4 noviembre, 2010
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Durante casi dos horas, unos 300 jóvenes y adultos mayores de Tucurrique disfrutaron y se emocionaron al ver la función de El vestidor, producción de la Compañía Nacional de Teatro (CNT). La de ayer fue la primera estación de la obra en la gira nacional.

El pequeño gimnasio de la comunidad de Tucurrique lucía distinto ayer: gracias a una enorme escenografía, se transformó en el escenario de la obra del dramaturgo sudafricano Ronald Harwood.

La estructura recreó los camerinos de un teatro, con sus espejos, pelucas y vestuario colgando por doquier. Todo anunciaba que algo muy distinto estaba por ocurrir.

A las 12:15 p. m., las graderías estaban repletas con un público mayoritariamente vestido con camisetas verdes: los estudiantes del Liceo de Tucurrique.

El espacio se hizo pequeño, función a sala llena, algo que cada vez más cuesta ver en la capital. Los jóvenes no se complicaron: como no encontraron campo en gradería, rápidamente se ubicaron en el suelo para no perderse detalle alguno.

Los comentarios y las risas en las graderías disminuyeron cuando en escena apareció del vestidor, personaje interpretado por Rodrigo Durán Bunster.

Así, los espectadores descubrieron la historia de una compañía de teatro que daba funciones en Inglaterra durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. De paso, conocieron las angustias y sueños del grupo de artistas viajeros.

Muchas risas. Las ocurrencias y mentiras del vestidor (Durán Bunster) para lograr que Caballero (Leonardo Perucci), su patrón y actor principal de la compañía, se vistiera para interpretar al Rey Lear hicieron que el público riera de buena gana en el primer acto.

Otros momentos también detonaron la risa entre el público, entre ellos cuando Caballero trató, infructuosamente, de seducir a Irene (Rebeca Alemán), actriz más joven de la compañía.

La función en Tucurrique demostró que, sin importar el lugar, siempre hay quienes llegarán tarde; incluso, hubo quienes llegaron pasados 30 minutos luego del comienzo del espectáculo.

Retos. Esta primera función de la gira de la CNT trajo varios retos para todos en la producción. Los técnicos batallaron para lograr los efectos de iluminación, a pesar de trabajar en un espacio parcialmente abierto.

Por su parte, los actores también sudaron la gota gorda, ya que debieron proyectar sus voces de manera potente, ya que ese espacio no fue diseñado para el hecho teatral sino para el deporte. Además, actuaron acompañados por el estruendoso ruido de los camiones y buses que pasan al lado del gimnasio; aún así, sacaron la tarea.

Mientras tanto, en las graderías, los muchachos se las ingeniaban para aplacar el hambre con gaseosas, bocadillos, bolis y galletas.

Otros muchachos comenzaban a sentir la molestia de estar sentados por más de una hora en las graderías de metal o el suelo, sin embargo, mantuvieron la atención en todo cuanto ocurría.

Los actores siguieron haciendo reír al público con sus ocurrencias y peripecias. Sin embargo, algunos de los espectadores, en particular un grupo de adultos mayores, abandonaron la función antes del final; otros eligieron permanecer en sus puestos para saber cómo terminaba El vestidor.

Poco antes de las 2 p. m., llegó el gran final. El público fue entonces muy caluroso con sus aplausos y, a cambio, el elenco ofreció su mejor sonrisa y saludo.

Luego, los actores siguieron como protagonistas: esta vez de las fotos y hasta de los autógrafos.