Por: Fernando Chaves Espinach.   28 diciembre, 2017
Fotos:Tobias Henriksson/Magnolia The Square es el nombre de una película dramática satírica sueca de 2017 dirigida por Ruben Östlund y protagonizada por Claes Bang , Elisabeth Moss , Dominic West y Terry Notary . La película trata sobre la publicidad que rodea una instalación de arte, y fue inspirada en parte por una instalación que Östlund y el productor Kalle Boman habían realizado
Fotos:Tobias Henriksson/Magnolia The Square es el nombre de una película dramática satírica sueca de 2017 dirigida por Ruben Östlund y protagonizada por Claes Bang , Elisabeth Moss , Dominic West y Terry Notary . La película trata sobre la publicidad que rodea una instalación de arte, y fue inspirada en parte por una instalación que Östlund y el productor Kalle Boman habían realizado

De alguna manera, Ruben Östlund se las arregla para que sus películas sean tanto comedia como suspenso. Es comedia en el sentido más amplio: The Square (esta semana en cines de Costa Rica) es una sátira salvaje del mundo del arte y de las relaciones humanas contemporáneas, tan delirante como aguda. No se sabe qué podría pasar porque pasa de todo.

La cinta sueca, ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes del 2017, es traída por la distribuidora Pacífica Grey. Se puede disfrutar en el Cine Magaly, Nova Ciudad del Este, Nova Cinemas Plaza Real Alajuela y Cinemark (Multiplaza Escazú y Multiplaza Curridabat).

Es la segunda película de Östlund estrenada en el país, después de la “tragedia cómica” Force Majeure (2015), que diseccionaba la masculinidad con un escalpelo elegante y casi cruel.

Algo así tiene The Square, un tono desenfadado y salvaje dirigido al infierno de las buenas intenciones y del arte “con consciencia social”. Todo empieza cuando Christian (Claes Bang), director de un prestigioso museo anuncia un nuevo proyecto artístico: un “cuadro” donde todos tenemos obligaciones y derechos iguales (un proyecto real de Östlund junto con Kalle Bolman). Si uno necesita ayuda, va a ese cuadro. El peatón que lo vea debe intentar ayudar.

Pero pronto, en una suerte de acto de performance demasiado real, le roban el celular a Christian y él jura venganza. Los límites entre la obra y la vida se diluyen y todo lo que podría salir mal se descarrila.

Aparecen de camino personajes como una periodista rara (Elisabeth Moss, de The Handmaid’s Tale) con una mascota inusual; un opaco artista internacional (Dominic West, de The Wire); y un artista de performance, Oleg (Terry Notary), que estelariza una escena indeleble al clímax del filme.

Viva conversó con Östlund, cuya cinta está nominada al Globo de Oro y podría recibir una nominación al Óscar, además de haber ganado como mejor película, mejor comedia, mejor director, mejor guion, mejor actor y mejor diseño de producción en los Premios del Cine Europeo.

¿Cómo surgió este filme a partir de su instalación?

–La idea para la instalación empezó en el 2011, cuando estaba filmando Play. Esa película estaba inspirada en robos reales, realizados por niños, en el centro de Gotemburgo, que habían ocurrido por unos tres años. Ocurrían en un gran centro comercial en la ciudad, a plena luz del día, cuando había muchos adultos alrededor de los niños que eran asaltados. Pasó una o dos veces que los adultos intervinieron, pero la gran mayoría ocurrieron con adultos cerca y ninguna hizo nada. Podías ver que el ‘efecto espectador’ era muy fuerte. Los adultos no se responsabilizaban por los niños.

”Luego mi papá me contó de su infancia en Estocolmo, en los 50. Me contaba que cuando salía a jugar a la calle, sus padres le colocaban una tarjeta con su dirección, y era tan obvio para ellos que en los 50 el contrato social era que los adultos se encargan de los niños y os protegen. Hoy, es casi como si les enseñáramos a los niños que otros adultos son amenazas.

”En este contexto, un amigo y yo queríamos crear un espacio simbólico donde estamos rompiendo el ‘efecto espectador’ y estamos creando un nuevo contrato social, donde nos estamos cuidando unos a otros, donde recordamos uno a otro, y tenemos responsabilidad y confianza en los otros.

”Luego hice Force Majeure, y cuando acabé, sentía que esta instalación ‘señal de tránsito humanista’ era interesante para nuestra época, así que empecé a escribir un guion. Nos invitaron a un museo de Värnamo (Suecia) a hacer una exposición y pensé que el filme podía tomar lugar en un museo de arte. Así que la pieza y el filme se estaban haciendo al mismo tiempo”.

Algo interesante que ha tratado en sus filmes es la desconexión entre nuestra forma de pensar y nuestras acciones, entre las cosas que creemos y cómo vivimos.

Quizá es algo que resalta el núcleo de ser humano. Estamos luchando con nuestro instinto y nuestras necesidades a la vez que tenemos una perspectiva exterior de nosotros, y queremos ser civilizados, y vivimos en una cultura donde tratamos de alcanzar ese ideal de qué debe ser un ser humano. A veces es un choque entre nuestro instinto y nuestras necesidades y nuestra cultura.

”Cuando ocurre ese choque, sentimos tanta vergüenza, nos avergonzamos tanto que no sabemos qué hacer, tanto que hasta preferimos suicidarnos a vivir con esa vergüenza. Hay algo en eso que destaca exactamente qué nos hace ser humanos, qué nos separa de los animales”.

Claes Bang interpreta al director del museo. Fotos:Tobias Henriksson/Magnolia
Claes Bang interpreta al director del museo. Fotos:Tobias Henriksson/Magnolia

Usted menciona ese ejemplo de los adultos que sabían que había un contrato social que hacía que cuidaran a sus niños. Eso es algo que la gente dice: antes era diferente, antes la gente se preocupaba por los demás. ¿Qué cree que cambió? ¿O cree, más bien, que no cambiamos, que solo nos volvimos más conscientes de los peligros que siempre estuvieron allí?

Primero que todo, creo que el peligro se ha reducido. Por ejemplo, si uno ve las tasas de criminalidad en Suecia, vemos que es menos peligroso hoy que en los años 50. Lo que creo que es que aumentó la paranoia, que creo que está muy conectada con el sistema económico. Creo que somos consumidores mucho más eficientes si estamos asustados.

¿De qué manera?

Nuestra inseguridad nos hace comprar, nos hace consumir. Si tememos a otras personas, compraremos productos que nos ayuden a lidiar con eso. Si tememos no ser suficientemente bellos, suficientemente bien vestidos, con un bello diseño interior en casa… Todo lo que consumimos tiene que ver con compararnos con los demás. Se trata de calzar en el rebaño, tratar de no ser excluido. Ese miedo de no calzar nos hace consumidores muy eficientes.

Eso toca temas que The Square explora, como esta idea de la responsabilidad colectiva en contraposición con el peso que tiene la cultura sobre el individuo, cuántas decisiones se recargan sobre el individuo como si no existiera lo colectivo...

Una cosa que me interesaba, por ejemplo, es el fenómeno de los mendigos, algo relativamente nuevo en Suecia: no estamos acostumbrados a ello. Eso lo hace más interesante porque podemos ver cómo reaccionamos ante la gente que pide en las calles.

”Empezó con la apertura de las fronteras de la Unión Europea, pues vinieron a Suecia muchos mendigos rumanos y fue un shock para la sociedad sueca. No hemos visto antes en nuestro país. Cuando fui a Irlanda, a mis nueve años, fue muy chocante ver a niños pidiendo en las calles. Cuando los rumanos vinieron a Suecia, creo que reaccionamos de la misma manera. Lo que pasa es que muy pronto dejamos de hablar de esto como un problema social, y en vez de eso, lo discutimos como un problema individual, mi responsabilidad como individuo.

”Eso es, por supuesto, completamente errado, porque como individuo soy impotente: no puedo cambiar la vida de esta persona. Si hablamos de ello como problema social, subimos los impuestos 0,01% y resolvemos esto juntos. Pero tal cosa se ha olvidado.

”Me sorprende que tengamos ese problema, como sociedad, para lograr una idea común de cómo lidiar con esto, pues vivimos en una sociedad muchísimo más rica que cuando era un niño. Podemos consumir a una escala mucho mayor que antes, pero nos hemos vuelto más individualistas”.

Elisabeth Moss protagoniza 'The Square'. Fotos:Tobias Henriksson/Magnolia
Elisabeth Moss protagoniza 'The Square'. Fotos:Tobias Henriksson/Magnolia

Presentar un espejo frente a la sociedad y frente al individuo es algo que ha hecho en otras películas. Force Majeure confronta así la masculinidad. En este caso, el espejo se presenta ante el mundo del arte, un medio por el que un filme como este usualmente viaja, el tipo de atmósfera en que una película así se ve. ¿Qué piensa de esa idea de la película como un espejo que refleja los lugares donde se verá?

–Me gusta eso. Creo que cuando estoy escribiendo una película, empiezo a cuestionarme, a verme a mí mismo, a criticar mi propio comportamiento. Al escribir sobre el mundo del arte, bien pude haber escrito sobre el cine o la industria cinematográfica. Echamos mano de cosas como los derechos humanos en nuestra industria, pero a la vez se crea un conflicto porque no podemos alcanzar ese ideal.

"Esto tal vez no es hipócrita, sino que es parte de ser humano. Para mí es importante atreverme a mirarme a mí mismo mientras lo digo. No me interesa una forma de contar historias donde tengo un protagonista y un antagonista, donde el protagonista defiende lo ‘correcto’, porque quiero explicar la vida como la veo. En la vida no hay protagonista ni el antagonista: todos somos protagonistas. Queremos hacer el bien, pero a veces fallamos, y eso es lo que me interesa”.

–Además no hay ‘luz’ y ‘oscuridad’. Sería muy fácil en una sátira como esta tomar una visión oscura del ser humano, pero no creo que sea oscura del todo; simplemente, acepta lo claro y lo oscuro de nuestro comportamiento.

–Me hace muy feliz que lo digas porque tampoco veo mis películas como ‘oscuras’. Cuando me preguntan si tengo esperanza en el ser humano, creo que tengo una visión positiva de nosotros, creo que tenemos la habilidad de colaborar y trabajar juntos, por eso somos una especie tan exitosa. Pero al mismo tiempo, tenemos que preguntarnos en cuáles proyectos estamos trabajando juntos, pues a veces no funcionan y deberíamos buscar otros.

Ruben Östlund ganó la Palma de Oro en Cannes por 'The Square'. Fotos:Tobias Henriksson/Magnolia
Ruben Östlund ganó la Palma de Oro en Cannes por 'The Square'. Fotos:Tobias Henriksson/Magnolia

–Me pregunto si usted considera que es cruel con sus personajes…

Sí, creo que sí. Un tema que amo es la sociología y la razón por la que me gusta es que es interesante ver cómo fallamos como seres humanos, ver las grietas en nosotros. Creo que eso es lo que hago con los personajes, les pongo trampas. Me interesa ver cómo lidian con ellas. Muy a menudo, sus situaciones se basan en un dilema, tienen dos o más opciones, pero ninguna es fácil.

”Para mí, el dilema nos dice mucho sobre qué es ser humano y por qué nos comportamos así. También debemos recordar que esto es ficción, son personajes de ficción, y puedo ser tan cruel como desee con ellos, porque no soy cruel con el ser humano; soy cruel con ellos porque quiero mostrar un ejemplo que quizá podamos usar en la vida”.

–Este filme ha sido particularmente exitoso. ¿Cómo ha sido la reacción? ¿Cómo se ha sentido con esa atención?

–Estoy superfeliz de haber ganado en Cannes. Es un privilegio. Incluso si eres un muy buen director no puedes contar con ganar la Palma de Oro. Pero si eres un buen director y tienes suerte, a veces puedes tener este privilegio, y eso es fantástico.

"Me siento superfeliz de que este nuevo tipo de libertad en el cine, que trata de ser salvaje, entretenido, pero que trata temas importantes, sea reconocida. Han sido demasiados años de que si tratas un tema importante, estás posando como un tipo de cine de arte (arthouse cinema), que trata temas importantes pero es mortalmente aburrido.

”En un vuelo trasatlántico, revisando las diferentes opciones, ¡jamás vería una película ‘de arte’! Con esto no quiero decir nada malo de cine que tenga ambición. El cine de arte se ha convertido en un género, como la comedia romántica. Pero si ves la historia del cine, ves a directores como Luis Buñuel o Lina Wertmüller, que trataban temas importantes de una forma salvaje, entretenida. Eso es algo que debemos recordarnos, que podemos hacerlo. Me siento feliz de que eso sea reconocido”.

Fotos:Tobias Henriksson/Magnolia
Fotos:Tobias Henriksson/Magnolia
Fotos:Tobias Henriksson/Magnolia
Fotos:Tobias Henriksson/Magnolia
Más cine atrevido en el 2018

Pacífica Grey, distribuidora independiente que trae el filme The Square a Costa Rica, lleva seis años prodigando buen cine en las salas del país. En el 2018, traerán más películas premiadas y destacadas en el mundo.

“Este último año tuvimos la suerte de traer títulos muy potentes y un poquito más grandes de lo que usualmente manejamos. Vamos a empezar el 2018 con títulos igual de fuertes”, anuncia Marcelo Quesada, cofundador de la empresa, especializada en cine independiente.

El primer estreno del próximo año será en marzo, y se trata del último título de una de las cineastas más respetadas e influyentes del mundo: Agnès Varda. Faces Places, realizado junto con el célebre artista callejero JR, nos muestra a ambos artistas de viaje por la Francia rural, conectándose entre sí y con la gente, en un retrato bello y grácil de la amistad entre generaciones, las distintas visiones del arte y la sociedad contemporánea. “Es un lujo traer una película de una artista tan relevante y consolidada que sigue generando un contenido tan fresco, tan actual, tan lúdico”, afirma Quesada.

El siguiente estreno de Pacífica Grey será Lucky, un filme de John Carroll Lynch (conocido actor de reparto estadounidense) que muestra el último papel interpretado por el legendario Harry Dean Stanton, quien falleció el 15 de setiembre de este año.

En la cinta, un hombre ateo de 90 años confronta su muerte inminente en un pueblo rural de Estados Unidos. Lo acompañan personajes tan raros como encantadores, entre ellos, uno interpretado por David Lynch.

Este 2017, Pacífica Grey estrenó títulos como Paterson, de Jim Jarmusch; Aquarius, de Kleber Mendonça Filho; y El futuro perfecto, de Nele Wohlatz.