Jessica Rojas Ch..   28 abril
Cada vez que vuelve a Costa Rica, Rubén Pagura aprovecha no solo para hacer teatro, sino para departir con sus amigos. Durante su última visita, el artista se instaló en una hermosa finca de un amigo. Fotografía: Jeffrey Zamora.

¡Quería ser estrella de rock! Se imaginaba sobre escenarios contagiando a miles con música, con el particular rock and roll de los años 60 y 70 de Rolling Stones, Led Zeppelin o The Beatles, pero no, la vida le tenía otro plan: las tablas del teatro. Rubén Pagura vino a Costa Rica cuando tenía 20 años con la ilusión de ser una estrella de rock, pero la actuación se le metió en el corazón y ese fue el camino que escogió, un camino en el que ha andado por más de 50 años.

Nació en Argentina, pero se dejó conquistar por la gente tica y por el verdor del país cuando vino de vacaciones a visitar a su familia que estaba asentada en nuestro país. Pensó que si estudiaba artes dramáticas podía servir para su plan de convertirse en roquero; sin embargo, descubrió que tenía pasta para la actuación y fue el teatro el que lo atrapó (claro, siguió siendo músico también).

Hoy, cinco décadas después, Rubén Pagura es uno de los nombres más importantes del teatro costarricense gracias a su destacado talento, pero también por haberse convertido desde su llegada al país en uno de los defensores del arte dramático.

Tres partes de su vida las pasó en Costa Rica, aquí trabajó, creó, ideó y luchó para que el teatro nacional surgiera. Hace unos seis años volvió a su natal Argentina para acompañar a su padre, y desde entonces ha dividido sus días entre sus dos hogares.

Hace algunas semanas, Rubén Pagura presentó en el país la obra 'Farandulá Faranduló'. Tuvo un quebranto de salud, pero se recuperó pronto. Fotografía: Jeffrey Zamora.

Hace un par de semanas, el actor de 71 años volvió a suelo costarricense como artista. Presentó varias funciones de Farandulá Faranduló, obra original que actuó en el Teatro 1887, y aunque por un quebranto de salud no pudo terminar las presentaciones agendadas, Pagura afirma que actuar en Costa Rica tiene tintes de romance, ya que siempre que viene al país siente un amor profundo que le profesa su público.

“Costa Rica es mi patria, soy físicamente nacido en Argentina y soy también argentino, mi infancia está allá; pero he vivido mucho tiempo aquí, así que tengo los amigos más queridos, las vivencias más ricas de mi vida y tengo un público que me ha ido siguiendo y me demuestra su cariño”, afirmó el artista.

Huella

Aprovechando su breve estadía en el país, Pagura habló sobre sus más de 50 años de carrera en el teatro, en cómo y de quién aprendió los mejores consejos y el estado actual de la dramaturgia, no solo en Costa Rica sino en el mundo.

Con una hoja de vida que es difícil de resumir por la gran cantidad de obras en las que ha participado, la cultura nacional le ha reconocido a Pagura su aporte y calidad. En su trayectoria obtuvo varios Premios Nacionales, tanto en su faceta de actor y también de director, así como otros reconocimientos en Argentina; sin embargo, el artista afirma que él lo que ha hecho es su trabajo y que su aporte a la cultura nacional es igual al que han hecho sus colegas.

Aprendió de maestros, como él mismo los llama. Afirma que su formación la recibió de nombres importantes para las artes nacionales como Alberto Cañas y Ana Poltronieri, además de artistas extranjeros como Bélgica Castro y Alejandro Sieveking (recién fallecidos), quienes fueron cofundadores del Teatro El Ángel, en San José, o Atahualpa del Cioppo.

“En todo caso el aporte mayor para mí y mi generación fueron todos esos teatreros que llegaron a Costa Rica huyendo de las dictaduras de Sudamérica (Chile, Uruguay, Argentina); pero también de maestros de aquí. Todos ellos fueron maestros que aportaron muchísimo al desarrollo del teatro costarricense, eran teatreros profesionales que alimentaron y enriquecieron las artes”, explicó el artista.

“Si uno viaja por la región nota la diferencia de las influencias de estos grandes artistas, aquí hay un desarrollo muy importante y se nota en la ejecución del teatro”, agregó.

En el personaje de Pierre Baudie, de la obra 'Farandulá Faranduló', refleja una realidad social. El artista critica la obsesión con el dinero. Fotografía: Cortesía Compañía Nacional de Teatro.

Pagura afirma, además, que nuestro país era una especie de oasis en medio de las circunstancias sociales que se vivían en la región latinoamericana, y que cuando llegó al país se encontró con una robusta red de apoyo al arte y a la cultura, algo que llamaba la atención de los artistas para asentarse aquí. Aunque asegura que con el tiempo se dieron cambios, las enseñanzas de esa generación se siguen aplicando al teatro en la actualidad.

También hizo música, porque no podía dejar que lo que aprendió en su casa viendo a sus papás tocando el piano o cantando en el coro familiar se perdiera. Fue parte de grupos junto al nicaragüense Luis Enrique Mejía Godoy o la tica María Pretiz, también aprovechó su vena musical para aportar conocimientos a un grupo formado en la Municipalidad de San José en los años 80 para llevar teatro musical a los barrios josefinos.

Teatro crítico, de calidad y entretenimiento

Desde su vasta experiencia, Pagura confirma que en nuestro país hay teatro de calidad y que también hay áreas en las que hay que trabajar para que el público se sienta atraído a los teatros.

“El teatro en el mundo pasa momentos difíciles, de todas maneras siempre se habló de la crisis del teatro desde su nacimiento, pero el teatro no va a morir nunca”, aseveró el artista.

Pagura se refirió a que el teatro se ha topado en la historia con fuertes rivales como el cine, la televisión e Internet, así como las depresiones económicas que provocan que el público ponga de primero las necesidades básicas antes que el entretenimiento.

“Todos estos factores hacen que el teatro sufra, pero por otro lado el teatro tiene una particularidad que hace que no vaya a morir nunca y es que es un fenómeno vivo e irrepetible, porque cada función es diferente por muchos factores como la corriente que se produce entre actor y público. Hay una magia propia de la interacción humana”, explicó.

El cariño de Rubén Pagura por Costa Rica comenzó cuando llegó a visitar a sus padres, quienes vivían en nuestro país. De eso han pasado 50 años y el artista sigue volviendo. Fotografía: Jeffrey Zamora.

Con respecto a la calidad del teatro nacional, el experimentado artista afirmó que teatro comercial no debe de ser sinónimo de teatro malo, pero que hay que considerar que la inversión en las obras y sus producciones sean de calidad para que el resultado final también lo sea.

“El teatro comercial es, en su mayor parte comedia, que es una maravilla, la necesitamos, la risa y la alegría son necesidades como el pan o el aire; lo que pasa es que hay buena y mala comedia. Lo que pasa es que cuando el teatro está supeditado a las ganancias que se pueden obtener de la presentación, se bajan los costos de la producción y estos factores atentan contra una exigencia, que al menos yo defiendo del teatro", enfatizó.

Otro de los aspectos que siempre ha buscado Pagura con su arte es la concientización de la sociedad. El teatro sirve para denunciar, para hacer crítica. Así lo hizo recientemente con Farandulá Faranduló, en la cual expuso a personajes obsesionados con la riqueza.

Rubén Pagura seguirá viviendo en Argentina, el teatro seguirá siendo su modo de expresión y asegura que Costa Rica siempre estará en su corazón, tanto que piensa que volverá pronto para seguir trabajando a las tablas ticas.