18 enero, 2009

Nueva York. DPA. En vida, Edgar Allan Poe tuvo éxito comercial solo con un libro: Primera guía para investigadores de moluscos, era un libro escolar y el prefacio era de Poe.

Aunque durante su corta y amarga vida no contó con todo el reconocimiento que hubiera deseado, figura hoy como uno de los escritores más importantes de Estados Unidos: con su detective parisino Dupin (que apareció por primera vez en el cuento Los crímenes de la calle Morgue y luego reapareció en los cuentos El misterio de Marie Roget y La carta robada ) se convirtió en uno de los fundadores de la posterior novela detectivesca, mientras que sus cuentos más románticos y tenebrosos lo convirtieron en un maestro del terror.

Se lo considera uno de los principales responsables en dar forma al cuento moderno como género. Y por si fuera poco, era poeta.

Mañana lunes, 19 de enero, se celebran los 200 años del nacimiento del “maestro del terror”.

La cantidad de sus obras que siguen poblando los estantes de las tiendas de libros demuestra la popularidad de la que el profundamente infeliz autor –alcohólico– sigue gozando.

Sus precisos relatos detectivescos siguen figurando entre los más leídos del género. Geniales cuentos de terror como La caída de la casa Usher , El pozo y el péndulo y El gato negro generaron escalofríos en generaciones de los lectores, mientras que otros como El escarabajo de oro cautivaron por sus acertijos.

En su país de origen, Estados Unidos, Poe figura entre los clásicos más reconocidos, aunque no es un amor incondicional. En vida, Poe se enfrentó por sus duras críticas literarias con muchas grandes figuras de la cultura, y además otros tantos lo despreciaban por su adicción al alcohol y su racismo.

“Edgar Allan Poe murió (...) La noticia sorprenderá a muchos, pero apenará a pocos”, escribió el administrador de su herencia, Rufus W. Griswold, el 9 de octubre de 1849, en el día de su entierro, en The New York Tribune .

Recién su eufórica aceptación en Francia (sobre todo a través de Charles Baudelaire) y su posterior éxito en Alemania hizo notar a los estadounidenses a quién habían perdido realmente.

Clásico. Hasta hoy día, los cuentos de Poe generan una atracción irresistible. Hay cuervos que hablan y monos asesinos, enterrados vivos y espíritus de muertos; se trata de lo oculto y lo satánico, la muerte y la destrucción, siempre con precisión literaria.

Poe explotó el inconsciente humano como ningún otro autor antes de él. Cuando fue acusado de estar muy cerca de la tradición de la novela alemana de horror o gótica, afirmó: “Si en muchos de mis trabajos está presente el horror, entonces les digo que el horror no proviene de Alemania, sino del alma”.

Su propia alma –y en eso coinciden casi todos sus biógrafos– soportó más padecimientos en su corta vida de los que puede soportar un ser humano. Nació en Boston el 19 de enero de 1809, hijo de actores itinerantes. Su padre los abandonó un año después. Su madre murió de tuberculosis cuando Edgar tenía dos años. El pequeño fue adoptado por una familia.

Debido a la conflictiva relación con su padre adoptivo, este lo desheredó, algo que Poe nunca podría superar. Su primer amor murió debido a un tumor cerebral. También su amada madre adoptiva y su hermano murieron.

“La muerte de una mujer hermosa es posiblemente el tema más poético del mundo”, escribió Poe alguna vez. Su emotivo poema Annabel Lee es demostración de ello.

La búsqueda del amor y el reconocimiento se convirtieron en su mayor desafío. En 1836 se casó con su prima de 13 años, Virginia. Junto a ella y su suegra formó por primera vez una verdadera familia.

La mayor parte del tiempo vivieron en la pobreza. Una y otra vez, Poe recibía ofertas prometedoras de puestos en revistas de distintas ciudades, pero siempre perdía la oportunidad: bebía, se caía, se sumía en profundas depresiones.

Con su poema El cuervo , considerado de culto, Poe logró en 1845 su mayor éxito literario. Sin embargo, su mujer había enfermado. Dos años después murió de tuberculosis. Poe se hundió cada vez más e incluso trató de suicidarse. También se acercó a otras mujeres.

El 7 de octubre de 1849 murió en un hospital de Baltimore después de ser encontrado completamente desvalido en la calle sumido en una profunda borrachera. Después de tres días de delírium trémens, despertó una sola vez y susurró: “Dios ayude a mi pobre alma”.