Por: Carlos Arguedas C. 16 septiembre, 2012
 El PANI procura sacar a los hijos de presos por drogas del ambiente en que viven para que no continúen el negocio. | ADRIÁN ARIAS
El PANI procura sacar a los hijos de presos por drogas del ambiente en que viven para que no continúen el negocio. | ADRIÁN ARIAS

“Es muy triste. Nos hemos encontrado niños que se esconden debajo de las camas. Gritan, lloran. Entran en crisis. Es muy difícil, pero los padres no piensan en ellos...”.

Así resumió Patricia Hernández Sánchez, funcionaria del Patronato Nacional de la Infancia (PANI), la experiencia vivida en decenas de allanamientos por casos de narcofamilias en San José.

“A nosotros nos llaman para que demos asistencia a los menores en casos de narcofamilias donde hay participación directa o indirecta de todos los adultos del núcleo. Siempre se procura dejarlos con algún familiar o los padrinos, pero si no se puede pasan a custodia nuestra.

”Tengo muy presente un caso que inició hace 10 años en Hatillo 8. A una mujer y su madre las detuvieron por vender drogas.

“Los seis hijos (de año y medio, dos años y medio, tres años y medio, 14, 15 y 16 años) debimos llevarlos a un albergue. Como la madre, que era una buena madre pues los tenía bien alimentados y en el sistema educativo, siguió con el paso de los años involucrada en la venta de droga y no se podía recurrir a la abuela, se dio un procedimiento de separación de hermanos. Los tres menores fueron adoptados por una familia nacional y a los tres adolescentes se les planeó un proyecto de vida independiente.

“Este grupo de hermanos fue rescatado oportunamente. La mamá al principio los visitaba con frecuencia, pero ella fue consciente y admitió que sus hijos tenían un mejor futuro acá”, narró Patricia Hernández.

La funcionaria añadió que recientemente constató que los seis hermanos están bien y ninguno ha tenido líos con la Justicia.