Hugo Solano C.. 16 enero, 2017

La ceniza del volcán Turrialba está compuesta por fragmentos de rocas, cristales y vidrio volcánico que, en caso de entrar a las altas temperaturas de una turbina, pueden derretirse, solidificarse, obstruir orificios y dañarlas.

De acuerdo con Guillermo Alvarado Induni, vulcanólogo de la Red Sismológica Nacional (RSN), cuando un volcán emite cenizas, conlleva problemas para las autoridades aeronáuticas, compañías aéreas, pilotos y pasajeros.

Según dijo, las partículas de ceniza fundidas pueden obstruir los inyectores de combustible y provocar pérdida total de potencia en los motores.

De las cenizas también se desprenden dióxido de azufre y cloro. Esos gases, mezclados con el agua en suspensión de la atmósfera, producen ácido sulfúrico y ácido clorhídrico, potencialmente peligrosos para el avión y sus ocupantes.

Los sistemas de cómputo del avión y los sistemas de refrigeración también sufren daños internos por ceniza.

Cuando el polvo volcánico cae sobre aviones estacionados y apagados, solamente se deben lavar, por lo que la incidencia es casi nula.

Granos de ceniza del Turrialba bajo el microscopio | RSN PARA GN.
Granos de ceniza del Turrialba bajo el microscopio | RSN PARA GN.

El 12 de marzo del 2015 los vientos arrastraron la ceniza del Turrialba al Valle Central y hubo que cerrar los aeropuertos Juan Santamaría, en Alajuela, y Tobías Bolaños, en Pavas, San José.

Más material juvenil. Los más recientes análisis de ceniza que hizo la RSN dejan ver que la cantidad de lava aumenta.

En el 2010 el porcentaje de material juvenil era de un 2%; para el 2015, era del 20 % y ahora es del 25%. Es decir, la cuarta parte de la ceniza emitida es de lava reciente, a la que se unen fragmentos de rocas, cristales y vidrio.