Fernando Chaves Espinach. 27 abril, 2018
'Du rififi chez les hommes', una cinta de 1955 de Jules Dassin
'Du rififi chez les hommes', una cinta de 1955 de Jules Dassin

En principio, Rififi no debería haber salido bien. Para empezar, su director, Jules Dassin, odiaba la novela que le habían propuesto adaptar, Du rififi chez les hommes. Pero al fin y al cabo, era la primera película que tenía oportunidad de dirigir en cinco años y tenía que hacer lo posible.

Dassin había sido expulsado de Estados Unidos durante las persecuciones anticomunistas que diezmaron a Hollywood y, para cuando llegó la oportunidad de filmar Rififi, no podía poner muchos peros.

En su país natal (no hay que dejarse engañar por el nombre), Dassin había creado algunas de las grandes obras del film noir, como Brute Force (1947) y The Naked City (1948). Ahora, en Francia, podía volver a ese mundo de crimen y castigo que hurgaba en lo más bajo de la sociedad: sus pandillas, sus contrabandistas, sus ladrones.

Pero la novela que le proponían no era de su agrado. Para empezar, no era buena, aunque sí popular. Además, tenía al menos dos elementos que le sentaban mal a Dassin: un subtexto racista que colocaba a unos ladrones franceses en contra de una pandilla norafricana, y una escena de necrofilia que no sabía cómo llevar a la pantalla.

Lo que le quedaba era una trama algo escueta y torcida. Tenía poco presupuesto para producción y menos aún para pagar actores de renombre. De modo que tomó una decisión radical, una decisión que afecta la cuarta parte de la película y, con la sensualidad de un gesto erótico, domina nuestra mente de espectadores por toda la duración de la cinta.

En Rififi, Tony Le Stéphanois (Jean Servais) sale de prisión tras cinco años condenado por robo. De vuelta en París, Jo le Suédois (Carl Möhner) le propone cometer el mejor robo de su carrera, un asalto millonario en busca de joyas. El Tony que sale de prisión no es el mismo: su novia lo ha dejado por Grutter (Marcel Lupovici), un gángster rival, y él la agrede. Es un hombre ajado, venido a menos, dispuesto a darlo todo en su último robo, el pináculo de su carrera.

La joya verdadera consiste en una escena de 30 minutos que, sin diálogo ni música, muestra detalladamente cada paso del proceso de la pandilla para cometer un robo. La coreografía es minuciosa y precisa: como espectadores, estamos inmersos en una telaraña de movimientos de manos, pies y brazos en busca del tesoro. Cualquier paso en falso, cualquier ruido inesperado puede arruinarlo todo. Sudamos frío con ellos.

'Du rififi chez les hommes', una película francesa de 1955, dirigida por Jules Dassin
'Du rififi chez les hommes', una película francesa de 1955, dirigida por Jules Dassin

Tan vívida es la escena que en países como México y Estados Unidos se quiso prohibir la película, que ofrecía tal manual para cometer el robo perfecto.

Esta escena trae a la mente Un condamné à mort s’est échappé ou Le vent souffle où il veut (Un condenado a muerte ha escapado, 1956), donde Robert Bresson nos muestra una apuesta aún más radical: el escape del hombre, también sin diálogo ni música, ni más que los rasguños, quejidos y golpes del complejo trayecto.

Rififi e convirtió en un éxito comercial, inspiró secuelas e imitaciones y hoy, a seis décadas de su estreno, es considerada una de las cimas del cine de crimen.

Más allá de esa compañera de generación, Rififi influyó en docenas de cintas de robos por su crudeza y disposición a mostrar la violencia de frente. Cae bien en nuestra época, donde los códigos éticos se subvierten con pasmosa agilidad y los grandes robos se transmiten en directo prácticamente, a vista y paciencia de una sociedad que no sabe qué sentir ya por sus ladrones: así quedamos los espectadores, conmovidos por el drama de los hampones de Rififi, y hasta admirados con su destreza, pero incapaces de perdonarlos.

La cinta se exhibirá en una función única este sábado 28 de abril a la 1 p. m. en el Club Magaly del Cine Magaly, en barrio La California, San José. Al final de la función habrá un cineforo.