William Venegas. 26 agosto, 2018
La niña Laia Artigas sobresale con su actuación en 'Verano del 93'. Cortesía.

He aquí una película cuya historia pasa por la sensibilidad de una niña que queda huérfana a los seis años. El filme nos trae latentes apuntes sobre el dolor y la ausencia. Es de origen catalán y así nos llega hablada (con subtítulos en castellano).

He aquí una película cuya historia pasa por la sensibilidad de una niña que queda huérfana a los seis años. El filme nos trae latentes apuntes sobre el dolor y la ausencia. Es de origen catalán y así nos llega hablada (con subtítulos en castellano).

Se trata del filme titulado Verano del 93, dirigido por Carla Simón, cuyos padres murieron de sida cuando ella era una niña, aunque el asunto del sida no se menciona en ningún momento, pese a que la película tiene definido acento autobiográfico, sobre todo en lo emocional.

La trama de Verano del 93 está hilada por una niña llamada Frida, quien tras la muerte de su madre es llevada de Barcelona al campo, a vivir con su tío Esteve y su esposa Marga. Ambos tienen una pequeña hija llamada Anna.

Se trata de un relato sin acontecimientos altisonantes, cercano a una especie de realismo intimista, donde Frida debe enfrentar una nueva realidad desde dos perspectivas: su condición de huérfana sin entender nada sobre la muerte de su madre y, por otra parte, su cambio de ambiente: su incorporación a la vida del campo.

Lo mejor de Verano del 93 es la manera en que evita caer en los pasos falsos tan propios del melodrama folletinesco: lo cursi está ausente a lo largo de la trama. Tampoco es que la visión de los acontecimientos sea simple, este filme evita el simplismo y desarrolla su complejidad a partir del laberinto interno que vive Frida.

Junto a Frida, como especie de amoroso contrapunto, está la otra niña, Anna. Ello le permite al filme (desde el guion) marcar la dialéctica de los sucesos con una sutil contradicción entre las niñas, contradicción que –a su vez– define el espacio amoroso de la inocencia: la búsqueda del cariño.

Es valioso el aspecto axiológico del argumento, donde es más importante el valor de las cosas, de las costumbres, de los gestos y de lo humano antes que el dinamismo dramático y formal de las imágenes. Por eso, en el proceso narrativo se valora más la importancia del lazo social como especie de ética de la conducta humana.

Así sucede hasta el imponente final de la película, que es catarsis de lo vivido por Frida o liberación de su incomprendido resentimiento. Es la ruta de Frida para encontrarle un nuevo sentido a su vida en medio de sus condiciones de vulnerabilidad.

La riqueza de esta película encuentra su mejor espacio mediante la dirección histriónica, donde sobresalen las niñas, sobre todo cuando interactúan. Ellas son inolvidables desde sus personajes, a saber, Laia Artigas (como Frida) y Paula Robles (como Anna).

El filme pudo haberse visto mejor sin tanto primer plano de rostros (propio del lenguaje televisual). No se lo pierdan. Verano del 93 señala que la vida es más dura con los más débiles, pero también nos dice que hay lugar para la esperanza, aunque pasemos por el llanto.

Verano del 93

TÍTULO ORIGINAL: Estiu 1993

ESPAÑA, 2017

GÉNERO: DRAMA

DIRECCIÓN: Carla Simón

ELENCO: Laia Artigas, Bruna Cusí, David Verdaguer, Paula Robles

DURACIÓN: 97 MINUTOS

CINE: Magaly

CALIFICACIÓN: ****