Por: Diego Bosque 31 agosto, 2013

Historia. | DUDLY WAIT LLEGÓ EN 1935 A PUERTO VIEJO CUANDO SOLO EXISTÍAN ALGUNAS CASITAS FRENTE A LA PLAYA Y UN COMISARIATO. FOTOGRAFÍA: LUCAS ITURRIZA.
Historia. | DUDLY WAIT LLEGÓ EN 1935 A PUERTO VIEJO CUANDO SOLO EXISTÍAN ALGUNAS CASITAS FRENTE A LA PLAYA Y UN COMISARIATO. FOTOGRAFÍA: LUCAS ITURRIZA.

Por casualidad, llegó al Caribe Sur de Costa Rica en 1935. Su destino era Sixaola; toda su familia iba en busca de mejores oportunidades. Sin embargo, hubo una parada en una pequeña playa que llamaban Puerto Viejo, y ahí se quedó.

Dudly Wait, a sus 93 años, contó cómo se enamoró, poco a poco, de las bellezas naturales y cómo conoció, también por casualidad, al gran amor de su vida: el calipso.

“Decidimos quedarnos en Puerto Viejo porque nos gustó y porque mi abuela –jamaiquina– hacía repostería para venderla en el comisariato del pueblo”, dijo con su voz pausada.

Dudly habla poco español; prefiere hablar mekatelyu –lengua local– y apoyarse en una traductora para esta entrevista.

“Un día, un señor que venía de Panamá alquiló un cuarto a la par de mi casa y traía una guitarra. Empecé a escucharlo y él me enseñó a tocar ese instrumento”, dijo.

Aquel fue su encuentro con la música; tenía 13 años.

Con un esfuerzo descomunal, años más tarde, juntó $12 para un curso de música de 15 días por correspondencia y el resto es historia para la comunidad.

En compañía de amigos, empezó a recorrer las fiestas y bailes de la zona para llenarlos de música.

De esa manera, sacó adelante a sus cuatro hijos; uno de ellos, Mateo, copió el oficio y toca calipso para los turistas.

En su mente guarda la imagen del primer bus, viejo y deteriorado, llegando a Puerto Viejo.

“Fue en 1978; antes solo se podía llegar aquí en bote”, comentó.

Santa Elena, Moderno y Alfa eran los nombres de las embarcaciones que transportaban personas por mar desde Limón hasta Puerto Viejo en aquel entonces.

“Era un viaje de 12 horas y si la marea estaba alta, teníamos que parar en Cahuita y caminar hasta Puerto Viejo.

También existió el “burrocarril”, una especie de vagón jalado por un burro en la línea del tren.

Atrás quedaron las noches de baile, juerga y música. Con orgullo, dice que su pequeño legado es la música y confía que el calipso no se extinga.

Hoy, Dudly Wait ya no detona su guitarra con notas de calipso ni pone a bailar a los cuerpos en medio de la noche limonense. Ahora, solo recuerda historias y disfruta pasarlas, con su voz pausada, de generación en generación; de visitante en visitante.

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