Mónica Morales. 28 octubre

La leche es la principal fuente de calcio para el desarrollo sano de huesos y, en etapas de crecimiento, este alimento juego un rol muy importante. Por eso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda alimentar a los niños exclusivamente con leche materna durante los primeros seis meses de vida. Durante esa etapa la leche materna aporta toda la energía y nutrientes que el niño necesita.

De acuerdo con la OMS, después de esos primeros seis meses de edad, la lactancia puede extenderse hasta los 24 meses. En este periodo la leche materna cubre un poco más de la mitad de las necesidades nutricionales del niño, por lo que es necesario poco a poco iniciar la introducción de otros alimentos que, en conjunto, permitan cubrir el requerimiento de todos los nutrientes esenciales para obtener un crecimiento y desarrollo adecuados.

Es muy común que, entre el primer y segundo año de edad del niño, la mayoría de mamás reducen o suspenden la lactancia, por lo que buscan opciones de alimentos que se adapten a las necesidades de su pequeño.

Uno de esos alimentos es la leche, que contiene calcio el cual es el principal componente de los huesos, necesario para mantener una buena salud ósea. La insuficiencia de este mineral ocasionaría, a largo plazo, masa ósea baja (osteopenia) y un aumento de los riesgos de osteoporosis y fracturas.

Si bien es cierto que varios alimentos aportan calcio, los lácteos son la mejor fuente de este mineral. De acuerdo con Asch, en niños de uno a tres años, la cantidad necesaria son dos porciones de leche por día (480 ml). Después de los tres años, el niño debería consumir tres porciones (720 ml).

Pero, ¿qué es mejor? ¿La leche de vaca o la leche fortificada de crecimiento? La máster en nutrición pediátrica, Katherine Asch, explica que “las leches de crecimiento aportan menos cantidad de proteína que la leche de vaca, por tanto, evitan una sobrecarga a nivel digestivo y renal”.

“Además, las leches fortificadas de crecimiento contienen nutrientes esenciales como pre y probióticos, que la leche de vaca no aporta, y que son fundamentales para desarrollar una barrera de defensa en la pancita de los niños y así reducir el riesgo de padecimientos como diarreas”, agregó la especialista.

Otro beneficio es que, al ser fortificadas, aportan mayor cantidad de nutrientes esenciales, vitamina A y D, zinc, hierro y proteína; si se compara con la leche de vaca (ver cuadro comparativo).

La Asociación Española de Pediatría y la Sociedad Europea de Hepatología y Nutrición de Gastroenterología Pediátrica aconsejan las leches fortificadas de crecimiento como un buen vehículo para el enriquecimiento de ciertos nutrientes esenciales para los niños.

En relación a este tema, Paola Fatjó, gerente de marca de NIDO® para Centroamérica, explica que “muchos papás al ver a su niño cumplir 1 o 2 años, lo ven caminar, crecer y descubrir; piensan que es un adulto y que puede adaptarse a la alimentación familiar. Sin embargo, es importante que los padres sean conscientes que, en las etapas de rápido crecimiento, los niños tienen necesidades nutricionales diferentes a las de un adulto”.

“Es importante tener claro que las leches fortificadas de crecimiento son un complemento de una alimentación sana y balanceada del niño, así como no exceder la recomendación de consumo diario, la cual son 2 vasos al día, que se prepara mezclando 3 cucharadas soperas de NIDO® a 200ml de agua, dos veces al día”, concluyó Fatjó.