Alexánder Sánchez. 20 octubre, 2018
 La directora de Arte Brigitte Broch asistió a la Universidad Véritas para una clase maestra en el marco de la Semana Internacional de Cine y televisión. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal
La directora de Arte Brigitte Broch asistió a la Universidad Véritas para una clase maestra en el marco de la Semana Internacional de Cine y televisión. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal

Aunque tiene el Óscar en el baño de su casa y confiesa que no le importa mucho la estatuilla, Brigitte Broch tiene una espinita metida con la Academia.

“Merecíamos ganar el Óscar por Romeo + Julieta, no debió triunfar El paciente inglés. Esa película la tengo atravesada”, comenta entre risas la aclamada directora de arte.

En el 2001, por Moulin Rouge!, Broch se llevó los máximos honores de la Academia; sin embargo, aún piensa que con la cinta protagonizada por Leonardo DiCaprio, en 1996, la historia debió acabar igual.

No se dio, ni modo. Al fin y al cabo el destino iba a ser el mismo para ella. Con Moulin Rouge! y su prestigioso galardón llegarían los agentes, con los agentes jugosos contratos y con los buenos presupuestos la libertad de crear más a gusto.

“El Óscar me liberó para trabajar sin abusos”, comenta Broch, quien comenzó su carrera en México al lado de quienes en esa época eran solo diamantes en bruto: Luis Estrada, Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón y Guillermo Del Toro.

De sus inicios con estas luminarias mexicanas, su trabajo en películas como The Reader (2008) y del ejercicio de su apasionado oficio habló Broch, aprovechando su visita al país por la Semana Internacional de Cine y Televisión, de la Universidad Véritas.

 Brigitte Broch ganó el Óscar en el 2001, por Moulin Rouge!. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal
Brigitte Broch ganó el Óscar en el 2001, por Moulin Rouge!. Fotografía: Alejandro Gamboa Madrigal

Usted es de origen alemán, ¿cómo fue que llegó a México y pudo involucrarse con los grandes directores mexicanos en proyectos como Amores perros, 21 gramos y Babel?

Antes del cine yo había trabajado en el teatro, una experiencia que me ayudó mucho para lo que pasó después. Básicamente, me encontré a una persona que me ayudó a meterme en ese mundo en México, un país del que no sabía mucho, pero donde decidí echarme al agua sin saber nadar. Mi espíritu alemán tuvo que ver mucho, porque era muy tozuda y me gustaba el reto.

”Primero hice state manager en teatro, y luego, me ofrecieron la posibilidad de hacer dirección de arte. Cuando pasó yo dije: ‘esto es lo mio’, y de ahí no me moví. Luego, creo que tuve una estrella que me acompañó en la vida, pues después, con muy poca experiencia, me encontré en el camino con figuras como Luis Estrada, luego con Cuarón y luego con Guillermo del Toro e Iñárritu en Amores perros; fue algo increíble”.

¿Qué vieron en usted para confiarle sus proyectos?

Fue una época muy particular porque todos eran novatos. La de Cuarón era su primera película, Del Toro su primera película, Iñárritu su primera película, todos era novatos, como yo; entonces, creo que hubo un entendimiento particular, además del fervor incipiente de buscar, rascar, hacer.

Usted ganó el Óscar por Moulin Rouge! y estuvo nominada para otro más, sin embargo dice que no le importa mucho ese premio y que lo tiene en un rincón del baño. ¿Para usted qué fue lo bueno de ganarlo?

A mi el premio Óscar en sí no me impresiona, pero a la gente sí. Por lo tanto eso me trajo un agente, el agente me consiguió enormes propuestas, con buenos honorarios, y luego empecé a viajar como loca. Es la consecuencia de tener este “animalito” (el Óscar).

”Además, luego del Óscar he podido trabajar mucho más a gusto que en un ambiente de poco presupuesto. Porque cuando no hay dinero hay abusos, como que te dicen queremos esto, pero no te pagamos más, no te damos más gente. Es la verdad, existen abusos y a partir del Óscar me liberé de ellos”.

Usted asegura que con los grandes presupuestos pudo disfrutar más de su profesión. ¿Porqué lo dice?

Sí, podía disfrutar más porque tenía mi equipo a quien podía decir: ‘tú eres encargado de decorado, tú investigador y tú de los diseños’. De esa forma yo tuve espacio para disfrutar y desplegar mi imaginación y emplear la comunicación de una manera más fluida”.

A pesar de todo lo que cuenta, ¿existe algo bueno de trabajar con poco presupuesto?

Que te presiona y exige hacer lo más que se puede con poco dinero o recursos. Incentiva la creatividad con poco.

Usted menciona que Romeo + Julieta mereció ganar el Óscar y no El paciente inglés. ¿porqué?

Me encantó El paciente inglés, pero de arte tiene muy poco en comparación con Romeo + Julieta, que es toda una propuesta de diseño impresionante.

”Se trata de una propuesta fantástica, visualmente increíble. Además, era muy compleja e innovadora. De hecho creo que me gustó más el trabajo que se hizo en Romeo + Julieta que Moulin Rouge!”.

¿Porqué piensa usted que la Academia prefirió entonces El paciente inglés?

Es pura política, recuerdo que en ese año todo el mundo decía que el director se lo merecía, que se le merecía después de tanto tiempo, entonces ganó. En la Academia muchas cosas son política.

Usted es alemana y por ende la temática de la película The Reader (2008), que trata sobre el holocausto judío, la tocó de una manera particular.

Sí. Fue duro, porque trabajando en la película reviví una época que yo viví de chica. Yo huí de esa realidad a México, para dejar a la gente atrás, pues no quería tocar lo que había pasado en la historia reciente de mi Alemania.

”Con esa película me confronté con todo. En la investigación tuve que visitar los antiguos campos de concentración y ver documentales sobre el holocausto que yo no había podido confrontar antes, no había podido. Tengo que decir que al final todo fue muy liberador y superada esa etapa hacer la película fue una delicia”.

De todas las películas en las que ha participado, ¿con cuál ha quedado más satisfecha?

Especialmente con The Reader. Me gusta mucho por concepto, por edición, por los actores. Además estoy muy satisfecha por el equipo que logramos hacer.

¿Y el director con el que más ha disfrutado trabajar?

Con Stephen Daldry, de The Reader. Porque es una persona muy ligera, que disfruta la vida y de los procesos con los actores. En general lo disfruta todo y lo transmite.

Cuando usted se pone al frente de una clase maestra, como la que brindó el viernes en la Universidad Véritas, ¿qué es lo más desea transmitir a los estudiantes?

Les hablo de mi trayectoria. Quiero decirles que todo lo que aprendí fue a golpes, que no me lo enseñó ninguna universidad o escuela. Fue un proceso duro, pero quiero transmitir a todos que sí se puede lograr con pasión y perseverancia. Proclamar esto me apasiona.

“Espero que en este ocasión les haya quedado algo. Tengo la impresión de que sí, porque el aplauso fue bastante alargado, creo que sí les gustó".

Además de pasión y perseverancia, ¿qué más debería tener o hacer un director de arte para triunfar en este oficio tan complicado y competitivo?

Deben estar conscientes de que nada es fácil. Pero aún sabiéndolo trabajar fuerte, metiéndose con todo en la investigación de la historia, de los personajes y enriquecerse con todo el acervo cultural que existe alrededor de ellos, como es la pintura y la literatura. Deben de tener muchas fuentes de inspiración.