Natalia Díaz Zeledón. 6 marzo, 2016
En 1987, Nancy Reagan (derecha) lucía en un abrigo de piel de la diseñadora Anna M. Potok junto a la esposa del líder soviético Mijaíl Gorbachov.
En 1987, Nancy Reagan (derecha) lucía en un abrigo de piel de la diseñadora Anna M. Potok junto a la esposa del líder soviético Mijaíl Gorbachov.

En la biografía del expresidente estadounidense Ronald Reagan, The Rol of a Lifetime, el periodista Lou Cannon describe su administración como el papel actoral de su vida. Bueno o malo, el mejor papel que le tocó interpretar hasta su muerte en el 2004.

Su esposa, Nancy (1921-2016), otra colega del gremio actoral en el Hollywood dorado de la década de 1940, asumió también la responsabilidad de entregar la mejor actuación de toda su carrera. Tras llegar a la Casa Blanca en 1981, Nancy se convirtió en una elegante primera dama, preocupada hasta el último detalle por proyectar una imagen de garbo, elegancia y buen gusto.

Ronald recibió extensas críticas por su mal manejo del presupuesto público, su política de reducción de impuestos a los ricos y su conservadurismo social. Nancy, por otro lado, recibió críticas durante los ocho años de gobierno por tener un guardarropa caro.

Nancy ReaganEn 1984, Nancy en un traje sastre de color marfil con una de sus blusas con volantes al lado de Michael Jackson y su esposo. Foto:AP.
En los eventos sociales, Nancy ostentaba de día trajes sastre del diseñador Adolfo y, de noche, vestidos de gala de James Galanos, Oscar de la Renta y Bill Blass. El rojo intenso era el color más prominente en su clóset, con múltiples trajes sastre, vestidos de gala y hasta pesados abrigos de ese color.

Galanos era, sin duda, su diseñador favorito. En el primer baile que organizó la Casa Blanca después de la juramentación, la ex primera dama debutó con un modelo asimétrico de color blanco que tenía incrustaciones cosidas a mano. El vestido, estima The Daily Beast, valía $10.000.

Reagan se hizo famosa por aparecer en público con blusas con volantes, trajes ceñidos con botones y hombreras (muy a la usanza de la década) y por no reportar los préstamos que recibía de las casas de diseño que donaban sus vestidos y joyería a manera de publicidad.

El New York Times reportaba, en 1982, que Nancy debió resolver una crisis pública por los préstamos que recibía. La primera dama había utilizado varios modelos en apariciones diplomáticas y donó trece de los vestidos de ese primer año en la Casa Blanca a museos.

Según defendía uno de sus asistentes personales, la primera dama creía que promocionando marcas de moda estadounidenses estaba estimulando la industria del diseño. Los críticos, por otro lado, veían su despliegue de lujo como una afrenta en un clima político inestable.

Nancy Reagan En esta foto 1985, la princesa Diana le roba el rojo a Nancy Reagan. La entonces primera dama vestía un vestido sobrio y ceñido por un cinturón grueso. Foto: AFP.
"Me pregunto, ¿qué hubiera pasado que hubiera pasado si hubiera dejado de tomar vestidos prestados y hubiera comenzado a vestir la ropa que podía comprar? En lugar de decirme extravagante, la prensa me hubiera llamado descuidada", decía la primera dama en 1990 en un artículo de la revista People.

Después de dejar la Casa Blanca, Nancy complementó sus atuendos con unos enormes anteojos que tenía que usar debido a su padecimiento de glaucoma. Atrás quedaron los ceñidos vestidos de gala y abrió espacio para prendas más prácticas (variaciones de sus trajes sastre de la década de 1980).

Nancy Reagan Nancy Reagan en el 2012. Foto: AP.
En el 2007, la Fundación Ronald Reagan finalmente abrió al público los contenidos del clóset de la famosa ex primera dama.

En ese entonces, la exhibición contenía uno de los trajes más famosos que usó Nancy: un atuendo de prendas de segunda mano que fueron escogidas para nunca combinar, el traje que utilizó en una cena formal para la prensa en la que utilizó el preludio de presentación para montar un espectáculo en el que cantó una parodia musical sobre su avaricioso guardarropa.