William Venegas. 16 julio
Las pésimas actuaciones de Dave Bautista y Kumail Nanjiani solo empeoran las cosas. Fotografía: Discine para La Nación
Las pésimas actuaciones de Dave Bautista y Kumail Nanjiani solo empeoran las cosas. Fotografía: Discine para La Nación

Dicen que en la puerta del horno se quema el pan; sin embargo, en lo que respecta a la película Stuber: locos al volante (2019), perpetrada que no dirigida por Michael Dowse, esta salió tostada desde las neuronas mismas de sus guionistas.

Alguien por ahí escribió –con tino– que el filme debió titularse “Stupid”, que no “Stuber”. Dicho título le viene del nombre de su personaje, Stu, joven que completa su salario poniendo su automóvil y su fuerza de trabajo al servicio de la empresa Uber (tan polémica en nuestro país).

De ahí en adelante, el filme más parece un cartel de propaganda de Uber, con movimiento, por supuesto, donde no falta una secuencia donde los personajes gritan “Uber, Uber, Uber…”

No es por eso que la película tenga –en esta crítica– una mala calificación, aunque resulta estorboso que le estén magnificando a uno el servicio de dicha empresa dentro de una trama más tontoneca de la cuenta, al punto que su relato más parece un dicterio que comedia, porque más bien insulta y provoca la real inteligencia de los espectadores.

El argumento se completa con un policía, uno de esos de “pura fuerza”, que toma el automóvil del joven “uberiano” a la brava y los convierte en sus aliados obligados (al auto y al joven), para capturar a un asesino que anda por esos rumbos, a la fuga.

Todo es predecible en la película, incluso cuando aparece la muchacha hermosa, hija del policía, y lo que con ella sucede (con ella y el chofer del Uber, obvio). Es que Stuber: locos al volante muestra muy fácilmente sus cartas.

Además, la película transcurre sin dinámica dramática interna, en un puro burumbún, o sea, como diría el escritor Raymond Chandler: “como jugar a las cartas en una mesa en la cual todos tienen ases”; o sea, pese a su ajetreo, la película es más aburrida que encender un cigarrillo, ponérselo entre los labios y no fumárselo.

Las actuaciones son muy malas a partir del pésimo diseño de personajes y, en general, todo el lenguaje cinematográfico más parece una escaramuza de gallinero que una actitud seria ante lo fílmico.

En Hollywood parecen no entender que la comedia es un arte difícil para ser llevado al cine. De ahí los “churros” que nos mandan. El director de este filme debió autoaplicarse aquella frase del original filósofo vienés Ludwig Wittgenstein (1889-1951), quien dijo en determinado contexto: “De lo que no se puede hablar, lo mejor es callarse.”

O sea, para recordar siempre a Wittgenstein, hay que saber distinguir entre lo que puede expresarse a través del lenguaje con aquello sobre lo que hay que callar para respetarlo cabalmente. Stuber: locos al volante, como película, es una descarada falta de respeto a la mejor tradición del arte de la comedia en el cine o a sujetos como Charles Chaplin y Billy Wilder.

Como decía Ernst Lubitch, otro buen director de comedias: “Nadie debería interpretar comedias si no tiene un circo dentro”; así sea.

Ficha técnica

Stuber: Locos al volante

Título original: Stuber

Estados Unidos, 2019

Género: Comedia

Director: Michael Dowse

Elenco: Dave Bautista, Kumail Nanjiani

Duración: 105 minutos

Cines: Cinépolis, CCM, Cinemark, San Pedro

Calificación: Una estrella ( * ) de cinco posibles