Rodolfo Martín. 12 julio
Ileana Sevilla Jarquín guardó silencio durante casi todo el proceso.A su lado, el fiscal Idelfonso Saborío. Fotografía suministrada por Rodolfo Martín.
Ileana Sevilla Jarquín guardó silencio durante casi todo el proceso.A su lado, el fiscal Idelfonso Saborío. Fotografía suministrada por Rodolfo Martín.

Limón.- Una mujer que perdió al segundo de sus siete hijos por un asesinato, levantó la voz durante la última fase del juicio contra los sospechosos para denunciar que los testigos habían sido amenazados.

Ileana Sevilla Jarquín sorprendió a todos en la sala de debates de los Tribunales de Limón, el miércoles, cuando ya el proceso llegaba a su fin. Para entonces era inminente el fallo absolutorio en favor de los imputados, pues incluso el Ministerio Público solicitó liberarlos a falta de pruebas.

“Eso es lo que pasa siempre. A los testigos los matan antes o después del juicio.} (…) Todos los testigos tienen miedo de venir a decir la verdad porque desde antes de que vaya a comenzar el juicio los amenazan", aseveró.

Su hijo, José Aarón Castillo, fue asesinado de un escopetazo el 3 de mayo del 2017 en el precario Villa Plata, cuando celebraba su cumpleaños número 30.

Según ella, no es cierto que los testigos tengan confidencialidad. “Todo el mundo los podrá ver, estarán nerviosos y ya no van a decir lo que tenían que decir”.

La madre fue vehemente aunque tenía a corta distancia a los acusados, de apellidos González y Flores , vecinos del fallecido. Los dos fueron absueltos por duda y recobraron la libertad tras un año y un mes de cumplir prisión preventiva.

El aporte de los testigos era fundamental porque, solo con la confirmación de sus declaraciones originales, podía amarrarse un caso elaborado a partir de indicios pues, entre otras limitaciones de la investigación, nunca pudo identificarse quien había disparado.

Sin embargo, al variar las manifestaciones, el Ministerio Público se quedó sin prueba y la acusación se cayó.

“Ustedes saben muy bien que están dejando a dos delincuentes libres para seguir haciendo de sus fechorías”, dijo la madre a los miembros del Tribunal, José González Ulloa, Carlos Álvarez Arrieta y Marbeli Porras Venegas, quienes le permitieron hablar a último momento al considerla una víctima en esta historia.

“Yo me quise mantener al margen de este proceso como la madre del muerto. Ni siquiera quise ofrecerme como testigo porque todo el mundo iba a pensar que por estar dolida iba a decir cosas que no eran”, expresó la mujer,oriunda de Bluffields, Nicaragua, con 25 años de residir en el país.

Ella es del criterio de que en Limón los testigos tienen miedo de comparecer porque desde antes de que comience el debate, son sujetos de amenazas.

Al juicio fueron convocados no menos de seis personas, dos de ellos menores de edad.

“Si los testigos hubieran venido a corroborar lo que dijeron al principio, sí tenían culpabilidad", añadió la mujer.

Idelfonso Saborío, fiscal de juicio, admitió en sus conclusiones que al producirse este cambio de parecer de los testigos, se veía obligado a solicitar una sentencia absolutoria, en acatamiento al principio de objetividad que debe respetar.

El único testigo extraño a la comunidad fue un oficial del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) que solo relató lo que le habían contado los vecinos.

“La teoría del caso era la correcta, pero tenía que ser acreditada en juicio por los testigos”, dijo el representante del Ministerio Público.

Saborío no descartó que los comparecientes estuvieran amenazados, lo planteó como una posibilidad, pero sí fue directo al manifestar que no llegaron a colaborar con la justicia.

El fallecido llegó al país a los seis años de edad y se ganaba la vida como peón de construcción o en la elaboración y arreglo de botes o lanchas de fibra de vidrio.

El móvil del homicidio, según las investigaciones, fue un disgusto personal porque la noche anterior al hecho, Castillo habría llegado a buscar a la que fue su compañera por dos años para que celebrara el cumpleaños.

Ella vivía en la casa de uno de los imputados.

Aunque la mujer finalmente no salió y Castillo se alejó del sitio, presuntamente, los sospechosos fueron a buscarlo para reclamarle. Sería entonces cuando se habría producido el crimen.

Hubo gente que aseguró haber visto a los supuestos homicidas dirigirse y llegar hasta la casa del ofendido y l luego retirarse. Cuando comparecieron en el juicio, sin embargo, ya no estaban seguros de la cantidad de personas que vieron ni las ropas descritas.