Doriam Díaz.   26 junio, 2016
Uriel Quesada es autor de libros como El atardecer de los niños (1990, Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en cuento), Lejos, tan lejos (2004, Premio Áncora de Literatura) y El gato de sí mismo (2005, Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en novela). Fotografía: Antonio Marquet para LN

Marginal. Gay. Latino. Sí, el escritor costarricense Uriel Quesada (San José, 1962) se reconoce en estas etiquetas y, desde esa trinchera, crea la literatura que quiere para tratar de explicar y reflexionar acerca del mundo; además, ejerce un activismo amparado en la palabra, la ficción y los ensayos.

El autor y profesor radicado en Estados Unidos, bien conocido por obras como Lejos, tan lejos y El gato de sí mismo, vendrá en julio a Costa Rica para presentar su nueva novela.

En esta entrevista, Quesada conversa con la claridad y tranquilidad de quien hace muchos años dejó de hacer “literatura en el clóset”. Habla acerca de su nuevo libro, de sus fantasmas, de la literatura gay, del activismo y de un vacío importante en los movimientos LGBT en el país.

–Después de varios años sin publicar ficción, ¿hacia dónde se enrumba con esta novela, que presentará el 26 de julio?

–El último libro fue Viajero que huye (2008). Me embarqué en otros proyectos que me ocuparon y en el proyecto de historias de vida ( Queer Brown Voices ), que me tomó muchos años. Después, me logré dedicar a los proyectos en ficción y Mar Caníbal es el primero que terminé.

”Es una novela sobre un viaje de unas hermanas y otros a un lugar en el Caribe para resolver un problema: el papá se juntó con otra mujer y tienen una hija negra, por lo cual temen que ella reclame la herencia. Es una novela acerca de la memoria, la iniciación sexual y el racismo”.

–¿Su literatura sigue transitando por los márgenes?

–De los márgenes no me he ido nunca. No creo que pueda escribir un tipo de literatura mainstream , más consumible. Esta nueva novela no es tradicional; cuenta con una serie de juegos de tiempo y otros detalles.

”Creo que la literatura debe ser una experiencia, debe ser entretenida. Me gustan los libros que sean una experiencia en sí misma. En mis novelas trato de que el proceso de lectura sea una experiencia.

”La gente, en general, trata de explicar lo inexplicable, pero no se puede. Tras lo que pasó en Orlando (la matanza en la discoteque Pulse), los medios trataron de crear una historia alrededor; todos tenemos esta necesidad de explicarnos las cosas mediante historias”.

–¿Cómo se inserta Mar Caníbal en su literatura?

–En Mar Caníbal tomo otro rumbo (la Costa Rica de los años 70 y ubicada en el Caribe) porque es una novela de iniciación, de aprendizaje de la vida y en que los personajes principales son mujeres. Además, un muchacho de 14 años pasa por un proceso de aprendizaje de cómo es el mundo de los adultos y el suyo.

–¿Cómo se emparenta y se aleja de sus obras anteriores?

–Se aleja en la forma de escritura, en los espacios, en la historia en sí. Se emparenta en los temas del viaje, la memoria, la marginalidad, la iniciación.

–¿Qué estaba buscando con este nuevo libro?

–Transformar con la literatura un recuerdo mío de adolescente temprano. Me gusta esa noción contemporánea de ficcionalizar detalles importantes de tu vida. Partió de una impresión traumática y, a partir de eso, uno crea una obra de ficción.

–¿Es una novela para exorcizar fantasmas?

–Uno siempre carga con sus fantasmas. La literatura es darle una razón a esos fantasmas; es una narrativa que trata de exorcizarlos y fracasa en su intento, porque nunca llegan a desaparecer... Son inefables; siempre están allí.

–¿Cuáles son esos fantasmas?

–La familia, la homofobia, la incomodidad, el no sentirse a gusto, la prisión… En esta novela, varios personajes hablan de que no escapan de su prisión, aunque a veces es elegida.

–Aunque sus obras abarcan más temáticas, se le califica como un representante de la literatura gay en Costa Rica o de los escritores que abordan temáticas relacionadas con la homosexualidad . ¿Cómo se ve dentro esta etiqueta?

–No me molesta decir o que digan que soy escritor gay; es un asunto político. Es como una señal de alerta: si se acerca a estos libros y cuentos, tenga cuidado. En Estados Unidos, ser escritor gay es hacer una literatura que es como un cuadro de costumbres. En América Latina, tiene una connotación política muy contestataria, en especial cuando pensás en escritores como Reinaldo Arenas o Pedro Lemebel.

”Escritor gay es una etiqueta incómoda, incluso en Costa Rica. No toda mi literatura es sobre personajes homosexuales. Sin embargo, me apropio de esa perspectiva, desde los márgenes de la sexualidad, para crear, escribir. Hacer una literatura gay es asumir una posición ética porque no está en el centro del poder; uno mira desde cierta marginalidad caracterizada por el rechazo, por la violencia, por la agresión constante .

”La idea de la literatura gay no es mala porque cuestiona la invisibilización, la sublimación de la sexualidad y los espacios; también la noción de nación, las estructuras sociales… , cuestiona mucho ”.

El costarricense departió en el 2015, en México, con el escritor y académico Antonio Marquet. Fotografía: Uriel Quesada para La Nación.

–¿Qué significa ser escritor gay en Costa Rica, en América Latina y en Estados Unidos?

–En Costa Rica es enfrentarse con una gran invisibilidad y una sociedad que está muy en el clósets. En América Latina es ser parte de una comunidad que forma parte de un aspecto cultural muy rico. En los Estados Unidos se relaciona con una comunidad más grande que es la latina, que aún está en proceso de ordenarse y configurarse. A pesar de su importancia económica, no se reconoce ni su importancia cultural ni política.

–Como escritor gay, ¿qué tipo de discriminación ha sufrido?

–Como escritor, condescendencia; lo difícil es que la literatura gay sea una literatura válida. Se generaliza, se eliminan las especificidades como una forma de invisibilización.

”Como persona, de muchísimas formas y muchísimas veces. La imposibilidad de hablar, de decir, lo sobrentendido, el elogio de clóset… A veces, los mecanismos son muy sutiles”.

–Parece contradictorio: aunque se considera marginal, ha sido reconocido por premios nacionales. ¿Cómo transita entre los márgenes y la oficialidad?

–He ganado premios, pero, como bien dijo Carlos Cortés, lo que hay en Costa Rica no son premios, sino jurados; hay jurados muy receptivos. Sin embargo, la oficialidad se marca por muchas cosas. ¿De qué oficialidad hablamos? Por ejemplo, ninguno de mis libros se leen en las escuelas ni colegios.

”Nunca he sido un escritor masivo. Uno entra o sale de la oficialidad y de los espacios oficiales. Sigo en la marginalidad. Esperate a que un libro mío sea lectura obligatoria; el sistema lo absorbe y se justifica a sí mismo para no cambiar”.

”Además de eso, hay muchísimos ataques muy fuertes. La crítica puede ser muy feroz, pero lo que más me molesta es la condescendencia costarricense”.

–¿Por qué afirma que ser escritor gay es un asunto político?

–Lo asumo como asunto político porque implica que me preocupan los derechos de la gente, su visibilidad, la violencia que sufren las minorías… Son asuntos políticos no morales ni religiosos.

”Algo que aprendí con el libro de activismo ( Queer Brown Voices ) es que hay varias maneras de ser activista. Mi activismo sale de la escritura, de los ensayos, de mi obra de ficción. Este es mi espacio político”.

–Ha sido un activismo intenso...

–Hago lo que he podido de acuerdo a mis habilidades y limitaciones. Cuán exitoso he sido, le toca a otra gente decirlo. Yo pongo mi obra y presencia, incluso en redes sociales.

–Muchos critican el “activismo de papel”...

–El activismo no es un grupo en el que reina el acuerdo; hay uno muy radical, otro es más negociador. Hay épocas en que las circunstancias te obligan a cierto tipo de participación.

”Tengo un artículo de los años 80 en que analizo una carta abierta demandando que pararan las redadas en los bares gay. La carta nunca menciona las palabras gay o lesbiana; era para entendidos, es lo que he llamado literatura en el clóset. También la sociedad y las instituciones pueden estar en el clóset”.

”En el caso del activismo, hay varias formas y momentos. Entonces, no se puede generalizar. De diferentes formas se contribuye”.

–¿Qué es literatura de clóset?

–Es no decir las cosas por su nombre, es esconderlas, sublimarlas… A decir hombre donde la escritora quiere decir mujer y decir mujer donde el escritor quiere decir hombre.

–¿Hay alguna coincidencia entre su iniciación sexual y sus inicios como escritor?

–No. Yo hice mucha literatura de clóset, con muchas insinuaciones. Mis maestros que eran homosexuales y literalmente estaban en el clóset; así aprendí a leer y escribir.

Ahora como lector cuando vuelvo a leer literatura costarricense, detecto esos elementos simbólicos acerca de la temática LGBT, se decían cosas sin decirlo. Hasta había crítica dentro del clóset.

–¿Qué pasa con la literatura gay en Costa Rica? Incluso, hay antologías...

–Solo se ha hecho una antología. Se ve con condescendencia esta temática. Tenés autores que son LGBT, pero es un corpus todavía en formación.

”Encontrás libros en que hay una gran violencia contra la gente LGBT, pero todavía no se visibiliza ni importa”.

–En la Guía del Orgullo Gay, usted mencionaba que en Costa Rica existe un vacío importante en el movimiento LGBT. ¿A qué se refería?

–Hay un vacío de la gente gay contando su propia historia; ellos mismos se pueden ver como sujetos capaces de influir en su sociedad. No tenemos una historia de los movimientos gais en Costa Rica. Está un libro de Jacobo Schifter ( La formación de una contracultura, 1989 ).

”Quién habla sobre cómo se relacionaba la gente gay en el pasado, de los lugares de reunión, de la importancia de los bares, de las redes de solidaridad lésbica... eso que yo sepa no está escrito. Existe una historia y no está contada; ese es el tema pendiente”.