Michelle Soto. 23 julio, 2012

La pobreza es ingrata. A pesar de lo limitado de los recursos, un varón del poblado de Thies –una de las ciudades más pobladas de Senegal– puede tener varias esposas e hijos, creciendo así la demanda de bocas que piden alimento, vestido y resguardo.

A la pobreza se suma la presencia de algunos líderes religiosos que reclutan a los varones de estas familias para formarlos en el islam. En realidad, los jóvenes son enviados a las calles a pedir dinero, cuenta el misionero tico Gilberth Rowe.

“Estos niños que recogen de las aldeas son los que prácticamente sostienen la casa del líder religioso. Cada uno tiene a su cargo entre 100 y 150 niños”, explicó Rowe.

El afán de ayudar motivó a Rowe y su familia a mudarse a Senegal y fundar Comunidad Esperanza. “Procuramos llegar primero para llevarnos a estos niños y darles otro curso a sus vidas”, dijo Rowe.

Es así como estos misioneros –previo acuerdo con los padres–, se hacen cargo de los pequeños. Bajo su tutela, van a la escuela, aprenden tres idiomas (inglés, francés y español), computación, ebanistería o costura.

“El objetivo es que ellos puedan tener una oportunidad en la vida; por lo menos, graduarse del colegio y aprender un oficio”, comentó Rowe.

Para la misionera Damaris Ortega, este tipo de obras tiene un gran significado: es invertir en la nueva generación a la vez que se educa al pueblo sobre la importancia de crear empresas que puedan autosostenerse, y no depender solo de la limosna.

Comunidad Esperanza trabaja gracias a donaciones. Para ayudar, usted puede escribir a la siguiente dirección electrónica: gilberth.rowe@gmail.com

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