Cine

Estreno: ‘Cascos indomables’, coraje en dos ruedas

Un grupo de mensajeros motorizados, liderados por Mancha (Arturo Pardo), harán de una crisis inesperada un motivo para resurgir en la vida y tomar nuevos caminos. El amor y el compañerismo lo pueden todo.

En esencia, Cascos indomables es esto: el pintoresco relato de seis mensajeros sorteando el congestionado San José a diario, ganándose la vida en ruidosas motos y reinventándose astutamente tras una crisis que les golpea en la cara.

El mentado Mancha (Arturo Pardo) es su líder, los demás, sus folclóricos secuaces. Todos y cada uno con su drama a cuestas.

Mancha, tras quedarse ‘sin brete’, tiene que jugársela por un amor que se les escapa, otro de sus ‘compas’ por pagarle a tiempo a la doña, otro por alimentar a los güilas y el ‘machillo’ del grupo por la ‘jama’ diaria y poder costear su tratamiento médico.

Ese último es Gato (Gabriel Rojas), quien por problemas de azúcar a cada rato sufre de serios ‘palidazos’.

Dirigida por Neto Villalobos (Por las plumas, 2013), Cascos indomables es una comedia dramática de 85 minutos, una entretenida crónica de pulseadores que refresca la cartelera tica a partir de este jueves.

En esa línea la trama funciona como un espejo de muchos costarricenses; aunque quizás nunca se hayan montado en una bendita moto.

“La cinta para mí puede tener muchas otras lecturas, pero es cierto que una de las principales es esa. Se trata de gente emprendedora que enfrenta las cosas con valentía según se vayan presentando las cosas, sin mucho lloriqueo”, comentó Villalobos, quien estrenó la película costarricense hace dos semanas en el Festival Internacional de Cine de Toronto.

Pero dicho esto, vayamos específicamente a la historia.

Mancha, sin duda, es un hombre conflictuado. Está enamorado de su moto pero también de su chica, la esmerada cuidaperros llamada Clara (Daniela Mora).

Aunque el trabajo en la calle es duro y mal pagado, Mancha vive relativamente feliz andando sobre dos ruedas. Tiene un trabajo fijo en una empresa y en la faena es respaldado por un equipo de compas que comparten el almuerzo y se reparten solidariamente las duras cargas de trabajo.

Pasa la vida ‘tuanis’, hasta que Clara le anuncia que se mudará a una isla, lejos de la ciudad. Allá no hay nada de lo que conoce, quizá solo caballos.

¿Estará dispuesto a dejar su moto por seguir a su amada?

He aquí el dilema, su enojo y frustración. La decisión no será fácil.

Todo se complica aún más cuando repentinamente todos los motorizados se quedan sin trabajo y la precariedad comienza a golpearlos.

“Mancha es un poco indeciso y de repente entra en shock al verse enfrentado a un momento clave en su vida. Al mismo tiempo tiene que encontrar la manera de sortear la falta de trabajo y por otro saber que hacer ante la inminente partida de su novia”, expresó Pardo.

Pues sí, para Mancha y la pandilla se torna urgente hacer algo. Lo harán con moto o sin moto, borrachos o enfermos, juntos o cada uno por su lado, pero siempre al ritmo del glam rock.

Llegarán a salvar la tanda las chambillas baratas, pero no tardarán en asomarse las frustraciones. Hasta el amor de Mancha parece esfumarse.

¿Qué hacer? Reinventarse será la herramienta.

“Ante la crisis, Mancha logra empujar a sus compañeros hacia adelante, a pesar de no ser un líder nato. Esa es una lección importante de la cinta”, agregó Pardo, quien para encarnar a Mancha tuvo que cortarse una frondosa barba de 12 años y aprender a andar en moto en tan solo dos semanas.

Tenía que ser necesariamente así. Su personaje tiene una mancha de vino de oporto en su cara y el vello facial de Pardo no hacían nada de química con esa característica del personaje.

“Fue, digamos, una muy buena excusa para quitármela”, dijo Pardo en el 2016, antes de empezar el rodaje del esperado largometraje.

La mancha rojiza, al parecer, no tiene mucha trascendencia en el guion final de la cinta, pero no deja de tener una influencia importante en el comportamiento del personaje.

“Es un elemento físico que no se puede ignorar. Lo importante es que para Mancha no es ningún complejo, ni le impide hacer la cosas que debe hacer en la vida”, reflexionó Pardo.

La pandilla.

Siendo francos Cascos indomables no sería lo mismo sin la banda de motorizados que acuerpan a Mancha.

El cohesionado grupo de mensajeros es retratado en la cinta con personalidades muy particulares entre sí. Hay que reconocer, además, que de ellos provienen la mayoría de risas que explotan de vez en cuando en las butacas.

Además de Gato (Gabriel Rojas), el resto de integrantes de la pandilla son Chatarra (Charly Mora) y Gordo (Will Quirós). Estos tres son actores naturales; es decir, nunca en su vida recibieron alguna formación actoral y simplemente se tiraron pista.

Además, alguna vez fueron motorizados reales.

Por su parte, con título de actor profesional, el grupo lo completan el alcohólico de Chito (Harvey Monestel) y el engreído de Tetas (Janko Navarro).

“Todos los personajes los construí en base a comportamientos y cosas mías, incluso Clara. Pero también hay mucho de ellos en la película, así como de características de muchos amigos y conocidos que tengo”, dijo Villalobos.

Pero lo más notable es la química que demuestran en pantalla grande, la cual fortaleció un rodaje que incluyó múltiples y complicadas locaciones josefinas y el conocido Territorio de Zaguates, en Alajuela.

“En periodo de pruebas y en el rodaje, permití mucha camaradería entre ellos y creo que eso se notó”, agregó el cineasta.

Y si hubo un actor que quiso poner en práctica la lección máxima de la película ese fue William Quirós.

Luego de terminar el rodaje, Quirós decidió dar un vuelco a su vida y bajarse de la moto. Le cautivó el trabajo audiovisual que implicó la película y ahora planea estudiar para convertirse en profesional.

“Yo lo que quiero es volver a experimentar lo que viví anoche (el martes), en el preestreno de la película en el Magaly. Por eso me gustaría ser actor y estudiar algo relacionado con el audiovisual”, confesó Quirós.

“Sé que debo trabajar duro para lograrlo, que no es fácil. Ahora estoy trabajando como chef en Escalante, y con lo que gano aquí espero acomodarme un poquito para ponerme a estudiar”, agregó.

Algo similar le sucedió a Charly Mora. El Chatarra de la película alguna vez en su vida fue motorizado, pero al tiempo de protagonizar Cascos indomables ya contabilizaba 30 años trabajando en la parte eléctrica de diversos audiovisuales.

“Siempre estuve detrás de la cámara, pero ahora fue bonito probar esto desde otro ángulo. Yo siempre creí que por trabajar con películas nacionales o internacionales esto me iba a ser fácil, pero no”, comentó.

“En cuestión de películas no es solo decir buenos días, hay que interpretar ese saludo bien. Vea que en la cinta yo tuve que lidiar con actores profesionales, que sí sabían cómo era la cosa, con ellos en ratos me quedaba rezagado y luego los alcanzaba”, agregó orgulloso.

Y todo ese esfuerzo en el plató mutó en un sueño del que Charly, literalmente, no quiere despegarse.

“Estoy despierto desde las 5 a. m. del día anterior. No me quiero dormir, porque tengo miedo de que este sueño de actuar se me pase. Quiero vivirlo y sacarle todo el jugo que pueda, porque, diay, uno tiene derecho a soñar”, finalizó.

Cascos indomables es una película que solo puede ser vista por mayores de 15 años. En formato 2D está disponible en 10 salas pertenecientes al Cine Magaly, CCM, Cinépolis, Cinemark y Novacinemas.

Alexánder Sánchez

Alexánder Sánchez

Periodista del suplemento Viva de La Nación. Bachiller en Periodismo de la Universidad de Costa Rica. Su formación académica la complementó con trabajos estudiantiles en medios de comunicación universitarios.