Eillyn Jiménez B..   11 agosto
Lisbeth Paisano y su hijo se ven, regularmente, cada tres meses, pero a la semana hablan al menos dos veces por teléfono. El pasado 24 de julio ella salió del CAI Vilma Curling, en Desamparados, al Centro de Formación Juvenil Zurquí, en Heredia, como parte de una visita intercarcelaria. Foto: Jeffrey Zamora

Un efusivo abrazo marcó el encuentro entre Lisbeth Paisano y su hijo Manuel, un miércoles por la tarde en el Centro de Formación Juvenil Zurquí, en Pará de Santo Domingo de Heredia.

Era la primera vez en tres meses que se veían, ya que ambos están privados de libertad y, además de cumplir con el protocolo establecido por el Ministerio de Justicia y Paz para hacer uso del derecho de las visitas intercarcelarias, deben esperar ese lapso para cada reencuentro.

Paisano fue condenada a siete años y dos meses de prisión por los delitos de robo agravado y tentativa de homicidio y, si no recibe ningún beneficio carcelario, estará dos años más en el Centro de Atención Integral (CAI) Vilma Curling, en San Rafael Abajo de Desamparados, San José.

Fue estando en ese centro penitenciario que ella recibió la noticia de que Manuel (nombre ficticio usado para este artículo), también había sido condenado a prisión, en su caso por homicidio simple y una tentativa de homicidio.

Para el joven, actualmente de 23 años, la oportunidad de departir con su madre tiene un valor incalculable, por lo que se prepara con un mes de anticipación para ese día.

“Siempre espero que llegue el día para compartir con ella y hablar de todo. Me levanto con la fe de que no haya ningún imprevisto y me preparo para tenerle lo que ella quiera”, contó el muchacho.

Si bien es cierto, las visitas intercarcelarias están programadas, hay circunstancias que pueden interponerse y obligar a una reprogramación, por lo que esta madre y su hijo pasan el día pidiéndole a Dios que todo salga conforme a lo previsto.

Kenlly Garza, directora del Instituto Nacional de Criminología (INC), explicó que para hacer realidad este derecho de los privados de libertad, que busca no acrecentar el sufrimiento de la cárcel, se debe contar con varios recursos institucionales; entre estos, personal de la Policía Penitenciaria para la custodia y una unidad para el traslado.

Explicó que en las cárceles hay un orden de prioridades. Por ejemplo, si un reo requiere ser trasladado al hospital, acudir a un funeral o a despedirse de un familiar que está en lecho de muerte, eso se antepondrá a la visita.

“Si hay alguien con una afección médica que requiere una salida inmediata y, en ese momento, no hay más móviles porque andan en otras diligencias, por la importancia del bien jurídico que reviste la salud, se jerarquiza. Entonces, se comunica al otro centro penitenciario que no se va a llegar y se procede con la reprogramación”, detalló Garza.

La funcionaria precisó que las visitas intercarcelarias, siempre y cuando no sean entre parejas que piden su espacio íntimo, son cada tres meses.

En caso de tratarse una visita íntima, tanto entre heterosexuales como entre homosexuales, este derecho se otorga cada 15 días.

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Preparación previa

Aquel miércoles de finales de julio, Manuel usó sus ahorros del último mes para comprarle un pollo a la plancha a Lisbeth, quien desde las 6 a. m. estaba despierta, preparándose.

“Siempre intercambiamos cosas. Yo le llevo frescos y él me tiene almuerzo. Desde ayer, estábamos preparados”, afirmó Paisano.

Efectivamente, esta mujer, a quien le causa gran estrés el traslado de CAI Vilma Curling al Centro de Formación Juvenil Zurquí por padecer de claustrofobia, llevaba un chocolate grande y varios refrescos, de los cuales abrió dos apenas comenzó su encuentro con su hijo.

Lo que se lleve de un penal a otro debe ajustarse a los artículos permitidos y pasar por una revisión tanto al salir de una cárcel como al ingresar a la otra.

Los protocolos de seguridad usados en cada caso varían, precisó Nils Ching, subdirector de la Policía Penitenciaria.

Empero, Ching destacó que en estos procesos no suelen darse inconvenientes, ya que son espacios esperados por los involucrados.

“Hacemos un resguardo de la importancia del vínculo familiar, por lo que tenemos regladas las visitas intercarcelarias”, Kenlly Garza, directora INC.

A juicio de Paisano, Manuel es “un buen muchacho que actuó en defensa propia”, y por eso espera que, al salir ambos, puedan rehacer su vida por un mejor camino.

Los dos recalcaron que la hora que tienen para departir es un momento realmente valioso, en el que, además de comer, también conversan de todo un poco.

Aparte de ese contacto presencial, su comunicación telefónica es constante; hablan al menos dos veces por semana.

Manuel, quien debe permanecer en Zurquí al menos un año más, asegura que estando ahí ha aprendido a valorarse, espera salir del Centro de Formación con el bachillerato finalizado y buscar un trabajo que le permita continuar su vida con la mayor normalidad posible.

“Hablar con ella y confiar es Dios es lo que me mantiene fuerte”, expresó el muchacho, poco antes de que la comida llegara y se quedaran a solas, al costado de un jardín de este centro para menores.

Paisano llevó varios refrescos para departir con su hijo durante la visita intercarcelaria que tuvieron a finales de julio. Foto: Jeffrey Zamora
Realidad difícil

Para Garza, jerarca del INC, las visitas entre madres e hijos son las más dramáticas, ya que, en su criterio, representan una fractura social.

“Es un flagelo muy fuerte, que nos pone de relieve la privación de libertad y nos muestra disfuncionalidades, carencias, así como la falta de una intervención oportuna para evitar la transmisión intergeneracional de conductas sociodelictivas”, manifestó Garza.

La funcionaria destacó que en las visitas intercarcelarias siempre se traslada a la persona de menor contención a la cárcel de mayor contención. Pero en el caso de los menores, está reglamentado que ellos no pueden ingresar a cárceles de adultos.

A nivel de presupuesto, no existe un monto destinado para estas visitas, es por eso que se analizan todas las prioridades penitenciarias para llevarlas a cabo y velar por que los derechos de los reos se cumplan.

Kenlly Garza, directora del Instituto Nacional de Criminología, y Nils Ching, subdirector de la Policía Penitenciaria, coincidieron en que las visitas intercarcelarias son una posibilidad de fomentar los lazos familiares, pese a que ambas partes estén en prisión. Foto: José Cordero
¿Cuál es el protocolo que se sigue?

Para solicitar una visita intercarcelaria, una de las personas interesadas debe enviar una carta a la Dirección del centro donde se encuentra, detallando su nombre, el nombre de la persona que quiere visitar, en qué ámbito está y la relación que hay entre ambos.

A partir de ahí, se da una comunicación entre los dos penales y la otra persona involucrada debe dar su consentimiento para la visita; de lo contrario, esta no se da.

Para cada visita, debe cumplirse con el mismo protocolo, tomando en cuenta que alguno de los dos podría tener una cita médica, un traslado de ámbito u otra situación particular.

“No podemos actuar de oficio, por lo que siempre debe enviarse la carta con la solicitud; incluso porque las relaciones entre las personas pueden cambiar”, recalcó Garza.

“Nuestra Policía no es solo de seguridad y orden, también es reconocida por hacer prevalecer los derechos de las personas”, Nils Ching, subdirector de la Policía Penitenciaria.