Fernando Chaves Espinach. 13 marzo, 2015

Es difícil pensar en algo que incomode o ponga nervioso a Joan Cornellà, porque, al menos en sus cómics, ha roto todos los límites de la zona de confort (la propia y la ajena). En sus viñetas, repele, encanta, hace reír y remueve algo impreciso en quien las ve. El jueves, mostró cómo ha evolucionado ese estilo particular en apenas la segunda charla que da, según afirma.

El ilustrador español fue el encargado de inaugurar la quinta edición del Festival Internacional de Diseño, en la Antigua Aduana. “Creo que me falta experiencia con el asunto, pero me fue bien”, confiesa.

Hace dos años, su popularidad se disparó gracias a Facebook. Vende cientos de cómics de violentas y graciosas muertes, ácidas y veladas sátiras de personajes ya indelebles. ¿Intimida ser popular? “Sí. Total. Es perverso porque, por una parte, coarta tu creatividad, te guía en tu proceso creativo, pero, bueno, también había que buscar la balanza entre lo que quiere la gente y lo que quiero seguir haciendo”, dice.

Negro. Joan Cornellà mostró la evolución de su estilo. Gabriela Téllez.
Negro. Joan Cornellà mostró la evolución de su estilo. Gabriela Téllez.

Críticas abundan, pero una lo tomó por sorpresa, cuando lo insultaron por “reírse del suicidio”. “Intuí que era un tipo a quien alguien cercano se había suicidado. Me parece algo que no puedes extrapolar. Lo siento por esa persona, pero yo no quería ofenderla, ni mucho menos”.

¿Hay alguna barrera que no cruzaría? “ Seguro que hay. Todos tenemos límites. Si estuviera, creo que debería atacarla para romperla”, afirma.

La necesidad de abalanzarse contra cualquier límite la considera “lo que tiene que hacer”. ¿Por qué? “Lo que nos hace reír es lo que es tabú, de lo que, en teoría, no se debe reír. De lo que se ríe más violentamente la gente es de lo que no debe. Si lo descubro, ese es mi trabajo: tengo que irme por ahí”, afirma. “La muerte es tabú. No se puede hablar de eso. Poder hacerlo humorísticamente exorciza el tema y lo hace más fácil”.

Claro está, tras tres años de caras sonrientes en cuerpos desmembrados y perversiones sexuales de hilarante improbabilidad, se podría pensar que se arriesga la repetición. ‘Puede ser. Mi tarea es reinventarme. Sí que hay una parte en que hay un esquema parecido, y es fácil creer en la repetición o el aburrimiento’, confiesa.

En estos días, el proyecto que ocupa su mente es convertir sus cómics en animaciones. Por ahora, los ticos pueden disfrutar de su mundo en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, en una exposición que continuará hasta el 6 de mayo.