Por: Irene Vizcaíno.   8 septiembre
Fernando Cruz asumió la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia el 1.° de agosto. Es el jerarca número 64 del Poder Judicial. Foto Jeffrey Zamora

Comenzó como juez de faltas y contravenciones en 1972. Con 46 años de carrera y contra muchos pronósticos, Fernando Cruz Castro llegó a la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia en agosto pasado.

Afirma que llega sin rencores, sin la intención de convertirse en un “salvador”, sin ambiciones y por poco tiempo, pero con el interés de ayudar a recuperar la confianza de la ciudadanía, pues considera que el Poder Judicial se ha visto particularmente golpeado por los cuestionamientos a las pensiones.

Habla de ser prudente, respetuoso con los otros poderes de la República y con la inspiración del fallecido expresidente de la Corte, Luis Paulino Mora,

–¿A un mes de estar en la silla de presidente, cuán diferente es ser magistrado a ocupar este cargo?

–Es mucho protocolo, mucha actividad en la que uno tal vez lo ve muy protocolario, pero es necesario que el presidente lo asuma como representante del Poder Judicial. Sí hay una diferencia en relación con el oficio del magistrado y más del constitucional porque el magistrado constitucional realmente está casi las 24 horas resolviendo.

– Cuando usted era juez, se consideraba que difícilmente iba a llegar a ser magistrado, porque solía ser muy crítico con la Corte...

No solo eso, recuerde que aparte de que fui fiscal general y tenía que enfrentar a la Corte, también estuve en la Comisión de Narcotráfico en el 89 y esa comisión cuestionó a la Corte y a tres magistrados.

–Bueno ahora, uno es compañero suyo ...

–Sí, don Jesús Ramírez.

–Después de eso, no era imaginable a Fernando Cruz de presidente de la Corte cuando ha sido el único magistrado que reunió los 38 votos en el Congreso para que no le renovaran el nombramiento

–Sí es muy extraño, muy extraño… por eso uno no debe acumular ni rencores ni resentimientos, porque la vida se va reconstruyendo muchas veces, por eso hay que reiniciar aunque haya dolor . A veces lo que más produce es que uno no entiende por qué le pasa algo. Gracias a Dios, pude sobrepasar lo del 2012 (los diputados no le prorrogaron el nombramiento, pero la votación fue extemporánea y no tuvo efectos) y he estado en la Sala. Todavía me dio la vida y el país, la oportunidad de estar ocho años más en un puesto tan interesante y tan importante como es la Sala Constitucional.

–¿Y usted se puso en ese reinicio para asumir la Presidencia de la Corte?

–Sí, porque tengo otras prioridades que cumplir, espero hacerlo bien pero tampoco me siento salvador, porque no soy salvador de nada, porque la Corte se salva entre todos, magistrados y magistradas, de por sí también los jueces, juezas y funcionarios judiciales, en un porcentaje abrumador, son gente que hace su trabajo. La esencia de la Corte no es Corte Plena, son todos los funcionarios que trabajan día a día construyendo la justicia, sin que se dé siempre, porque los jueces podemos administrar conflictos pero no siempre encontramos la justicia.

“Espero hacerlo bien, pero tampoco me siento salvador, porque no soy salvador de nada, porque la Corte se salva entre todos”.

–Ahora como presidente ¿cuál es su función en Sala IV?

–Trato de seguir lo que hizo don Luis Paulino Mora cuando fue presidente (1999-2013), iba los miércoles a sesiones de Sala cuando resolvían acciones y participar en algunos temas de consultas legislativas que, digamos, es lo esencial, trato de seguir la senda que señaló Luis Paulino, no sé si voy a aguantar.

–Ahora que habla del modelo de don Luis Paulino... no menciona a su antecesor Carlos Chinchilla

–Él estuvo poco tiempo, yo a Carlos... fue mi compañero, fue alumno mío en un curso de posgrado, creo que vivió momentos muy duros, pero no le dio tiempo de desarrollar lo que correspondía. Viendo objetivamente, Carlos no llevó un compromiso de reforma específico sino continuar lo que ya estaba, que ya es bastante, puede ser que alguno no lo recuerdo.

“Su leitmotiv para llegar a presidente no fue eso, sino la experiencia que tenía, los vínculos con otros poderes, la experiencia que ya tenía en sala penal, pero Luis Paulino sí se caracterizó por una dinámica muy potente de reformas que las impulsó siendo magistrado, no solo presidente. Recuerdo que fue uno de los que impulsaron el proceso penal de los 90 en las que yo participé, pero él fue uno de los impulsores, y tenía la gran habilidad de recibir el beneplácito de don Edgar Cervantes (presidente de la Corte de 1990-1999) que era muy conservador, pero don Luis Paulino tenía la gran capacidad de poner de acuerdo al demonio y a Dios para lograr esas cosas”.

–¿Y a Fernando Cruz cómo le va a ir?

–Estoy optimista porque estoy tranquilo y estoy tranquilo porque no ambiciono quedarme mucho.

“Don Luis Paulino tenía la gran capacidad de poner de acuerdo al demonio y a Dios para lograr esas cosas”.

–¿Qué significa eso?

–Quiero cumplir con la labor de restablecer la confianza en el Poder Judicial y hacerlo con humildad, con la confraternidad que corresponde y con mucha prudencia.

–¿Restablecer la confianza por los hechos del pasado reciente, cuestionamientos a miembros de Sala III, causas penales contra magistrados?

–Esa es una parte, la otra parte es complicada porque viene un poquito de más lejos. Por ejemplo, para la Corte ha sido terrible el tema del cuestionamiento al sistema de jubilaciones, creo que ha habido algunos aspectos que pueden ser cuestionables y otros en los que no hay culpa.

"Ese es un régimen muy viejo, de más de 50 años que, por el cambio de la longevidad, de la población, el bono juvenil se acabó, eso hizo crisis, pero el sistema de pensiones fue ideado en los 40 o 30 en virtud del dramáticas vivencias de algunos jueces en relación con su jubilación y eso no se ha visto. Es decir, el régimen de pensiones de la Corte no viene de hace 20 años viene de más de 50 y tiene entonces una serie de condiciones privilegiadas producto de la época en que envejecer era una excepción y no la regla. Ahora que la población más joven tiene que sostener a la de mayor edad, eso hace que el sistema entre en crisis, por supuesto se confunde el régimen de la Corte con el de Hacienda, y es muy diferente. Había y hay una fórmula de proporcionalidad en relación con las cuotas, pero todo eso se lo llevó el vendaval de que se piensa de que todas las jubilaciones son cuestionables y eso ha perjudicado a la Corte.

“Para la Corte ha sido terrible el tema del cuestionamiento al sistema de jubilaciones”.

–Era un fondo caro y ahora con el cambio generacional se siente...

–Pero además la gente dice, fulano tiene una pensión... pero es que hubo una contribución del 12% o 13%, pero eso lo que está señalando es que el sistema... nosotros tenemos una asignatura pendiente y es todo el régimen de jubilaciones del país... algunos creen que hay que centralizarlo, pero no es asunto fácil, nos vemos a palitos para aprobar una reforma tributaria imagínese usted un tema de pensiones. Los pensionados son políticamente muy débiles, la resistencia es bastante limitada, entonces desde el punto de vista político es posible plantear reforma, hacerlos y eso trae como consecuencia cuestionamientos ante la Sala (constitucional) sobre los que no puedo decir mucho porque los tengo pendientes.

“Lo que me llama la atención es cómo la cultura de nosotros los costarricense se ha exacerbado en la oposición a que el ciudadano común no pueda ir ante la Sala a cuestionar un acto legislativo, entonces se descalifica que un ciudadnao porque tiene una pensión de ¢6 millones va y cuestiona el acto, creo que es parte de las garantías de un Estado de derecho, pero como el ambiente ha estado muy caldeado sobre el tema, entonces las personas ni siquiera admiten que alguien vaya y le diga a la Sala que revise...”.

–¿De por qué no puedo recibir ¢6 millones o más de pensión?

–O si el acto está bien dictado, si responde a principios de razonabilidad y proporcionalidad y esa el toma y data de un Estado de derecho... el Legislativo tiene un gran poder pero tiene un contrapeso en los tribunales, y eso es lo que deberíamos comprender bien (...) pero el ambiente no está para discutir y dialogar con un ambiente equilibrado y pausado.

–Usted reconoce que la confianza está minada ¿Cómo planea usted enfrentarlo?

–Lo que nos ha pasado en los últimos cinco años es, aplico el refrán, entre todas la mataban y ella sola se moría... además de las pensiones, viene todo el tema que se produjo… las pensiones, los salarios, la objeción sistemática en los últimos años que hay a que cuánto ganan los funcionarios públicos, los pluses…

“Las personas dicen: ‘bueno ser juez no es tan sacrificado, ganan muy bien’. Al decir eso, ya la mística, el prestigio, la legitimidad de la población se pierde, pero no hay que perder de vista que este país ya tiene bastantes años según estudio del Estado de la Nación de venir con una deuda y un retraimiento en el tema de equidad y en el tema de equilibirio social, eso también lo recoge el Poder Judicial y es muy fácil que lo recoja porque la redistribución el ingreso no anda muy bien, si mal no recuerdo, el 80% de las personas reciben salario menor a ¢500.000... entonces una sociedad, que tiene garantías importantes, es una sociedad mucho más empobrecida de lo que queremos aceptar y en medio de eso descartar que un sector público que son 330.000 empleados reciban algunos o muchos beneficios, eso también provoca irritación y deslegitimación”.

–¿Se siente víctima, que hay deslegitimación?

–Sí por cuestionamientos sistemáticos, no por ser víctimas, es que el sistema político se ha deteriorado y el acto so cial se ha deteriorado y eso revienta por distintos lugares, el más evidente es la deslegitimación de lo que es el funcionariado y la institucionalidad.

–¿Y cómo se recupera la confianza?

–Se puede recuperar la confianza paso a paso. Se pueden corregir ciertas cosas, pero no es tan fácil porque, por ejemplo, disponer una reducción radical de salario no es fácil, no está en el horizonte, lo que creo es que hay un malestar que podemos atenuarlo, dar muestras de corrección.

“El Parlamento tiene mucho que ver con la forma en que elige magistrados y magistradas. Nosotros debemos asumir responsabilidad, no es que todo sea culpa de las circunstancias, pero no es fácil porque ese malestar no lo puede resolver el sistema judicial y el malestar va creciendo”.

–Otro gran reclamo es la mora judicial. Hace unos meses, Carlos Chinchilla presentó un proyecto.

–Ese proyecto se mantiene, es una buena idea, me parece que se puede fortalecer, si hay algo que un presidente de Corte y la Corte Plena no puede descuidar es el tema de la mora judicial porque es el único tema sobre el cual el Poder Judicial puede rendir cuentas, lo demás, si el fallo está bueno o malo... pero la mora judicial, la tardanza, es un tema que hay que abordarlo con mucha claridad y con mucha fortaleza. El proyecto de don Carlos se mantiene y se puede ampliar a otras. Se podría lograr mejores datos para la población para que tenga mayor accesibilidad al conocimiento sobre la mora judicial en diferentes instancias. Quiero emprender eso, en el sentido de que haya accesibilidad muy fácil para que la gente conozca informes de (la Dirección de) Planificación, críticas a una oficina judicial, denuncias de mora, denuncias disciplinarias sin poner quiénes son, hacerlo mucho más específico.

–Hay ocho sillas vacantes en Corte Plena ¿Cual es el perfil del magistrado para esta nueva coyuntura?

–El perfil está claro, personas con mucho currículum, mucha experiencia...

–¿De dentro o fuera del Poder Judicial?

–Pueden ser de fuera o de dentro. Personas que no estén muy vinculadas a los partidos políticos, que en todo caso no es lo mejor, lo importante no es que no tenga ideas políticas, sino que no esté vinculado desde el punto de vista político partidista, debe estar alejado de las pasiones y de las cuestiones político partidistas. Que tenga su ideología, tiene que tenerla, pero debe tener larga trayectoria muy respetable. Lo que pasa es que muchas veces el que elige de una manera, o un sector de los que eligen, sienten, que el que yo elijo debe reflejar lo que yo quiero. Es contradictorio.

“Por otra parte, también la Asamblea está muy atomizada, cuesta mucho, las decisiones más dificiles son para elegir a los magistrados constitucionales y los magistrados penales”.

–Pero hay dos constitucionales y cuatro en la cuarta (por elegir)

–Los constitucionales porque definen la Constitución y una serie de temas…. Y lo penal es muy importante, básicamente porque son los que juzgan a los miembros de los supremos poderes. ¿Cuál es el perfil? Yo no puedo saber, salvo lo que creo que es el ideal, pero las fórmulas para elegir –que ya lo han dicho varios estudios– es muy opaca, es un dato evidente, creo que ya se ha hecho una reforma reciente, cada cierto tiempo reforman el reglamento, pero, por ejemplo, un punto débil o una amenaza: si usted reserva un 40% para la entrevista, cómo hace para manejar con criterios de aproximación objetivos un 40% que puede ser la puerta de entrada para ubicar a personas con valoraciones que no puedo conocer. Yo no puedo conocer por qué personas con antecendes extraordinarios son excluidos y otros son incluidos.

“De feria, podría ser que el plenario se aparte de la recomendación, porque no está exigido por la Constitución, es una fórmula de buena voluntad”.

–¿Cómo le ha ido sin ocho magistrados propietarios?

–Tengo que reconocer que los suplentes tienen requisitos y méritos iguales a los propietarios, me parece que con los suplentes tanto para la Sala Constiucional como por la Corte Plena ha sido muy satistactorio.

–No hay habido distorsión, porque yo le veo poca fe de que se hagan pronto los nombramientos.

–No lo sabré decir, ni me gusta decirle al Parlamento que debe acelerar, sería una interferencia, una intervención. Ellos tienen sus tiempos y dinámicas, tengo que respetar eso, ellos sabrán la urgencia de eso.

"Pero me parece que así como yo espero el respeto de los parlamentarios, yo no debo ponerme a dar opiniones de si se cumple o no, reprochar de que si algo es urgente no lo hayan resuelto. Es una dinámica complicada en una asamblea que tiene un multipartidismo muy exacerbado, que no son ocho o diez fracciones, sino que en el seno hay divisiones, es un rompecabezas, muy complicado.

–Usted habla de mora, pero también hay recorte de presupuesto. ¿Cómo va a resolver la Corte?

–Es difícil, si uno tiene tribunales especializados, tiene un costo muy alto y debería presupuestar. Mi opinión, que no se traduce en una aplicación jurídica, es que cuando usted va a crear tribunales como crimen organizado, debieran tener una financiación independiente y eso libera a la Corte, pero el asunto no es fácil.

"Podemos y se debe procurar racionalizar al máximo los gastos, pero no es fácil. El drama está a la vuelta de la esquina, porque el país está viviendo una crisis fiscal muy complicada y uno no puede desconocer ese dato, pero es cierto que nosotros arrojamos evidencia sobre el exceso de trabajo y las soluciones no están a la vuelta de la esquina.

–La mora sigue pendiente ¿cómo lo van a resolver?

–Habrá que seguirla, pero sin presupuesto, y teniendo imaginación para buscar soluciones que se pueden lograr, como ese programa de Carlos (Chinchilla), pero siempre estructuralmente hay mora, pueden producirse demoras estructurales, especialmente en lo penal. Ahora vamos a tener un nuevo proceso civil, tenemos uno nuevo laboral, porque no hay duda de que del seno de la Corte han salido muchas reformas buscando agilizar procesos, dar mejor calidad de justicia por la cercanía a través de la oralidad y acelerar soluciones de conflictos.

–En cuanto a agenda de Corte había más de 100 asuntos pendientes. ¿Se ha logrado avanzar?

–Creo que se ha logrado agilizar, pero una de las cosas pendientes, ojalá los compañeros lo apoyen, era que se hiciera un reglamento de debate para que haya una limitación razonable de la palabra para resolver con mayor agilidad, porque 22 personas es complejo, casi la mitad del Parlamento, eso hace que las agendas vayan muy lentas.

“Otra posibilidad es la que estudia una comisión que preside el magistrado William Molinari que es para redistribuir el sistema, lo que sería el derecho procesal orgánico, es la redistribución de funciones entre Consejo (Superior), cambiar la estructura del Consejo y reducir más las competencias de Corte Plena. Si nosotros logramos tener un reglamento que racionalice más las intervenciones, la agenda nuestra es más amplia, y si logramos reducir competencias de la Corte Plena, que es un órgano poco ágil, y pasarla a un Consejo constituido de manera diferente, es un panorama muy importante para agilizar más.

Esa comisión urge a raíz de la crisis que inició el año pasado.