Monserrath Vargas L.. 28 junio
Antes de alarmarse, los padres y encargados deben aprender a distinguir entre una adicción o un simple gusto por este tipo de entretenimiento. Los videojuegos, bien aprovechados, pueden ayudar a desarrollar habilidades en los menores. AFP PHOTO/Robyn BECK
Antes de alarmarse, los padres y encargados deben aprender a distinguir entre una adicción o un simple gusto por este tipo de entretenimiento. Los videojuegos, bien aprovechados, pueden ayudar a desarrollar habilidades en los menores. AFP PHOTO/Robyn BECK

La adicción a los videojuegos es oficialmente un trastorno mental. Así consta en la más reciente edición de la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Antes de alarmarse, los padres y encargados deben aprender a distinguir entre una adicción o un simple gusto por este tipo de entretenimiento y para ello, los expertos recomiendan prestar atención al comportamiento de los niños y jóvenes.

Según Max Figueroa, psiquiatra infantojuvenil de Torre Médica Momentum Pinares, una señal es cuando la vida del niño o joven gira alrededor de los videojuegos. Es decir, cuando: “No hay horarios para actividades sociales, culturales, académicas. Una persona que juega cada vez más y más, tendrá cada vez menos tiempo para su familia, estudiar, salir con amigos, incluso hasta dejan de comer o alteran su horario de comidas”, comentó el experto.

Inclusive puede suceder que alteren su ciclo de sueño o que se pongan irritables o con tristeza profunda, (cuando se genera sensación de abstinencia).

Por su parte, la psicóloga Catalina Cárdenas de Mediplaza coincidió en que, “cuando se aprecian en la persona, en sus pensamientos, sentimientos y acciones, cambios que evidencian que casi todo gira a la necesidad inmediata de jugar” se puede estar en presencia de una adicción.

¿Qué hacer?

Los padres de familia pueden supervisar la interacción que sus hijos tienen con los juegos de video y así evitar que estos lleguen a la adicción.

Entre las recomendaciones destacan: cerciorarse de que realicen pausas mientras juegan. Además, es recomendable establecer un horario, sobre todo en épocas lectivas y de vacaciones, como las que se avecinan.

“Por ejemplo, primero deben haber cumplido con tareas y otros espacios interactivos, para poder destinar un par de horas a los videojuegos”, aclaró el psiquiatra.

También deben asegurarse de que tengan otras actividades sociales: “como salir con amigos, o culturales como tocar un instrumento. Es importante proveerles de actividades alternativas”, mencionó Figueroa.

El lugar donde se ubican las consolas en casa debe ser un sitio “supervisable”, por ejemplo, la sala, ya que se desaconseja que los aparatos estén en las habitaciones de los niños o al lado de sus camas.

“La clave está en la moderación y en que les enseñemos autoregulación a nuestros hijos”. Catalina Cárdenas, psicóloga

Sin embargo, los padres también deben ser compresivos sobre el hecho de que los juegos de video forman parte de las actividades lúdicas de la juventud actual.

“La clave está en la moderación y en que les enseñemos autoregulación a nuestros hijos”, apuntó Catalina Cárdenas.

Para enseñarles el uso adecuado, los padres deben ofrecer argumentos convincentes y reglas claras, apuntó la experta quien se capacitó en Estados Unidos sobre la relación entre ansiedad y videojuegos.

En estos casos, la comunicación con los niños y jóvenes es clave, por ello, según el psiquiatra Max Figueroa es preciso enfocarse en saber ¿qué piensan y qué sienten ellos sobre el tema? Asimismo recomendó prestar especial atención a “aquellos solitarios, que les es más fácil refugiarse en los videojuegos”.

A futuro

De no corregir estos comportamiento, los niños y jóvenes podrían afrontar problemas. Se debe recordar que cualquier adicción limita la capacidad de respuesta y la libertad de una persona.

La dependencia física y emocional que generan los videojuegos juegan en contra de las habilidades sociales de los niños y jóvenes, también de su salud física, por pasar muchas horas siendo sedentarios (se exponen a enfermedades como obesidad, hipertensión y diabetes) e incluso, sobre su conocimiento y la realidad que les rodea en el aquí y el ahora, apuntó la psicóloga Catalina Cárdenas.

Al estar atentos a realidades virtuales, se enfrentan a la dificultad de cumplir con obligaciones y responsabilidades por no poder postergar la necesidad de jugar y es así como surgen síntomas de ansiedad y estrés, entre otros, aclaró.