Hugo Solano C..   30 enero
Accidentes como el del centro comercial La Talanguera ,Palmares, donde un niño murió en un ascensor, deben llamar a la reflexión, dice la directora del Hospital Nacional de Niños. Foto: Jeffrey Zamora

Una vez más, la directora del Hospital Nacional de Niños, Olga Arguedas, reiteró el llamado de vigilar a los menores. Esta vez luego de la muerte de un niño de ocho años en el ascensor de un centro comercial en Palmares.

“Los niños urgen de cuido atento, porque ahora hay ascensores en todas partes y ellos no miden los riesgos”, advirtió la jerarca.

Hechos tan tristes, dijo, deben servir para reflexionar y cuestionar si son suficientes las medidas de seguridad que se toman para proteger a los más pequeños. Tales medidas corresponden a los mismos niños, a los adultos, y si se parte de este caso, a los dueños de inmuebles con elevadores.

Esta revisión conviene hacerla todavía más si se considera que actualmente proliferan los edificios con estas mecanismos, pues ahora no solo instituciones o comercios, sino viviendas ante la gran cantidad de torres que se construyen.

“Los padres tienen que estar presentes en cuerpo, alma e inteligencia, para proteger a los niños", afirmó.

Para evitar tragedias como la ocurrida este martes, recomendó, primero, hablarles a los menores que ya tienen capacidad de comprensión sobre el uso correcto de los elevadores, que no son un playground.

Según dijo, incluso de los ascensores del Hospital de Niños, los encargados de seguridad han tenido que bajar menores a quienes los papás dejan jugando.

“Si eso sucede en nuestro propio entorno, puedo colegir que sucede en muchísimos más lugares y con más frecuencia”, sostuvo.

A pesar de esta situación, no recordó que se hubiera dado una muerte de un menor, anteriormente.

Los accidentes más frecuentes en tiempo de vacaciones, como la actual, son por caídas y accidentes en el hogar como intoxicaciones, quemaduras, mordeduras de perro y caídas en bicicletas y patines. Otro porcentaje son los lesionados en accidentes de tránsito, porque las familias pasean más.

Paradójicamente, añadió, cuando los niños entran a la escuela decaen los accidentes que sufren, porque la escuela es un sitio más seguro que la casa para muchos estudiantes.

“En clases el niño está usando su energía en el proceso de aprendizaje y está en condiciones más controladas que las de su casa”, acotó.

Según su experiencia, en las casas la garantía del cuido atento resulta difícil, porque los adultos tienen otras labores o distracciones.

Téngalo presente