraciones punzantes son mucho más que bien recibidas.

El frenesí fue tanto que la banda sacó de su utilería una bandera de Costa Rica y la extendió por el escenario. Esto hizo que el público gritara con desenfreno “oé, oé, oé, oé,... SODOM, SODOM”.

Al metal extremo se le debe su configuración, en buena parte, por el aporte que han hechos estos alemanes. No importa si tocan Agent orange o Napalm in the morning, los asistentes les gritaron en señal de gratitud.

A sus 56 años, el frontman de la banda, Tom Angelripper, se vio incansable. Su cabello se hace remolino en escena, sus brazos parecen tener fuerza infinita, como si sus músculos se alimentaran del griterío de la audiencia.

El “oé, oé, Sodom” volvió a asomarse y la banda complació con más estruendos. Sin importar si los asistentes llevaban camisa de ellos o de las otras bandas del festival, todos se unieron para elevar la seña del metal.

Todo parece indicar que no hay distinción entre las fanaticadas de las bandas. La cobija del género reúne a todos por igual, en una congregación que dejará a Slipknot como la corona dorada.