Carlos Soto Campos.   30 enero, 2018
María Pretiz y Farit Barrientos en la Plaza de la Diversidad de la UNA en Heredia, para el concierto Almas en vuelo. Rafael Murillo.

No es todos los días que uno se topa un álbum con 19 cantautores costarricenses distintos, una antología que en vez de ver hacia el pasado, pinta un futuro distinto.

El álbum Almas en vuelo no solo sorprende por la variedad en las voces, sino también porque ninguna de ellas escribió las palabras que allí se dicen.

Las 19 canciones son poemas escritos por personas privadas de libertad y luego, en manos de artistas musicales como Guadalupe Urbina, Daniel Patiño y Pedro Capmany, adquirieron música y melodía.

Aunque cada palabra fueron escrita desde la cárcel, cada verso cantado tiene ahora la posibilidad de viajar hasta lugares insospechados.

“Queríamos buscar el mejor vehículo para la divulgación del trabajo que se ha hecho en distintos talleres y nos pareció que la mejor manera era la musicalización de algunos de esos trabajos”, explicó Norman Solórzano, vicerrector de Docencia de la Universidad Nacional (que financia la grabación y el concierto de presentación).

Los talleres en los que los privados de libertad participaron son coordinados por el académico Daniel Matul, quien durante un año y medio ha promovido la creatividad en la población penitenciaria.

Matul se dio cuenta de que la socialización de esos trabajos no solo generaba satisfacción a los autores, sino también diálogo entre ellos y las personas que estaban “afuera”.

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El álbum fue presentado el 27 de noviembre en la Universidad Nacional. Allí, sin temor al viento frío de la noche, 19 autores recitaron su poema y luego, los 19 cantautores interpretaron cada canción que brotó de sus textos.

Los compositores participantes fueron Luis Montalbert, Guadalupe Urbina, Pedro Capmany, Allan Guzmán, Bernardo Quesada, Pato Barraza, Patiño, Elena Zúñiga, Esteban Monge, Laura López, Humberto Vargas, María Pretiz, Miguel Solari, Bernal Villegas, José Cañas, Amanda Rodríguez, Jonathan Méndez y Adrián Goizueta.

Ellos les dieron forma a las canciones en ritmos de bolero, salsa, tango, baladas, rock y pop. Humberto Vargas, por ejemplo, musicalizó el poema El acuerdo, de Black Velvet.

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Fue una colaboración a distancia, pero el día de la presentación hubo espacio para abrazos, agradecimientos y sobre todo, diálogo.

“Todos los artistas vieron un mensaje en esos poemas. La gente cree que en la cárcel se escriben pensamientos o ideas vagas, cuestionan diciendo ‘¿qué capacidad van a tener esos delincuentes?’ y no es así. Encontrás en ellos muchísima profundidad y coherencia”, expresó Daniel Matul.

Los primeros discos compactos se distribuyeron el día de la presentación. Aún quedan algunos ejemplares de la edición de 3.500 copias; si desea una, puede adquirirla en la vicerrectoría de educación de la UNA.

De letra a voz

La creación de un álbum tan ambicioso inició en los talleres de Daniel Matul.

“No les digo talleres porque no hay clase, no hay muchas recomendaciones, ahí llegamos a trabajar. Me gusta llamarle laboratorio de la creatividad”, explicó Matul en una llamada telefónica.

Conforme el volumen de poemas se fue haciendo más grande, sucedieron dos cosas importantes.

José Cañas (izquierda) y Danilo González se conocieron en el conciertod e presentación de 'Almas en vuelo'. foto Rafael Murillo.

“El primer cambio que uno notó no fue en los privados de libertad, sino en las familias. Ellos no sabían que sus papás, hermanos, abuelos, eran capaces de crear de esa manera”, señaló Matul.

El segundo asunto, era el debate público por los régimenes de confianza en el sistema penitenciario. Matul vio como una necesidad mostrar al público que las personas en la cárcel también tenían creatividad, ideas, aportes. Humanidad.

Allí fue cuando Matul decidió compilar algunos de los poemas para editar un libro (ya se han publicado dos), y en ese momento, entró la sugerencia de hacer un álbum.

El vicerrector Norman Solórzano sugirió contactar a Carlomagno Araya para encargarse de producir el material y él accedió en cuestión de diez minutos.

“Yo creo que Matul se imaginaba una voz recitando un poema y de fondo un piano o una guitarra. Pero yo le propuse que tomáramos poemas sencillos y los hiciéramos canción”, contó Araya por teléfono.

Allan Guzmán (derecha) fue uno de los músicos que participó. Rafael Murillo.

Araya pidió poemas de versos cortos y los participantes del taller los produjeron. Después de hacer una selección, los poemas fueron enviados a los cantautores y cada uno escogió el texto con el que más se identificó.

“Yo escogí uno de los poemas más fuertes, se llama De tripas un corazón, un poema que se escribió desde un ciclo de violencia”, comentó Guadalupe Urbina, el día de la presentación del álbum.

“Esta es una manera de reinsertar a estas personas en la sociedad y qué mejor manera que con arte y expresión”, agregó.

Voces prestadas

El estudio de grabación de la Escuela de Música de la UNA fue el escenario en donde ocurrieron la mayoría de las grabaciones, aunque también las hubo en otros lugares. Al inicio eran 10 cantautores, pero el proyecto creció.

“Empezamos con 10 por ahí de febrero (del 2017) pero se fueron agregando y en abril, teníamos 19. Cuando se enteraron de la propuesta muchísimos compositores ticos se involucraron, eso nos dio mucha alegría”, comentó Matul.

Músicos como Fernando Víquez, Kai Sánchez, Juan Carlos Espinoza, Camilo Velandia, Andrés Saborío, Elena Zúñiga y el mismo Carlomagno Araya se sumaron a las grabaciones.

Algunos de los músicos no cobraron, otros, cobraron lo mínimo.

Según Norman Solórzano, la inversión hecha en grabación del álbum y el concierto de presentación representó ¢13 millones, invertidos como parte de las celebraciones del Año por la Vida, el Diálogo y la Paz.

Ahora, los productores y coordinadores sueñan con hacer una continuación.

Francisco Brown (izquierda), autor del poema 'Piedra negra', saluda a Manuel Monestel, quien musicalizó el texto. Rafael Murillo.

“Nos gustaría hacer un segundo disco sumando más mujeres de (la prisión) Vilma Curling”, manifestó Daniel Matul.

“Tenemos una alianza con el Museo Penitenciario, que está dentro del Museo del Niño. Con ellos esperamos hacer un segundo concierto, que se acompañe con un DVD, que se complemente con entrevistas, que sea muy didáctico”, adelantó Matul.

El coordinador de los talleres quiere continuar ese diálogo dentro-fuera y por ahora, sabe que su mejor herramienta es el álbum.

“Esperamos colocar pronto el disco en plataformas digitales para que lo tengan de forma gratuita. Por ahora, pueden retirar copias gratuitas en la vicerrectoría”, señaló.

Carlomagno Araya, que ha trabajado en más de 300 álbumes, cree que esta es una producción única.

“Fue una experiencia sinigual, es el disco más especial del que he participado. Espero que ayude a generar conciencia en todas las personas”