Farándula

Así son los días de Faride Nasralah, de una prolífica carrera en la TV a la idílica vida del campo

Se convirtió en uno de los rostros más conocidos de la televisión nacional en los años 80. Hoy atesora aquellos tiempos pero vive pletórica con su esposo e hijas en Turrúcares, donde se radicaron tras la llegada de la pandemia y ya no se devolverán más a San José.

Ahí donde la vemos, con ese nombre de protagonista de telenovela y a quien muchos recordamos por su prolífica carrera en la televisión nacional de los años 80, tuvo que lucharla fuerte desde muy jovencita, tras la temprana muerte de don Rogelio, su papá, lo que provocó que doña Alicia, la madre de Faride Nasralah Víquez y sus tres hermanos varones, tuvieran que ingeniárselas para salir adelante en temporadas difíciles.

Hoy, a sus 59 años recién cumplidos, con casi tres décadas de haberse casado y criado dos hijas, ya jóvenes adultas, Nasralah repasa el anecdotario de su vida mientras disfruta del verdor y la vibra típica de las zonas rurales del país, en su caso, Turrúcares de Alajuela, donde la familia se instaló “temporalmente” para protegerse de la pandemia en un plan B que pronto se convirtió en el A: hoy no solo se radicaron en el hermoso cantón, sino que hasta están vendiendo su casa en San José.

Las generaciones un poco más entradas en años a no dudarlo recuerdan perfectamente a Faride como una de las dos sempiternas presentadoras de Fabulosos Sábados, popular espacio de variedades en el que compartía con Arlette Sánchez el maratónico programa de cuatro horas de duración.

Sin embargo su etapa televisiva incluyó muchas otras producciones y hasta una gran oportunidad como actriz con una compañía venezolana de las más prestigiosas de entonces. Además incursionó paralelamente en el campo de la producción que, a la postre, le pondría en bandeja la creación de la empresa de eventos Villa Titi, que hoy dirige con entusiasmo y gran tino, también en Turrúcares.

De seguro ya Faride perdió la cuenta de las ocasiones en las que le han preguntado de dónde provienen su nombre y apellido y cómo vino su familia a parar en Costa Rica. Lo cierto es que no se trata de un episodio particularmente feliz, pues su “instalación” en Costa Rica se produjo en medio de una situación que, en aquel momento, fue muy triste.

“Los Nasralah en Costa Rica somos una sola familia y muy pequeña. Mis abuelos paternos decidieron venirse para América, concretamente a Brasil, pero a mitad del periplo mi abuelo se puso muy mal de salud y tuvieron que bajarse en Limón; la comunidad libanesa en el país los auxilió pero mi abuelo tenía un cáncer muy agresivo y falleció. Terminaron instalándose en Puntarenas, mi abuela y los tres hijos que traían, el mayor era mi papá, y años después él se conoció con mi mamá en La Garita de Alajuela, por medio de un trabajo que le dieron y siempre contaron que aquello fue amor a primera vista. Duraron cinco años de novios y vieras las cartas que mi papá le escribía a mi mamá ¡son como poesías!” rememora con nostalgia la simpática y luchadora expresentadora.

Las vicisitudes que tuvieron que afrontar tras la temprana muerte del papá de Faride propiciaron que los Nasralah vivieran la infancia de la prole en Guadalupe de Goicoechea y que más tarde se mudaran a San Sebastián, donde Faride terminó la secundaria.

Ella siempre tuvo una personalidad amigable; además de que al ser única mujer entre tres varones, bromea al decir que también era la más mandona. Si bien su mamá fue su “heroína” porque con grandes luchas sacó a la familia adelante, apenas terminó la secundaria Faride consiguió trabajo como dependiente de una farmacia. Por entonces tenía un novio quien un buen día le llegó con tremenda noticia: “Te inscribí para el concurso Tica Linda”, le dijo resueltamente, y ella “¡Nooo! ¿Cómo? ¡Si con costos me gusta ponerme un vestido de baño!”. El caso es que tras pensarlo un poco decidió decir que sí y, a partir de aquel momento, en su muy temprana juventud, acopió una filosofía que la ha acompañado hasta el día de hoy: “Cuando se abre una puerta, por lo menos entro, si no me gusta, nada más me salgo”.

Tal cual. Asistió a la cita inicial en un piso desocupado en Canal 7, en el que las entonces populares conductoras Vicky y Pochola, del espacio del mismo nombre, preparaban a 120 muchachas para el casting. Segura de que no pasaría ni el filtro primario, Faride igual se esmeró y no solo avanzó entre las primeras 25 muchachas, si no que llegó a clasificarse entre las 12.

Como una anécdota curiosa pero muy entendible para la época, recuerda cómo el entonces popular presentador de Canal 7, Rodrigo Sánchez y quien estaba a cargo de la conducción de Tica Linda en aquellos ya remotos tiempos, opinó que Faride Nasralah simplemente no podía ganar el concurso porque su nombre no era castizo y no representaba al país.

Lo cierto es que quedar de finalista le prodigaría a la joven quizá más oportunidades que el haberse coronado como Tica Linda —eso nunca lo sabremos—. En una de las cenas finales, mientras era acompañada por su mamá, conoció a don Manuel Fernández, entonces gerente de La Nación y quien le manifestó que si necesitaba trabajo, las puertas del diario estaban abiertas.

Ella no lo dudó y pronto se convirtió en una exitosa integrante del equipo de Publicidad; a partir de entonces se decantó un dominó de oportunidades que se sucedieron una a la otra y que le darían forma a la vida profesional de Faride, dentro y fuera de la televisión.

Al estar involucrada con medios de comunicación la invitaron a participar en un casting para un comercial de champú y, aunque no fue elegida, sí le pusieron el ojo para que participara en el entonces famoso Club Millonario Phillips, dirigido nada menos por quien fuera toda una celebridad de la televisión criolla, Carlos Alberto Patiño.

“Él me seleccionó a mí junto otras cuatro muchachas. Patiño me había dicho que él me ayudaría a formarme como conductora, pues por entonces estaba de modelo en el programa.... pero justo a la semana él falleció. Luego el programa lo tomó Luis Fernando Crespi, quien fue mi gran amigo pero en eso el ambiente se puso muy pesado, pues algunas de las muchachas nos decían a una compañera y a mí que éramos unas robacámaras y yo siempre le he huido a ambientes de trabajo conflictivas, entonces me ofrecieron un nuevo puesto en La Nación y lo tomé”, rememora Faride.

Pero ya la moneda de su suerte estaba echada: por entonces La Nación realizaba un Festival de la Canción entre empleados y en el comité me eligieron para ayudarles en la organización. Llegó el día de la gran final y el encargado de la conducción se puso muy mal de la garganta por una faringitis, por lo que los miembros del jurado —integrado por los músicos Alfredo Chino Moreno y Ricardo Sáenz, y el periodista Rogelio Benavides— resolvieron que ella se encargara de la conducción, en vista de la experiencia que ya tenía al trabajar con Patiño y demás.

Fardide logró dominar los nervios y sacó la faena de tal forma que pronto Chino Moreno la convocó como coanimadora con Chicho Ruiz para los entonces famosos conciertos de Música Derby, empezando por uno internacional en que el invitado era Miami Sound Machine, en el balneario de Ojo de Agua, con los meros Gloria y Emilio Estefan al frente de la banda. Después, estaría en tarima con Música Derby y los emblemáticos grupos del “chiqui-chiqui”, sobre todo en los legendarios conciertos en Puntarenas.

Su nombre empezó a sonar cada vez más y por lo mismo la ficharon en el espacio por el cual quizá es tan recordada aún, Fabulosos Sábados, al que entró con la venia de Ramón Moncho Coll, a quien hoy considera su tutor y mentor. Él le prometió que la convertiría en una gran conductora. No mentía.

Su destreza como animadora la convirtió en un rostro frecuente para diversos eventos e, incluso, le abriría una nueva puerta en el mundo del showbiz. A principios de los años 90, una compañía de teatro venezolana a cargo de los galanes de telenovelas, Eduardo Serrano y Manuel Escolano trajeron al país la obra Donde comen dos, comen tres, en la que también participaba la primera actriz Maricarmen Regueiro.

Faride, quien por entonces dirigía el programa El mundo del espectáculo (Canal 2), los entrevistó y al final ellos le propusieron unirse al elenco, pues necesitaban como contraparte una actriz local. Ella no había actuado nunca y así se los dijo, pero los histriones le aseguraron que ellos le ofrecerían el entrenamiento y asesoría adecuados y no fue cuento: en los siguientes meses, Faride integró el elenco de Donde comen dos, comen tres; Así no es pecado, y Por teléfono no, mi amor (su favorita) y gracias a las cuales realizó varias giras internacionales.

“Una y otra las oportunidades se iban abriendo, por ejemplo me llamaban mucho para dirigir concursos de belleza como los de don Enrique González, o Reina de la Costa Internacional y la misma Tica Linda. De ahí salieron, por ejemplo, Marilin Gamboa, Kathryn Arbenz y Cindy Villalta; a ellas les pasó igual que a mí, no ganaron el concurso pero a partir de ahí surgieron sus distintas carreras en el modelaje y la televisión”, dice Faride, quien agrega una anécdota internacional que guarda especialmente.

“Con el programa El mundo del espectáculo (1988-1991 en Canales 2 y 6) entrevistaba a los famosos que venían aquí, pero también viajaba a México, eso sí, tenía que traer material de pura calidad porque ese era el compromiso. Así conocí a muchos famosos, qué te digo, una Salma Hayek, por ejemplo. En una de esas me voy a México con mi compañero camarógrafo y ya en Televisa nos enviaron para el Foro 2, que no tenía buenos artistas. Entonces nosotros nos zafamos para el Foro 1, donde estaban Raúl Velasco y otra gente muy famosa, como El Puma. En determinando momento llegó un señor y me preguntó si yo venía de Univisión Costa Rica, ¡yo pensé que nos iba a echar! y no, es que Raúl Velasco se enteró de nuestra presencia y quería enviarle un saludo a Costa Rica”.

Cuenta Faride que fue un momento bien incómodo, casi amargo para ella, pues recién había conseguido una entrevista nada menos que con Armando Manzanero y no podía ni quería cancelarla por ir en pos del saludo. Entonces Raúl Velasco aceptó esperar a que ella concluyera con Manzanero y terminaron sentándose a conversar, distendidamente.

Al final, Velasco le dio la mano y le dijo unas palabras que, al día de hoy, considera como una verdadera inyección del “sí se puede”, literalmente la famosa patadita de la buena suerte del legendario conductor mexicano.

“Tengo que decirle que a mí me ha entrevistado mucha gente, pero es la primera vez que me siento como si estuviera en la sala de mi casa. Cuando quiera venirse a México a trabajar, sepa que esta es su casa”, rememora Nasralah con orgullo del bueno sobre las palabras del recordado presentador de Siempre en domingo.

Aparte del aprendizaje y los buenos recuerdos, de Fabulosos Sábados le quedó una gran amistad con sus excompañeras Seiris Abarca y Arlette Sánchez, la mamá de la Miss Costa Rica 2018, Natalia Carvajal, al punto de que Faride y su esposo e hijas acompañaron a los Carvajal a Tailandia, en diciembre del 2018, cuando la muchacha representó al país en Miss Universo.

“Sí me enamoré de la televisión, creo que a todos los que hemos estado en esto nos pasa, es adrenalina pura, pero te lo recalco en rojo: tuve la bendición de que no me aloqué, la gente te adula mucho y claro, te engrandecen y te estimulan, pero cuando sentía que perdía el piso, rapidito me bajaba de la nube”

—  Faride Nasralah

Casada desde hace 26 años con el abogado Francisco Barth Villalobos, con quien ha procreado a Anghel (27) y Nicole (24), cuenta que ellos se conocieron en los pasillos de Canal 2, pues él era el asesor legal de la empresa. No pasaban de un hola y adiós, hasta que ella sufrió un serio accidente automovilístico viniendo de Quepos junto a una amiga, y de inmediato Moncho Coll la fue a ver y para todo el papeleo legal referente al accidente, le dijo que contara con los servicios del licenciado Barth.

Esta parte Faride la narra con el entusiasmo de una quinceañera: “Se portó como un príncipe. Además de que nos ayudó con una eficiencia increíble con todo el papeleo, estuvo pendiente de mí y hasta me envió una rosas amarillas espectaculares, que simbolizan la alegría y el optimismo... bueno, mi mamá se enamoró de él por las rosas ¡ella se enamoró primero! y desde esos tiempos me enamoré de él como una chiquilla. Hasta el día de hoy, vivo totalmente enamorada de este hombre, tenemos una familia muy estable, hermosa, nos apoyamos muchísimo”.

Tras participar en otros programas como La Rueda de la Fortuna o Raspa Raspa, por ahí del año 2000 la presentadora decidió desligarse de la televisión para concentrarse en la crianza de sus hijas, quienes de pequeñitas la acompañaban a los últimos programas.

En los últimos 20 años, Faride se ha dedicado a consolidar su empresa de eventos especiales en las instalaciones de Villa Titi, en Turrúcares, donde realizan contenidos a la medida y se especializan en bodas al aire libre.

Aunque por años se mantuvieron viviendo en San José y viajando a Turrúcares por temas de trabajo y para disfrutar lo que por mucho tiempo fue su casa de campo (contigua a Villa Titi), a raíz de la aparición de la pandemia la familia se trasladó a la casa de la finca y pronto le encontraron el gusto a vivir en el campo, aunque muy cerca de la ciudad, con Santa Ana en 10 minutos o San José en media hora... sin presas, eso sí.

“El momento llegó cuando tenía que llegar. Uno por los hijos lo hace todo y las dos estaban en la universidad, la oficina de mi esposo queda en San José, las dos trabajaban pero ahora una se me va para Alemania a estudiar y la otra renunció al trabajo porque también está con su segunda carrera. Ahora ellas estudian vía Internet, mi marido sí va a San José pero oficiosamente saca un día completo entre la semana, libre, para dedicarnos a disfrutar los cuatro. Y muy a menudo, al final de las jornadas de todos, nos reunimos en familia, ya empezando la noche y ahí repasamos todo lo que hicimos en la jornada del día...

“Es maravilloso vivir aquí, el pueblito (Turrúcares) es encantador, la gente, las pulperías ¡yo nunca había ido a una Feria del Agricultor! Y ahora no nos las perdemos los domingos. Tenemos un gato, Teo, tres perros, 13 tortugas, jardines, árboles, y las instalaciones de Villa Titi a la par... estamos tan enamorados de esta nueva vida que ya estamos vendiendo la casa en Rohrmoser ¡aquí nos quedamos! No puedo estar más agradecida con Dios...”

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