William Venegas. 6 abril
Un refrito de terror que se queda a medias para la crítica. Foto cortesía Romaly.
Un refrito de terror que se queda a medias para la crítica. Foto cortesía Romaly.

Se han dicho tantas cosas sobre la muerte, se ha escrito tanto sobre ella, que incluso aparece como personaje en cuentos infantiles, para mortificar a la niñez y asustarla con algo que aún no comprende.

No voy a especular con el asunto, que sí lo hace el escritor Stephen King con su literatura, más exactamente con el libro de 1983, el que dio lugar a la película homónima Cementerio de animales, de 1989.

Ahora nos llega una nueva versión que, en algunos países, como el nuestro, se titula Cementerio maldito (2019), con dos directores a cargo: Dennis Widmyer y Kevin Kölsch.

Como refrito que es, Cementerio maldito se coloca en el género fantástico, dentro de la alicaída vertiente del terror, que Hollywood ha convertido más bien en un subgénero de sustos efectistas.

La versión actual se permite algunos diálogos medio interesantes y medio vacuos sobre la muerte, el alma, la reencarnación y otras aristas religiosas, incluso antes de su clímax narrativo. Nada importante, excepto la presencia de cierto culto a la muerte de parte de niños, a los que vemos en procesión hacia cierto lugar.

Ese “cierto lugar” es un cementerio donde los niños entierran a sus mascotas, especie de secuencia surreal que es de lo bueno de la película. Antes de eso, nos hemos enterado de una familia que se ha ido a vivir al campo, a una casa en donde hay situaciones tramposas para ir asustando al espectador, así, de a poco, por medio del susto de los personajes.

Sin embargo, Cementerio maldito ahí se alarga innecesariamente, como el bostezo de un lagarto, y olvida que quien nada arriesga, nada gana: es una película que busca no equivocarse en sus planteamientos, al punto que se vuelve somnífera (al menos para este crítico).

La familia parece vivir feliz, pese a cierto ambiente tenso por el pasado de la madre, que el filme expresa de manera adecuada con oportunas retrospecciones. De pronto, sucede el hecho narrativo que hace que el filme deje de rascarse la panza. En efecto, ¡es terrible!: se muere Church, y Church es el gato de la familia. ¡Adiós a la mascota!

A gato muerto, gato enterrado. Lo hacen en el cementerio de animales que antes fue un camposanto indígena. Bien enterrado se supone que queda; entonces, ¿por qué y cómo vuelve a la vida tan huraño o chúcaro? Lo que sigue de la trama es su parte gruesa, pero contada de manera delgada. Hay poco terror del que cala.

El filme nunca plantea con tensión el misterio de sus propios sucesos, porque su violencia es directa y lo demás es predecible. Ello empeora con las malas actuaciones del elenco, con una banda sonora poco creativa y un montaje muy limitado. La fotografía sí es rescatable.

Cuando una película de terror dura tanto para producir horror, simplemente se la lleva la trampa (como se suele decir). Es lo que sucede con Cementerio maldito, filme que si es enterrado ojalá no reviva como el gato Church ni como… ¡nada!, no digo más, hasta aquí.

CEMENTERIO MALDITO

Título original: Pet Sematary

Estados Unidos: 2019

Género: Fantástico

Director: Dennis Widmyer, Kevin Kölsch

Elenco: Jason Clarke, John Lithgow, Amy Seimetz

Duración: 100 minutos

Cines: Cinépolis, Nova, Cinemark, San Pedro Cinemas, CCM, Citi, Studio

Calificación: DOS estrellas ( * * ) de cinco posibles