Hugo Solano C.. 23 octubre, 2019
Todo un corredor que va del cráter hasta la casa de guardaparques muestra vegetación quemada por la lluvia ácida, informó la CNE. Foto: Cortesía CNE.
Todo un corredor que va del cráter hasta la casa de guardaparques muestra vegetación quemada por la lluvia ácida, informó la CNE. Foto: Cortesía CNE.

Las erupciones de gases y ceniza que lanzó el volcán Poás en setiembre pasaron la factura a la vegetación de ese Parque Nacional situado en Alajuela, que resultó quemada por el efecto de los químicos.

“Se generó una lluvia extremadamente ácida, la vez que incluso se formó una espuma en la zona del mirador del cráter, lo cual generó un impacto inmediato en la vegetación que se encuentra muy marchita”, explicó Blas Sánchez, geólogo de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE).

Indicó que la zona de mayor afectación va desde el mirador hasta la parte que pasa por detrás de la casa de visitantes del volcán, que tradicionalmente sufre cuando hay eventos fuertes de lluvia ácida.

Los geólogos tuvieron que esperar varias semanas para tener una mejoría en el tiempo y sobrevolar con un dron las zonas que se vieron afectadas.

La visita reciente les permitió documentar lo ocurrido y actualizar los mapas de peligros volcánicos que contemplan efectos por lluvia ácida, impactos balísticos, ceniza, flujos piroclásticos y lahares o avalanchas.

Sánchez indicó que actualmente el parque sigue abierto al turismo, ya que solamente se afectó la vegetación, pero el monitoreo es constante, pues se trata de un volcán activo.

Durante las visitas al macizo, los guardaparques usan sensores de mano que permiten el monitoreo y la rápida acción, en caso de que se eleven los nivel de gases volcánicos perjudiciales para la salud.

Sensores como este, lanzan una alerta sonora cuando el nivel de gases nocivos para la salud aumenta en la zona del mirador, lo que obliga al desalojo. Foto: CNE.
Sensores como este, lanzan una alerta sonora cuando el nivel de gases nocivos para la salud aumenta en la zona del mirador, lo que obliga al desalojo. Foto: CNE.

Actualmente el Parque cuenta con cinco refugios de protección y sensores con alertas en colores azul, amarillo y rojo que advierten con un potente ruido a los visitantes y guardaparques en caso de una eventualidad que obligue a la evacuación.

De acuerdo con el vulcanólogo Mauricio Mora, de la RSN, otra de las variantes que presenta el coloso es una leve recuperación de la laguna cratérica, debido a las fuertes lluvias.

“El lago ahora es muy susceptible a la lluvia que recibe y al estado interno del volcán. De momento es posible que no haya suficiente intercambio térmico y eso permite recuperarlo. No sabemos si cuando la lluvia cese vaya a desaparecer debido a la filtración, evaporación o la misma actividad volcánica”, puntualizó.

Al mermar la actividad eruptiva poco a poco se recupera la laguna cratérica del coloso alajuelense. Foto: RSN.
Al mermar la actividad eruptiva poco a poco se recupera la laguna cratérica del coloso alajuelense. Foto: RSN.