Fernanda Matarrita Chaves.   10 octubre, 2020
Aún en circusntancias complicadas, Roxana Campos Luque no deja de sonreír ni de recordar importantes etapas de su vida. Foto: Eloy Mora/ Ítalo Marenco para LN

Actualización: La actriz de teatro Roxana Campos Luque falleció el domingo 8 de noviembre del 2020, a los 72 años, tras batallar con un cáncer pulmonar que la aquejaba desde hace un tiempo. La artista deja una amplia trayectoria de 55 años en las tablas costarricenses. La entrevista que leerá a continuación se publicó originalmente a inicios del mes de octubre, cuando habló de su padecimiento.

Roxana Campos Luque, la rebelde mujer y actriz consagrada, reposa últimamente en su casa en San Pedro. En estos días ella se rodea de sus recuerdos, de fotos de sus amados familiares, de los premios nacionales que ha recibido por su inmensa labor en la escena cultural de Costa Rica y de los pequeños detalles que la alegran todos los días: desde una orquídea, una pashmina que le regaló un amigo y las llamadas de quienes le demuestran afecto.

Esta mujer, de 72 años, quien suma casi 55 de hacer teatro y de incomodar a más de uno con su presencia en escena en los años en los que para la sociedad no era normal ver a damas en las tablas, dice que su vida ha sido extraña, pero principalmente hermosa.

Hace un tiempo doña Roxana se preparaba para Mujeres, una obra que le causaba la misma ilusión que le ha provocado el teatro siempre. Ese amado espacio que la hizo renunciar a un puesto en la Corte Suprema de Justicia, cuando apenas tenía 17 años, para irse a seguir su sueño y hacer vida en lo que le daba vida.

La vida extraña, como ella le llama, le avisó mediante un desmayo que algo no estaba bien y detuvo la preparación de la obra que está por la mitad. La impetuosa Roxana no cree que pueda regresar, ahora sus revoluciones descansan.

"Estábamos en ese proceso, estaba siendo dirigida por Ronald Villar, Chumi, amigo de toda la vida, teníamos listo el montaje, vestuario, escenografía, música, todo para estrenar y me vino un desmayo y ahí se empezó a complicar la situación. Estábamos con Mujeres que presenta la temática de la mujer de clase media baja que tiene una problemática económica terrible. Estaba muy contenta y satisfecha con el trabajo y quedó a la mitad, continúo con muchos deseos de emprenderla de nuevo, pero no creo que pueda. No tengo fuerzas. Creo que llegué al final en el escenario. No sabía que era lo que tenía. Luego del desmayo me salieron unos ganglios muy molestos y después la cosa se puso más seria. Investigamos, me metí a oncología y se me declaró cáncer de pulmón terminal.

“Esa es la verdad. No lo vamos a negar. Voy a luchar hasta donde pueda”, dijo doña Roxana, quien cuenta que gracias a los cuidados de sus hijos Valentina, Ítalo y Daniel Marenco Campos, aunados a los servicios de cuidados paliativos de la Caja Costarricense Social, dice sentirse muy bien y agradecida por la atención brindada.

Doña Roxana cuenta que en su proceso han existido momentos de “agarrarse con la vida” y, aunque ahorita esté un poco “agarradita”, está buscando salir adelante acudiendo a su poder femenino.

“Estoy bien cuidadita por mis hijos. Por mi familia. Todo es extraño. Suceden cosas que no quedan más que enfrentarlas. Ha sido complicado en el sentido en que te digo, que uno siempre espera ser quien tenga una reacción hacia la muerte, pero en este caso es la muerte que viene y me dice: -‘hola, aquí estoy’-, pero no tengo miedo. Hace unos años tuve una experiencia que me dio paz”, comentó la mujer que se enamoró del teatro por influencia de su abuela Juanita Lasauca, quien venía desde España a presentar a Centroamérica operetas y zarzuelas. Esa mujer también le heredó su ímpetu.

—¿Le gustaría recordar ese pasaje ‘que le dio paz’?

—“Hace unos años tuve una crisis relacionada con el hígado y como que me dormí y tuve un viaje muy especial, todo era blanco y yo iba y dije: -me fui, hasta aquí llegué-, en eso alguien que no puedo decir quién es me paró y me dijo que todavía no, que todavía no me iba a ir y ahí terminó todo. Si esa es la muerte y su proceso, bienvenido sea, es hermoso, no hay miedos, no hay temores. Da paz infinita. Qué es esa maravilla. No sabía que esa paz existía. No me da vergüenza decirlo ni comentarlo. Lo viví de manera hermosa. Por eso no tengo temor”.

Por su labor, Roxana Campos ha recibido muchos premios, entre ellos dos Nacionales. Otro importante es el Premio de Dramaturgia que en 1997 le otorgó la Compañía Nacional de Teatro por su monólogo 'El Cristal de mi infancia', inspirado en las mujeres de los años 50 y con el carácter social de romper el silencio. Foto: Eloy Mora/ Ítalo Marenco para LN

Una mujer poderosa

Doña Roxana no deja de reír. Recuerda sus anécdotas y variados hitos con orgullo y alegría. A su mente vuelven las memorias de aquella chiquilla a quien por ser considerada rebelde por la directora del colegio Superior de Señoritas, no le dieron el premio que había ganado en un concurso de literatura. Ella se manifestó quemando unos periódicos. Alzó su voz, quizá no de la mejor forma, creé que le faltó madurez, pero no se quedó sin protestar ante la injusticia y así lo ha hecho siempre.

Ahora, con la sabiduría de los calendarios, piensa que por su adolescencia no se entendió con aquella educadora, pero destaca la labor que esa mujer hizo por las mujeres.

La dramaturga se considera una mujer feminista, defensora de sus congéneres e intolerante a las injusticias.

“Siempre he sido muy mal portada. Muy rebelde pero respetuosa. Desde que tengo uso de razón estoy peleando en el buen sentido. He peleado por los derechos de la mujer. Me declaro feminista en el buen sentido de la palabra. No peleo con ningún hombre. Si hay algo bello son ellos. Soy feminista en el sentido de que hay mucha injusticia. Está en el país, en la sociedad”, explica desde el segundo piso de su casa a través de una llamada. Abajo está su hija Valentina recogiendo unas flores.

Doña Roxana Campos junto a su hijo Ítalo y su nuera Cindy Villalta en el té de canastilla de Irene, su nieta. Fotos Melissa Fernández

—Usted habla de mujeres que han hecho mucho por Costa Rica. Desde sus sentidos, ¿qué cree que ha hecho Roxana Campos por este país?

—Qué no he hecho yo por Costa Rica. Tampoco soy abanderada, pero he hecho cosas importantes. He sido resultado de una literatura que ha contribuido al estatus de la mujer, a que tenga un nivel mucho más alto que el de la mujer costarricense que, con mucho respeto, es tan religiosa, meticulosa, tan hundida en el aspecto religioso.

—¿Hay rebeldía actualmente?

—Creo que nací rebelde y moriré rebelde. Es mi forma de ser.

—¿Y cuál ha sido el acto de rebeldía más reciente?

Creo que el último acto de rebeldía que pude haber tenido es revelarme totalmente a las estructuras religiosas: no las soporto.

—¿De qué se ha dado cuenta en estos tiempos?

—Me he dado cuenta de que no perdí el tiempo. No fui un elemento más sobre la tierra, sobre el universo, no fui un elemento que cae ahí y que no sabe ni por qué está ahí. Es todo lo contrario.

Me digo: -Roxana Campos, ¿qué fue lo que hiciste?- Pues dejaste obras escritas y dejaste un legado a una serie de alumnos maravillosos, con quienes trabajé desde la fundación de izquierda Tierranegra, cuando éramos unos chiquitos fundando un grupo de teatro. Haciendo barbaridades respetuosamente, siendo un grupo combativo en una sociedad absolutamente cerrada.

—Pero todo le salió bien...

—Todo salió bien. Algunas veces quisiera salir corriendo. Pero salió bien. Hicimos bien el cálculo. Movimos el piso a las mujeres que era un poco lo que quería.

Doña Roxana ha dedicado su vida al teatro, uno de sus amores más inmensos. Foto: Eloy Mora/ Ítalo Marenco para LN

—Usted es una mujer que ha vivido como ha querido, es profesional y madre, pero ¿qué es lo que más destaca de estos 55 años de carrera, hay algún hito principal?

—Hitos más de uno. No ha sido como uno solo. Que me las traigo, me las traigo, cuando me propongo algo nadie me lo quita de la cabeza hasta que lo logro. Una de las luchas más grandes que he dado ha sido por la mujer en Costa Rica. Una lucha por la mujer. Que salga de ese cascarón donde la metieron. A todas las abrazaría y les daría un beso inmenso: no se detengan nunca.

“Recuerdo que en mis años, pertenecer al teatro era pecado mortal. Se nos identificaba con todo lo malo. Si había cigarro éramos las que fumábamos, si había alcohol decían que éramos las que tomábamos, las de parranda”.

“Luego la misma sociedad te da tus espacios, tu sentido, te ve estas cualidades. Muchas veces me pregunto por qué los hombres están tan bravos conmigo. Me río porque no me dejo. Si hay un feminicidio yo soy la que estoy ahí, no sé haciendo qué, pero estoy presente diciendo que es una barbaridad. Muchas vecs nos hacen creer que somos tontas, que mejor nos callemos y no opinemos. Me da muchísima cólera. Y estamos empezando a dar los primeros pasos”.

—¿Qué puede decirle ahora mismo a las mujeres?

—Que no se dejen. Que si un hombre te pone una pata encima ponele 20 más. Que ya no más. Ya no más. Hay que trabajar muy fuerte. Trabajar por nuestros derechos. Trabajar montones. Estamos en otra época, en otro momento. Se está abriendo el cascarón. Se está hablando de cosas que no se hablaban antes.

Espero salir de este embrollo, pero es parte de mi vida. Si salgo lo vamos a celebrar aunque sea con una Pepsi.

Roxana Campos en el ensayo general de la obra 'Historia de una cualquiera', uno de sus monólogos. Foto: Archivo LN/ Adriana Araya