Jessica Rojas Ch..   29 julio
Emmanuel Sotela, Andrés Contreras, Mauni Villalobos, Pablo Mejía y Nara Barrantes son Akasha. El próximo 1. ° de agosto presentarán su nuevo disco en el Jazz Café Escazú. Foto: Albert Marín.

El balance de colores y sonidos, del mensaje y los géneros, de la literalidad de la música; esa es la base sobre la que se construyó el nuevo disco de la banda costarricense Akasha. Aurora es el título del cuarto álbum de estudio que grabaron los nacionales, una muestra de la madurez musical que viven, que gozan y la cual expresan en seis canciones que llevan a quien las escucha por un viaje emocional de rock, pop, punk, balada y voces armoniosas.

En su concepción Aurora fue diferente, una frescura que empezó experimental para los cinco miembros de la banda quienes encontraron en esta obra una manera de soltarse y de cambiar, porque desde el principio el álbum viene cargado con una dosis enérgica de ese rock que representa a la banda, pero en el transcurso de la música presenta sensibles baladas y piezas de corte más alternativo; así fue como Aurora alcanzó ese balance.

Para lograr ese equilibrio, Mauni Villalobos (voz), Emma Sotela (guitarra), Nara Barrantes (batería), Pablo Mejía (guitarra) y Andrés Contreras (bajo); crearon esta producción de manera muy diferente a sus primeros discos. Básicamente trabajaron desde cero a partir de los coros, esa parte esencial de las canciones que es lo que más rápido se queda grabado en la memoria sonora.

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Encerrados en Manuel Antonio, los miembros del grupo hallaron el norte en la contradicción porque los cinco se aislaron de lo cotidiano de la ciudad y de sus vidas para encontrarse en la composición con lo habitual, con lo frecuente, y a partir de esa simplicidad, crear los temas. En esta producción quedó de lado lo metafórico que acostumbraban en sus anteriores líricas; ahora los mensajes son directos, literales.

“La composición se dio en conjunto, quisimos hablar sobre lo que estamos sintiendo. Buscamos una comunicación más directa básicamente para romper con lo que hicimos antes, nos gusta reinventarnos, tratamos de cambiar y de mantener el dinamismo”, explicó Villalobos.

“Akasha se ha caracterizado por tratar de mandar un mensaje positivo y este disco al tener temas cotidianos hace que el público se identifique mejor con las canciones. Para conectar con la gente seguimos usando esas historias de todos pero contadas de manera más directa para facilitar el acercamiento”, agregó Contreras.

Nara Barrantes, el baterista de Akasha se apartó de su trabajo en la batería para aportar ideas en los 'riffs' de las guitarras. Foto: Albert Marín.

El concepto del álbum es total, empezando por el nombre que para ellos como artistas refleja el proceso de esta producción. En el título buscaron una idea que englobara las canciones de temáticas diversas y cotidianas hasta los sonidos también llenos de variedad. “Al final de cuentas todos los temas se centran en una lucha para llegar a un lugar mejor, así fue el proceso del disco que tuvo puntos altos y otros bajos. Aterrizamos en la aurora boreal –que es una luz en la oscuridad– porque así nos sentíamos en el momento en que llegamos al final del trabajo; para nosotros los colores que bailan en la aurora también representan las emociones que tocan las canciones, esas emociones humanas que a la hora de enfrentar situaciones cotidianas y adversas, se mueven”, explicó Barrantes.

Los tonos de la imagen en Akasha a partir de Aurora también son importantes. La imagen de la banda para esta producción se inspiró en la aurora boreal para darle una aire de renovación que encaja con la música que hicieron para el disco porque como los colores de la aurora cambian, así también ha sido Akasha en sus 14 años de trayectoria.

Parte de la frescura en la composición es contribución del bajista Andrés Contreras, una de las fichas más recientes (aunque ya no nueva) de la agrupación. Foto: Albert Marín.

El grupo se ha enfrentado a varias mutaciones en el camino, no solo en la alineación de músicos, sino en la inevitable madurez que dan los años y las experiencias; pero esos cambios son parte de la bandera creativa de la agrupación, situación que no les permite repetirse como artistas aunque mantengan en su sonido una esencia inconfundible, un sello del cual no quieren desprenderse a pesar de que siempre encuentran cómo reinventarse.

“Lo interesante es que todo es Akasha porque la música mantiene una esencia que suena a nosotros y con la que cualquiera nos identifica. Sin embargo, sí es demasiado importante hacer cosas diferentes porque a como ninguno de nosotros tiene los 17 o 21 años que teníamos cuando hicimos el primer álbum, en el trabajo buscamos decir cosas diferentes de maneras distintas”, aseveró Sotela.

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Corto pero plural

Tan solo a un paso, Aquella vez, Cuántas horas, Mejor que ayer, Mil voces y Ya no; son las canciones que conforman Aurora, en cada una de ellas hay un aporte esencial de los músicos, una identidad que los define en la actualidad porque de eso se trata el quinteto, de personalidades variadas que encontraron en Akasha un punto de estabilidad creativa que amalgamó las letras con los sonidos.

Son pocas canciones, pero cada una tiene su propio protagonismo porque son muy diferentes entre sí. Hay suavidad y peso, muestras del abanico de posibilidades que tiene la banda.

“La decisión que tomamos como grupo en cuestión de la cantidad de temas se centró en la composición que nació a partir del clímax de las canciones. Buscamos sacarles el mayor potencial para que todas fueran buenas y no canciones de relleno como muchas veces sucede, aunque sea sin querer. Los cinco estamos enamorados de estas piezas”, dijo Mejía.

Como parte de su personalidad, el cantante Mauni Villalobos sumó las melodías que nacen en su mente y se materializan a través de su voz. Foto: Albert Marín.

Y aunque sea un disco relativamente corto, llegaron al punto que querían, porque para ellos el hecho de que en Revoluciones (su tercer álbum) publicaron más del doble de temas, no representa para nada que el trabajo de Aurora fuera menos difícil. “Se puede pensar que al ser pocos tracks es fácil, pero detrás hay una gran cantidad de trabajo que se desecha, no porque no esté chiva, sino porque no eriza la piel, no emociona o no es lo óptimo. En Aurora tratamos de que estuviera solo la carnita”, explicó Villalobos.

A esa “carnita” que comenta el cantante se le debe de sumar la colaboración del mexicano Pepe Madero y el argentino Andrés Giménez de la banda A.N.I.M.A.L. en Cuántas horas y Mil voces, respectivamente. Además del aporte del mexicano Erik Canales (cantante de la banda Allison) como productor del disco en conjunto con los músicos de Akasha, que fue de suma importancia porque sacó a la banda de la temida zona de confort. De Canales fue la idea del viaje a Manuel Antonio y en conjunto todos decidieron empezar de cero la creación de las obras, sin maquetas, sin ideas preconcebidas, todo tenía que ser nuevo.

“Ese proceso de aislamiento nos aportó mucho y nos quitó mucho también en el sentido de que nos obligó a vivir sin distracciones, a estar solo nosotros con las cosas buenas y las malas de cada uno, con los roces de personalidades. Al no poder irte a tu casa después de trabajar no hay escape y empiezan a salir ciertas cosas. Fue un proceso desgastante porque logramos conocernos mucho más y superar las crisis desde que tomamos las decisiones de crear la música hasta el periodo post disco”, recordó el vocalista.

El balance es el tema en el que más trabajó el guitarrista Emma Sotela, su trabajo para sostener los sonidos destacó en la producción. Foto: Albert Marín.

Sí, Akasha logró una armonía en seis temas con un disco que mueve sentimientos y que bien podría provocar en su público una identificación mucho más directa y sincera porque en las canciones se tocan temas como la esperanza, la superación, la ansiedad, el desapego, los miedos, el renacer, la libertad y, por supuesto, las exigencias de la vida del músico.

El significado del álbum para el grupo es que identifica a la perfección la etapa que viven como artistas, una etapa que se estabilizó desde hace varios años con el aporte del talento de Mejía y Contreras, quienes sumaron a esa pluralidad que suena en Aurora.

Recorrido

Akasha es a todas luces una banda internacional. En Costa Rica tocan pocas veces en conciertos porque para bien su carrera ha despuntado mucho fuera de nuestras fronteras.

En la actualidad basan su repertorio en directo en el disco Revoluciones y algunas de las canciones de los primeros dos álbumes, esto no significa que no le tengan un cariño o un respeto especial a esas obras que los consolidaron.

La búsqueda de que las canciones fueran las protagonistas como un todo y de que no hubiera individualismos, ese fue el enfoque del guitarrista Pablo Mejía. Foto: Albert Marín.

“Nos enfocamos en Revoluciones porque estamos acostumbrados a que los conciertos tengan mucha energía y los temas de ese disco son así. Para presentarse ante un público nuevo es importante mostrar esa energía", explicó Contreras.

Revoluciones se volvió un hito porque Mauni pasó a ser la voz principal y entraron Pablo y Andrés; es importante presentar esa faceta del grupo, pero también somos agradecidos con la historia de dónde venimos así que Alunizar, Descriptar y En el espejo son canciones muy queridas porque nos dieron los cimientos donde construimos la banda”, manifestó Sotela.

Según los músicos, actualmente Akasha vive una de sus etapas más activas en conciertos, aunque en Costa Rica son pocas las veces que se presentan, eso no quiere decir que estén quietos. Lo que sí tienen muy claro es que los espectáculos en su país natal deben de ser por todo lo alto, algo que justamente pasará el 1. ° de agosto cuando presenten oficialmente Aurora en el Jazz Café Escazú.

El recital ha sido pensado de manera intensa desde las proyecciones hasta el sonido. Esta es una fiesta para Akasha y sus seguidores, así que el grupo dejará todo en escena para celebrar el alumbramiento de estas nuevas canciones.

'Aurora', el cuarto álbum de estudio de Akasha representa una variedad artística del grupo, esta propuesta nueva revela sonidos y letras más directas. Foto: Albert Marín.