22 junio, 2012
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Nunca un lugar pequeño se hizo tan grande como anoche. Nunca, cientos sonaron como si tratara de un millar. Pero algo así pasó anoche cuando Gandhi se tomó, como quien toma el toro por los cuernos, a El Observatorio.

El bar, ubicado en el josefino barrio La California, estaba llenito cuando Massimo Hernández, Abel Guier, Federico Miranda Luis Montalbert-Smith ocuparon el escenario.

Los silbidos iban saliendo de las bocas de un pequeño mar de gente mientras Gandhi, rompiendo por Viva su descanso empezaba el concierto con Despierta.

Comenzaba la banda, con Luis en la voz y en los teclados, con el que fue su tercer álbum ese concierto con el que anoche se hacía, sonora y aún más visiblemente, parte del festejo de los 25 años de la revista Viva.

Y de lo tercero, Gandhi se fue a lo primero: Mientras tanto. Y El Observatorio se hizo un coro para, en una sola voz, cantar “no quiero morir, dejando solo polvo tras de mí”.

Y así, con un Gandhi abordando una canción fundamental, Abel, Luis y Federico se alinearon formando esa fila frontal a la que Gandhi tiene tan acostumbrado a su público. Y cuando en el cierre de Mientras tanto llegó esa parte donde el tema se va casi en un descanso a sus últimas líneas El Observatorio cantó ,mientras solo el teclado, sonaba: “y aunque muera mañana San José me abraza hoy sin saber que llevo el alma muerta...”

Como quien no tiene tiempo ni para respirar, Gandhi lanzó Ciclos que, fue atajado por el público a pleno coro de principio a fin. Fue aquel tema bandera del tercer álbum el que permitió también que Abel ocupara el centro del escenario para, con lo de por si largo que es, dejar claro que cuando de un bajo se trata, él hace de las suyas... y, si se puede, más.

Matizando.Ciclos fue abordaba particularmente por Gandhi anoche, extendiéndola casi lúdicamente y cosida como firme costura desde que Ciclos salió, a la dura brazada de Massimo, Mátame.

¡Sí, ahí estaba de nuevo En el jardín del corazón! Oh entrañable primer álbum en la época en que Gandhi unos cinco años apenas de andar.

Y es que Gandhi había dicho que esta noche se complacería a sí mismo y lo hizo: a Mátame la matizó con un jammeo vocal de temas como Mass Destruction, de la banda Faithless, y Mal bicho, de Los Fabulosos Cadillacs.

“Vamos a matizar nosotros también”, manifestó Luis y se apareció En dibujos animados, digna representante del rock ecléctico que Gandhi expuso en sus Páginas perdidas.

Y de esa sensación que es como salir a jugar, que dan los Dibujos, llegó el momento de entrar al lado más oscuro que puede tener un corazón: el tema Nada.

La balada que ha hecho del desencanto una hermosa historia de fuerza sonó potente con un Federico ocupando en un extenso solo el frente del escenario, mientras Luis entraba en juego, atrás, con Massimo.

El Observatorio hizo entonces lo que tenía qué hacer cuando la Nada acabó: aplaudir.

Una parte, final. Llegó con toda su fuerza En el ático, esa composición donde un gusto por el rock pesado es evidente, y fue coreada y fue el público dirigido desde el escenario por Luis. Era él el director de una particular orquesta de gargantas.

Apareció luego Quisieras que, como buena conocida y entrañable tema en la historia de Gandhi, fue recibida con gritos.

Y en su intro, Luis se envolvió en la bandera de Costa Rica. Y con un Gandhi enérgico y vestido de los tres colores patrios, El Observatorio cantó a pulmón potente: “quisieras morir para saber lo que es vivir”.

Fue hasta pasado aquel paseo por los tres primeros discos de estudio que llegó el turno de enfrentar lo que es hasta ahora el último trabajo de la banda. Del Arigato. no! Gandhi tocó Arigato. que fue recibida con sonoro grito y que fue coreada. Quien pudo, de esos que estaban más cerca del escenario, hicieron el intento de pegar un saltito.

Y aquella canción salida del álbum donde Gandhi saca todo lo visceral que tiene al tocar dejó el ánimo arriba. Lo suficiente como para que entrara golpe a golpe, fuerte, fuerte, Massimo desde la batería.

Al vuelo, la gente supo que era lo que venía: el Señor Caballero.

Llego en aquella canción el momento para que Luis se colocara el sombrero largo y rayas, que lo ha acompañado en muchos de los 20 años de vida de Gandhi.

Una vez que aquella canción hizo lo suyo, como lo hizo años atrás, cuando le valió a la banda ser consigna de una campaña centroamericana contra las armas, fue aplaudida.

Llegó entonces Al son del dolor, mostrando que al Páginas perdidas le quedaba todavía algo que decir.

Con ese tema y tras una hora y diez minutos de tocar sin descanso, Gandhi hizo una pausa en el escenario.

Había dividido en dos partes su concierto.

O sea, la banda se retiraba solo para tener unos minutos para respirar, pero en El Observatorio a la cosa le quedaba para rato.

Mañana podrá leer en Viva lo que sucedió en la segunda parte de aquel concierto en el que Gandhi sudó.

Concierto:

Parte 1

Parte 2