Gloriana Corrales.   18 diciembre, 2016
Adiós a un nica inolvidable

Su tez oscura lo definió en un país por entonces marcado por la xenofobia. Su carisma lo enmarcó dentro de la pantalla chica. Su voz le otorgó sus primeros escenarios.

“Multifacético” sería una buena manera de describir a César Meléndez en una sola palabra; pero considerando su extensa y muy intensa trayectoria en el medio artístico nacional, se quedaría corta, muy corta.

El término también dejaría de lado a un ser humano de grandes virtudes –humilde, solidario, lleno de fe y de una energía inspiradora–, que hicieron que este sábado se convirtiera en un trago amargo para todos aquellos que tuvieron la oportunidad de compartir con él.

César Enrique Meléndez Espinoza apagó la llama de su vida ayer, a sus 50 años, víctima de una complicación de salud que durante meses había intentado superar y de la cual nunca quiso revelar detalles.

El artista estaba convencido de que el origen de todas las enfermedades radica en lo emocional y que lo que requería era atacar esa raíz y una dosis grande de fe para superar su padecimiento.

La última vez que se encontró con Eloy Mora, actor con quien compartió pantalla en La pensión , le contó sobre las bondades de la medicina germánica y le dejó claro que no estaba dispuesto a dejarse vencer.

“Fijate que el doctor me desahució y me dijo que mejor arreglara los papeles. Pero ya cuando estuve al frente del abogado, decidí que no, que eso era como firmar mi acta de defunción”, le comentó Meléndez.

Camaleónico Meléndez dio vida a múltiples personajes de la cultura popular costarricense, entre ellos a José Amtoñio Suolorsano, un humilde campesino que en ocasiones llevó su humor al programa Buen día . Priscilla Mora/archivo

En marzo, tras haber sido dado de alta del servicio de Oncología del Hospital San Juan de Dios, Meléndez concedió una entrevista a Viva en la que dejó entrever su inquebrantable espíritu.

“Mi diagnóstico no lo sé. Esta es mi primera salida de la casa desde mi hospitalización y la gente me pregunta que qué tengo. Mi respuesta es que tengo fe, esperanza y unas ganas enormes de vivir. Ganas de reír y de actuar. Pero desde el punto de vista médico, padecimientos no tengo”, dijo.

El artista finalmente perdió la batalla ayer, a las 6:45 a. m., en el hospital Cima. Estaba rodeado de sus familiares y amigos cercanos, como la coreógrafa nicaragüense Flor Urbina, quien confirmó su fallecimiento a este medio.

“Él estaba luchando por salir adelante y la fe y la fuerza que él tenía eran inquebrantables. La noticia nos tomó a todos por sorpresa”, dijo Urbina.

Trayectoria artística

Meléndez emigró de Nicaragua cuando tenía cuatro años y plantó en suelo tico su corazón.

Sus primeros pasos como artista los dio en la escena musical, con los grupos Blanco & Negro y Manantial.

En su etapa como cantante, a finales de los años 80, Meléndez conoció al actor chileno Leonardo Perucci en el extinto programa televisivo Fan7ástico .

Tras conocer la noticia de su partida, Perucci publicó en su perfil de Facebook una anécdota conmovedora , sobre una conversación que los unió por una coincidencia en sus sueños y en su condición de migrantes.

“Se me acercó un día el solista (del grupo Blanco & Negro), quien en forma humilde y respetuosa me dijo: ‘Yo lo admiro mucho a usted, me encantaría algún día estudiar teatro’. Le contesté que podría hacerlo en la UNA, UCR o en el Taller (Nacional de Teatro). También me contó que sus padres llegaron a Costa Rica desde Nicaragua con él siendo muy niño. Sin ningún asomo de autocompasión recordó que dos noches durmieron en el parque Central, que siendo un jovencito acarreó sacos en el Mercado y que como emigrante estaba hecho de la fortaleza y la voluntad para salir adelante”, escribió.

Adiós a un nica inolvidable

“Nos perdimos de vista, pero estuve atento a su carrera como dramaturgo y actor, y sentí una alegría muy grande cuando constaté que el teatro para él no solo era entretenimiento, sino que una herramienta poderosa para despertar conciencias y luchar contra la peste que nos ha afectado a muchos y que se llama xenofobia”, agregó Perucci.

Vía telefónica, el actor lamentó la muerte de su colega, quien le escribió palabras memorables cuando el chileno enfrentó el cáncer linfático.

“Somos compañeros de enfermedad. Lamentablemente él no la pudo ganar y yo sí, hasta el momento”, dijo.

Nica

El sueño de ser actor llevó a Meléndez a afrontar desde el aplauso y la condecoración hasta el rechazo y la agresión.

Ana Cristina Castillo, quien fue productora de La pensión , recuerda que Ricky, a quien Meléndez encarnó en los primeros años de la serie, no fue bien recibido por todo el público. Según dijo, una vez encontró quebrado el parabrisas de su carro, un hecho que relacionaron con la preferencia sexual del papel que interpretaba.

“Él siempre fue un hombre muy inteligente, que supo llevar su personaje”, rememora. “Ricky terminó siendo muy querido, el amigo, esa persona solidaria, sin importar su preferencia sexual. Eso creo yo que dio un vuelco importante en la televisión nacional”.

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Producciones La Mestiza también incorporó a Meléndez en el elenco de Asesinato en El Meneo (2001), un filme que le permitió volver a sus raíces artísticas con el rol de un cantante de salón.

A partir de un proyecto universitario, Meléndez cumplió su sueño de ser actor y, por cierto, el de llevar las artes escénicas a las comunidades del país.

Meléndez también tuvo papeles secundarios en las películas El aroma del copal (1997), protagonizada por John Richardson, y la costarricense Marasmo (2003).

Sin embargo, el más grande de los éxitos de Meléndez llegó con lo que nació como un proyecto universitario y que se convirtió en el ganador del Certamen Nacional de Monólogos del 2001: El Nica .

Tras su salida de la universidad, Meléndez consiguió trabajo en el Coffee Tour de Café Britt, donde hizo gala de su talento durante muchos años, y también desarrolló sobre las tablas otros personajes, como el del campesino José Amtoñio Suolorsano, el cantante de rancheras Alex Sandro Fernández o el compositor de reggae Rosendo Rastaparriba.

“Deja un gran legado en los escenarios costarricenses. Era un hombre que tenía la capacidad de enamorar, no solo del teatro, sino de la vida”, dijo Tatiana Chaves, directora de la Compañía Nacional de Teatro, quien en sus inicios como actriz compartió el escenario con Meléndez en la obra Crónica de una muerte anunciada , que se presentó en el Auditorio Nacional.

“Él fue un hombre de teatro y cuando me refiero a eso, es a que fue más que un actor, más que un productor, que se entregó al oficio teatral y que trascendió y llevó el teatro a las comunidades”, agregó la jerarca, quien al mismo tiempo resaltó que Meléndez siempre tenía la disposición de compartir su conocimiento, una virtud que, según dice, no todos los actores tienen.

Así, por ejemplo, fue profesor teatral en el reality show Tu cara me suena y jurado de la primera temporada de Dancing with the Stars , en los que hizo crecer a los participantes con sus aportes.

Pese a sus complicaciones de salud, Meléndez nunca perdió su ímpetu por hacer arte. El lunes aún tejía nuevos proyectos con Steve Aronson, fundador de Café Britt, para hacer los César Merengues, en los que cantaría 12 merengues de 12 personajes diferentes, y para publicar el libro de El Nica . No le alcanzó el tiempo, pero su legado sigue vivo.

Colaboraron Doriam Díaz y Andrés Díaz