6 julio, 2011
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Fernando Carballo, artista cartaginés, recuerda que hace 30 años visitaba la galería del Banco de Costa Rica (BCR) para admirar las exposiciones de grandes artistas de la época.

Ahora, él es el que debió reinaugurar la galería Siegfried Schosinsky, que estuvo cerrada por cuatro años y se encuentra en el primer piso del popularmente conocido como “banco negro”, en San José.

Unas 20 obras adornan el transitado pasillo principal, la mitad de las cuales son de este prestigioso artista cartaginés, quien está cerca de cumplir los 70 años.

La galería, que existe desde hace varios años, fue reabierta como un espacio permanente en el que los artistas nacionales podrán exponer sus obras en forma gratuita.

Además, aparte de promover la cultura, este espacio funcionará como un punto de venta de las obras de arte.

Alrededor de 80 metros cuadrados están ahora disponibles para cualquier artista, siempre que el contenido de sus obras sea apto para todo público.

Rodolfo Stanley, Ana Wien, Leda Astorga y Javier de la O son algunos de los 11 artistas que forman parte de la exposición colectiva que se presenta junto a las obras de Fernando Carballo.

Sin embargo, Hilda Durán, encargada de relaciones corporativas del BCR, explica que se escogió a Carballo como expositor individual para la inauguración porque “a lo largo de su trayectoria ha representado el ser y arte costarricense con una gran sensibilidad humana”.

Nostalgia y experimentación. Carballo “juega con la memoria” en esta exposición al mostrar paisajes de un Cartago cobijado por la niebla hace 50 años.

Los retratos, individuales y grupales, característicos del artista, también están presentes en la exposición. Según cuenta el cartaginés, están inspirados en rostros guardados en el “gran almacén” de su memoria. “Son personajes que amé, me amaron, conocí o me impresionaron”, dijo.

Sus trabajos fueron creados con esmalte comercial y una técnica “experimental” del artista. Carballo utiliza como pinceles recipientes de ketchup , similares a los que se encuentran en las sodas. Luego rellena los recipientes con esmalte, mate o brillante, y deja chorrear la pintura.

La influencia de hacer retratos con trazos finos, detalla Carballo, le viene del dibujante costarricense Juan Manuel Sánchez, quien lo inspiró desde pequeño con sus ilustraciones en los Cuentos de mi tía Panchita .

Carballo siente que el nuevo espacio ayuda a que las personas le pierdan el miedo al arte. Según señaló, muchos se distancian del arte porque creen equivocadamente que es un lenguaje superior.

“El arte es para todos. Al estimular nuestros sentidos, nos convierte en personas más sensibles y conscientes del entorno”, afirmó.

Los artistas donaron parte de sus obras a la Fundación Unidos por la Niñez, que recauda fondos para programas de ayuda a niños en zonas urbano-marginales.

Por ejemplo, la pintura al óleo Niña Nena, de Carballo, logró recuadar ¢1,5 millones.