Por: Natalia Díaz Zeledón.   4 agosto, 2015
Victoria P. Miranda ofrecerá talleres para los bailarines de la Compañía Nacional de Danza. | MARCELA BERTOZZI.

La española Victoria Pérez Miranda tiene los pies inquietos: tan pronto como aterriza en un país se apresura a planear su siguiente paso. En su tercera visita a Costa Rica –la última la hizo en marzo, en el festival Sólodos en Danza– participará como jueza del XIV Festival Nacional de Danza Contemporánea y como docente en Mudanzas.

Además, el jueves, a las 8 p. m., presentará en el Teatro de la Danza un trabajo propio: el solo I leave the lights on .

A continuación, una entrevista con la bailarina y maestra.

¿Cuándo comenzó a viajar?

Llevo toda mi vida viajando. Desde mis 16 años.

Ese viaje, ¿a dónde fue?

A Nueva York. Me dieron una beca para estudiar con Merce Cunningham y estuve tres años. De ahí, me fui a Londres; después, me fui a Francia. Luego, decidí que echaba mucho de menos España y tuve la suerte de encontrar a Carmen Werner de Provisional Danza. Ella es mi madre, la quiero con locura. Me llamó para trabajar con ella justo cuando terminaba mis estudios de grado superior. Volví con la idea de quedarme un poquitito y me quedé siete años y pico. Fui bailarina, fui asistente de dirección durante muchos años. En un momento, decidí hacerme freelance; me interesaba mucho la docencia. Me fui y empecé a trabajar en compañías en Suiza, en Alemania, Canadá, Brasil... No paro de viajar.

¿Cómo influyó Carmen Werner en su estilo de danza?

Carmen ha sido la persona que ha sabido sacar a la bailarina que llevo dentro. Ella trabaja con intérpretes y con seres humanos. En lo que yo más me he ido acercando es en la fisicalidad y en la búsqueda del animal que tenemos todos dentro. Yo trabajo con pura adrenalina y energía.

¿Cómo alcanzó su estilo de trabajo físico?

Yo empecé con el ballet clásico desde muy pequeña. Un día me di cuenta que no podía ser bailarina clásica (risas). El bailarín clásico tiene que tener unas condiciones físicas muy concretas y, si no las tienes, hay que trabajarlas. Cuando me di cuenta que no podía ser bailarina, me llevé un trauma muy grande , a los 14 años . De repente, vi que había otras formas de danza. Empecé a hacer más cosas técnicas, pero, cuando pasé por Francia, empecé a ver un trabajo más personal. Dentro de ese trabajo personal, me di cuenta que yo tenía una energía que era muy diferente a los demás.

¿Qué pasó a sus 14 años que la hizo cambiar el rumbo de su carrera?

Sencillo: vino una profesora a darnos danza contemporánea –en Bilbao donde no había nada de eso– y hablando con ella le dije que quería ser bailarina clásica. Me habló muy directamente y se lo agradezco un montón. Fue un chasco para mí porque veía a todas esas niñas que sí tenían condiciones para bailar.

Describe su estilo como “animalesco”. ¿A qué se refiere?

A lo visceral, lo que sale de las entrañas. Hoy lo decía en la clase: movimiento por movimiento todo el mundo lo puede hacer, pero que salga de adentro es lo bonito. Bailarines hay muchísimos en el mundo, pero no hay tantos que lo hagan especial.

¿Cómo es una de sus clases?

Quiero que sea para disfrutar, reír y sudar. Disfrutar del espacio y de la gente, de la energía y de la adrenalina.

Hábleme sobre I leave the lights on, pieza que va a presentar.

Este solo lo estrené en abril, en Uruguay. Lo llamo un dramón porque trata sobre el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) y como el hecho de conocer una persona que se enamore de una mujer con TOC la cambia. En el fondo es un dramón: cómo alguien te puede hacer cambiar.

Ha visitado Costa Rica varias veces, ¿qué planes tiene para su relación con nuestro país?

Ahora voy a dar talleres, presento el jueves I leave the lights on , voy a ser jurado de Mudanzas y voy a empezar a hacer un trabajo de dúo con Los Innato. Luego, hay cosas que se están hablando.

Ha conocido escenas de danza muy diferentes. ¿Cómo se compara Costa Rica con ellas?

Europa es un lugar diferente, cojamos Sudamérica y Centroamérica: los países en los que la danza me gusta más son Brasil y Costa Rica. ¿Y los bailarines? En Costa Rica. He visto bailarines muy pero muy buenos. México tiene mucha gente que despunta, pero acá la generalidad lo hace.