11 septiembre, 2011
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Al igual que una persona se recupera de la pérdida de un ser querido, la industria del cine ha atravesado diferentes etapas de duelo con respecto a los ataques ocurridos el 11 de setiembre del 2001.

El proceso ha intentado sintonizarse con los sentimientos expresados por millones de dolientes a lo largo de esta década, con el propósito de proteger los intereses económicos de los estudios hollywoodenses y asegurar una buena convocatoria en las salas de cine.

De acuerdo con la especialista en filmes y televisión, Lilly Powell, las primeras propuestas se han mantenido fieles a los valores de patriotismo, unidad nacional y fortaleza impulsados por las transmisiones de televisión hace 10 años.

“Estos filmes han trabajado con claros y simples conceptos binarios: bien contra el mal y héroes contra villanos”, explica Powell.

El fruto de esta visión ha sido un par de películas dramáticas enfocadas en el dolor de las víctimas, sin ningún resultado impresionante en la taquilla.

Negación. Los televidentes lograron resumir el horror inspirado por las apocalípticas imágenes que pasaban frente a sus ojos en la una frase: “era como una película”.

El director de Duro de matar, Steve De Souza, confesó durante una entrevista que los atentados se parecían al afiche de una de sus producciones.

Las evidentes similitudes entre los acontecimientos de ese día y la trama de numerosas cintas de acción provocó una ola de censura en el cine, que prevenía cualquier irrespeto a una nación en duelo.

La existencia de las Torres Gemelas, así como cualquier alusión a ataques terroristas fueron borrados de la gran pantalla. Por mucho tiempo, años incluso, ningún director o guionista se atrevió a recordar o revivir los hechos.

Ira. En el 2004, justo antes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, un cineasta norteamericano se propuso romper con la cadena de silencio.

Michael Moore estrenó el documental titulado Farenheit 9/11. Con gran irreverencia y un humor ácido, manifestó a gritos su disconformidad con el manejo que la administración de George W. Bush hizo de la catástrofe.

La película fue una protesta hacia la política y guerra contra el terrorismo adoptada por este país.

La cinta obtuvo la Palma de Oro en el el Festival de Cannes. No obstante, el documental fue duramente recibido por críticos como Christopher Hitchens, de la revista Vanity Fair, quien acusó al cineasta de promover “distorsiones” de los acontecimientos.

A pesar de las controversias generadas, o más bien, a causa de ellas , Farenheit 9/11 sostiene en la actualidad el récord al documental con las mayores ganancias generadas, gracias a una recaudación de $220 millones a nivel mundial.

Interés. Directores reconocidos empezaron a probar con cautela los límites y emociones de la audiencia en el 2006.

En ese año, se estrenaron dos cintas relacionadas con los atentados en suelo de EE. UU.

Paul Greengrass, director de la La supremacía Bourne, fue el primero en narrar la historia de los pasajeros del vuelo 93 de la aerolínea United Airlines.

En el drama histórico de 111 minutos, el realizador presenta la angustia vivida por las 33 personas a bordo de la nave secuestrada.

La cinta realiza un recuento de las medidas heroicas de los pasajeros para impedir que los secuestradores estrellaran el avión contra otro edificio importante.

United 93 utilizó cámaras al hombro y una filmación en tiempo real para aportar realismo a la cinta e introducir a la audiencia en las emociones intensas de los protagonistas. Greengrass, incluso, utilizó a algunos trabajadores de la torre de control aérea.

Por su parte, World Trade Center, protagonizada por Nicolas Cage, se centra en la historia real de otros dos héroes de los atentados.

El filme de Oliver Stone describe el rescate de los oficiales John McLoughlin y Will Jimeno, quienes quedaron sepultados bajo los escombros de la torre sur. Los hombres fueron liberados horas después por las labores de búsqueda.

La trama es contada vívidamente en un lenguaje hollywoodense. La estética está colmada de tomas dramáticas para resaltar el coraje y heroísmo de los policías.

Pese a basarse en historias reales y destacar valores como la unidad nacional, ambos proyectos naufragaron en la taquilla.

Para Cristina Rickli , del Centro de Investigaciones en Estudios Culturales de la Universidad de Berna, la reacción del público a las propuestas de Stone y Grengrass refleja un rechazo a los detalles de estos eventos traumáticos.

“El fracaso de los filmes muestra que la audiencia no quería ver recreaciones del 11 de setiembre. De alguna forma, las secuencias de los ataques eran demasiado sobrecogedoras para ser recreadas”, comenta la sociológa.

Sin embargo, un nuevo interés por incorporar a las Torres Gemelas en numerosas producciones podría simbolizar algún grado de aceptación de la tragedia.

La cinta Munich (Steven Spielberg), muestra en su escena final una imagen de los edificios sugiriendo alguna relación entre los ataques y el acto terrorista de las olimpiadas de 1972.

Asimismo, reconstrucciones digitales del Centro Mundial de Comercio aparecen en la película Recuérdame y en la serie Fringe, donde en un universo paralelo los edificios permanecen intactos.

Powell considera que la aceptación de filmes que critican sútilmente las visiones patrióticas de los hechos es prometedora.

“...Este tipo de propuestas se posicionan como versiones mucho más patrióticas, porque intentan restaurar una imagen más realista de la identidad nacional”.