Vanessa Loaiza N.. 25 agosto

Los timadores desde las cárceles no discriminan a la hora de escoger, solo les importa que usted tenga una cuenta de banco y fondos disponibles.

Aprovecharán el poco o mucho dinero que usted disponga para gastarlo en el pago de servicios públicos o en la compra de electrodomésticos y línea blanca.

Tienen un discurso aprendido, tanto que a veces no se dan cuenta que lo repiten con la misma posible víctima. Justo eso le ocurrió a finales de junio al abogado Christian Hess Araya, quien reconoció que han intentado timarlo en tres ocasiones y con la misma historia.

Según relató a La Nación, siempre le dicen que una mujer, a la que identifican con el mismo nombre y los mismos apellidos, está extrayéndole dinero desde su cuenta en el Banco de Costa Rica.

Hess, quien también es columnista de “Página quince”, en este diario, compartió el relato completo de lo ocurrido en su perfil de Facebook, con la finalidad de que más personas estén alertas con la estrategia y no se dejen engañar.

Nunca revele datos sensibles sobre sus cuentas bancarias. Ningún funcionario de un banco lo llamará por teléfono para solicitarle claves de acceso, por ejemplo. Imagen: Shutterstock.
Nunca revele datos sensibles sobre sus cuentas bancarias. Ningún funcionario de un banco lo llamará por teléfono para solicitarle claves de acceso, por ejemplo. Imagen: Shutterstock.

Este es el texto completo, reproducido con su autorización:

"No me lo van a creer. De verdad, van a pensar que es mentira. Pero juro solemnemente que esto me ocurrió hoy (24 de junio):

“A las 12:05 p. m. suena el teléfono de mi casa. La llamada proviene del número 6301–XXXX, que es desconocido para mí. Atiendo y la conversación se desarrolla más o menos como sigue”:

– Él (con voz formal y vehemente): ¿Hablo con el señor Christian André Hess Araya?

– Yo: Sí, soy yo.

– Él: Caballero, lo saluda xxxx (no recuerdo el nombre), del Departamento de Seguridad Informática del Banco de Costa Rica. El motivo de mi llamada es para corroborar dos transacciones que están siendo realizadas en estos momentos desde su cuenta bancaria, a nombre de la señora xxxx.

“Interrumpo aquí la historia para explicar que es la tercera vez que me intentan estafar telefónicamente. Siempre es del BCR, siempre son dos transacciones y siempre es la señora xxxx. La única diferencia es que las llamadas anteriores provenían de un número privado. La primera vez me asusté y estuve a punto de caer. La segunda vez me enojé y los mandé para el carajo. Pero, no sé por qué, esta vez decidí tomármelo con buen humor”.

– Yo (con tono jocoso): Ja, ja, ja, no conozco a la pobre xxxx, pero siempre la están tratando de meter en enredos. ¡Es la tercera vez que me llaman con lo mismo y siempre ha sido mentira, así es que no se preocupe, no hay ningún problema!

– Él (cambia súbitamente a tono informal): ¡¿En serio mae, ya lo han llamado?!

– Yo: ¡Claro, esa pobre xxxx no sé qué estará pagando para que la hayan agarrado así con ella!

– Él: Mae, dígame una cosa, ¿usted de casualidad no conoce a alguien con platilla para llamarlo a ver si cae?

– Yo (absolutamente atónito, no puedo evitar estallar de risa): ¡Jajajaja, ¡qué va, amigo, ya nadie cae con eso!

– Él (con voz sarcástica): ¡Nombre, mae, viera cómo caen con esto a cada rato!

– Yo (con la sensación de que esta conversación ha ido demasiado largo, pero sintiéndome extrañamente jovial): ¡Bueno, bueno, mi estimado, suerte con eso!

“Y cuelgo”.