Marta Ávila. 26 abril, 2016
El 7 se nutre de historias personales para refrescarlas y volverlas interesantes para todos. Fotografía: John Durán.
El 7 se nutre de historias personales para refrescarlas y volverlas interesantes para todos. Fotografía: John Durán.

Para la primera temporada de estreno del 2016, la Compañía Nacional de Danza realizó un trabajo de la coreógrafa española Victoria Pérez Miranda, a quien vimos en año pasado en el Festival de Danza, cuando interpretó el solo denominado I Leave the Lights On . En esta oportunidad, lo que nos presenta Miranda es un grupal titulado El 7 , compuesto con elementos similares al unipersonal que vimos aquí, como los movimientos libres, el uso de la voz, un acento teatralizado y muchas imágenes refrescantes.

Los 15 bailarines estuvieron acompañados de un espejo, no como escenografía, sino como otro personaje en la escena. Este elemento fue fundamental de la dramaturgia, ya que el espejo nos permitió ver ángulos que serían difíciles obtener desde las butacas. Con el espejo, los intérpretes necesitaron estar atentos, pues lo debían mover y los podía golpear. También lo utilizaron para subirse y bailar.

Como motivación principal, la autora usó la metáfora del alma como ese equipaje que se lleva para el viaje de la vida y es único para cada persona. Todos partieron de situaciones muy personales y cotidianas, que el público pudo leer de manera accesible e identificarse con facilidad.

En el ámbito compositivo, Miranda creó una sucesión de eventos y cada miembro del elenco protagonizó un momento estelar, en contrapunto con escenas del grupo.

En este sentido, la obra tiene muchos segmentos interesantes, pero uno de los que más me gustó por su capacidad de atraparme y brindar algo novedoso, coherente con la temática abordada, fue el solo de Mario Vircha en primer plano, en el cual Wendy Chinchilla funcionó como buena contraparte; este fragmento me recordó muchas de las pinturas del británico Francis Bacon, pues Vircha logró recrear con sus movimientos, mucha tensión y emociones viscerales.

De igual forma sobresalió la escena en la que intervienen todos los hombres con Graciela Barquero, debido su dinamismo y rica plasticidad.

Asimismo, fue interesante el trabajo grupal de las mujeres en el suelo, con sus zapatos negros. No obstante, a este último episodio, le faltó un poco más de limpieza en el manejo del tiempo para alcanzar la precisión, lo cual permitiría poder disfrutar al máximo el dibujo corporal.

En general, algo que tiene esta propuesta es que la coreógrafa sintonizó a todos los bailarines para trabajar con impulsos viscerales y, de este modo, los sumergió, con sus particularidades, en una misma atmósfera y nivel interpretativo, poniéndolos lejos de la zona de confort.

Para El 7 se usó una banda sonora compuesta por varias piezas y algunos fragmentos en silencio. El diseño de vestuario fue ideado también por la coreógrafa, contribuyó a transmitir la sensación de algo viejo, reutilizado y transformado. Aún así, en algunas telas utilizadas para los trajes, especialmente, las blusas, lo que me dio fue una sensación de algo acartonado.

Luis Romero, responsable de la iluminación, cumplió a cabalidad con su labor.

Ficha artística

Coreógrafa: Victoria P. Miranda.

Intérpretes: Dayana Araya, Graciela Barquero, Neni Bolaños, Roxana Coto, Wendy Chinchilla, Miriam Lobo, Sylvia Montero, Laura Murillo, Lorenlaine Varela, Xinia Vargas, Pablo Caravaca, Javier Jiménez, Fabio Pérez, Carlos Soto, Mario Vircha.

Fecha:Jueves 21 de abril de 2016, 8 p. m.

Lugar:Teatro de la Danza.