Chef Luciano Lofeudo
Chef Invitado

No baila tango, pero sí le pone ritmo cuando de cocinar se trata y de conocer a los buenos cocineros, así como el origen y uso de los ingredientes de cualquier país donde él trabaje.

Así podemos definir a Luciano Lofeudo, como un viajero incansable por las cocinas de América del Sur y México. Nacido en el corazón de Buenos Aires, Argentina, llegó a Costa Rica en el 2016 para unirse a sus dos socios y abrir el restaurante Isolina, en Barrio Escalante.

Se enamoró de Costa Rica, de sus paisajes y de su cocina. Le encanta el gallo pinto, el chifrijo, el patí y el rice and beans.

Aunque en un principio estudió administración gastronómica luego de unos meses se dio cuenta que su camino no estaba en las aulas y decidió abandonar los estudios para perseguir sus sueños en las cocinas profesionales, siempre en busca de chefs de renombre internacional.

Fue así como estuvo en Perú, cuya gastronomía marcó mucho su carrera. Luciano además recorrió múltiples destinos en América Latina como México, Brasil, Uruguay, Bolivia y Colombia. Siempre con el foco en sus cocinas y culturas.

Pero algo en que hace énfasis Luciano cuando habla de chefs de cierto prestigio, es que sus conocimientos más importantes los ha obtenido gracias a los contactos con los cocineros que trabajan en la trinchera, pues de ellos aprendió muchas técnicas y usos de los productos locales de cada país.

Desde que llegó a Costa Rica hizo hincapié en visitar los mercados y ferias para poder introducir el producto local en su cocina, echando mano a ellos para darle un sentido de localidad a sus platos. Como muchos extranjeros, admira el cas tico y la miel de carao, y otros productos que llegó a conocer aquí.

Al referirse a la cocina costarricense, comenta este amante de las barbacoas mexicanas y de sus chiles, que aquí hay muchos productos que podrían ser aprovechados. “Lo que deben hacer los cocineros es mirar más hacia adentro, valorizar más lo que ofrece el país y no lo que hay afuera, esto es lo que ha hecho grande la cocina peruana”, comenta el argentino.

Luciano lleva la cocina en las venas y recuerda que desde que tenía 14 años ayudaba en la casa con la comida. En los tiempos libres del colegio hacía bombones para venderlos.

Además, trabajaba en algunos restaurantes en las vacaciones. Luciano nunca dió un paso atrás para seguir haciendo lo que ama: experimentar entre fogones platillos que conquistan paladares.