Otto Vargas M.. 7 diciembre, 2010
 Así se veía en enero la vegetación cercana al volcán Turrialba. El ácido acabó con parte del manto vegetal. Jorge Andrés Díaz para LN.
Así se veía en enero la vegetación cercana al volcán Turrialba. El ácido acabó con parte del manto vegetal. Jorge Andrés Díaz para LN.

Científicos del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori) encontraron rastros de lluvia ácida, causada por el volcán Turrialba, en sitios tan lejanos como la zona central de Nicaragua y el océano Pacífico, frente a las costas de Garabito.

El fenómeno ocurrió especialmente en agosto, cuando la pluma de gases que se desprende del coloso alcanzó entre dos y cinco kilómetros de altura.

“En general, esa pluma tiende a moverse hacia el oeste. Al elevarse tanto la pluma, el material es transportado a grandes distancias. Eso hace que los efectos se amortiguen”, explicó la científica María del Mar Martínez.

La lluvia ácida del Turrialba –causada por partículas de dióxido de azufre– ha sido localizada en comunidades alejadas, incluso en las zonas verdes de la Universidad Nacional (UNA), en Heredia.

Otro estudio, llevado a cabo entre el 7 de setiembre y el 18 de noviembre de este año, detectó un impacto de la lluvia ácida en la cima del volcán Barva y el Parque Nacional Braulio Carrillo, a más de 40 kilómetros del Turrialba.

Amenaza tóxica. Los científicos se trazaron como objetivo –en ese estudio– determinar las modificaciones que pueden sufrir la vegetación del Barva y el Braulio Carrillo al exponerse a la lluvia ácida.

Allí encontraron una importante concentración de acidez, aunque aún no suficiente para ocasionar daños en la vegetación.

“Las mediciones denotan un nivel de acidificación importante, lo cual nos sugiere que la pluma está siendo dispersada a sitios alejados. En un período corto (de exposición), esto no es obvio.

“Si el nivel de emanación (de gases) se mantiene, los efectos se verán con el transcurso del tiempo porque es acumulativo”, explicó la científica del Ovsicori.

En Santa Cruz de Turrialba ya se divisan árboles de jaúl y cipreses con tejido vegetal muerto mientras que en el Irazú (a unos 10 kilómetros en línea recta) los guardaparques han reportado mayor corrosión en cerrojos y cercas.

En noviembre, el Turrialba entró en un período de relativa calma. Se redujeron los microsismos y la columna de gases ya no es tan vigorosa. La lluvia ácida puede causar irritación de ojos y molestias en el sistema respiratorio por su alto poder corrosivo.