Redacción Perfil. 19 enero

El estrés es un estado emocional con el que estamos familiarizados, de hecho, es una reacción natural necesaria para ponernos alerta y sobrevivir. Sin embargo, son ampliamente conocidos los impactos negativos para la salud física y mental que tiene el estar sometidos constantemente a tensión emocional, más aún en un contexto de confinamiento obligado. Este hecho es especialmente riesgoso si tenemos en cuenta que la ansiedad elevada genera estrés y, de manera cíclica, el estrés es una de las fuentes más comunes de ansiedad.

Para el Dr. Paulo Castro, experto en Medicina del Bienestar de la Clínica Vitality, “cuando enfrentamos temor e incertidumbre ante las circunstancias que nos rodean, esto puede también afectar nuestra relación de pareja y, en consecuencia, la calidad de nuestra vida sexual”.

Investigadores españoles realizaron un estudio —publicado por la revista Journal of Affective Disorders— donde encuestaron a más de 5.000 personas en línea, encontrando que, el 65% de la población tiene síntomas de ansiedad o cuadros depresivos debido al confinamiento por Covid-19. Estos datos explicarían por qué existe una tendencia entre los profesionales de la salud a considerar que el COVID-19 ha tenido un impacto negativo sobre la afectividad y la sexualidad, las cuales, se han visto condicionadas por factores que van desde la psicología personal hasta variables socioeconómicas relacionadas con el desempleo, el ingreso familiar, la carga de trabajo o el mero aislamiento de la población y su consecuente reducción de intercambio social.

Afectación a la vida sexual

Como explica el Dr. Castro, “en referencia al impacto del estrés en la vida sexual de las parejas, hay que tener en cuenta que, pese a que el estrés suele tener los mismos desencadenantes en hombres y mujeres, la manera en que impacta la vida sexual de cada uno es diferente”. Por ejemplo, en los hombres se suele manifestar a través de síntomas como la disfunción eréctil y la eyaculación precoz. Además, si el problema ya se tenía desde antes, el estrés puede agudizarlo. Adicionalmente, la eyaculación precoz impide tener relaciones satisfactorias y esto también puede ser una causa de estrés y malestar para las parejas.

En el caso de las mujeres, el cuerpo reacciona al estrés con efectos como la falta de lubricación y los cambios hormonales. Sin embargo, como indica el Dr. Castro, la carencia de lubricación no siempre está relacionada con la carencia de deseo, así como también puede suceder que exista lubricación sin necesariamente haber llegado a la excitación.

“Los cambios hormonales femeninos provocados por el estrés, pueden llegar a alterar el ciclo menstrual, reducir sensiblemente la libido, desencadenar dolores de cabeza, provocar alteraciones intestinales, o incluso, en el caso de mantener relaciones sexuales, puede ser que éstas no lleguen a ser satisfactorias, por lo cual, es posible que se pierda el interés de intimar con la pareja”, añade el Dr. Castro.

Tomar en cuenta estas apreciaciones ayuda a comprender por qué múltiples investigaciones concuerdan en el impacto de la pandemia sobre la sexualidad. Un ejemplo es el estudio publicado en la revista científica Leisure Sciences en junio 2020, el cual, tras una encuesta contestada por 1.559 personas mayores de 18 años, concluyó que el 43,5% de los participantes resintieron una disminución de la calidad de su vida sexual, frente a un 13,6% que asegura que habría mejorado; mientras que un 42,8% afirmaba que se habría mantenido igual que antes de la pandemia.

¿Qué hacer?

Conviene evaluar si el estrés o la ansiedad están afectando nuestra vida sexual para encontrar causas directas que se puedan resolver o mitigar. Resulta fundamental poner en perspectiva la importancia de la vida en pareja y enfocarse en brindar tiempo de calidad a la relación.

Si el estrés, por ejemplo, tiene que ver con las cargas sobre el cuidado de los hijos, es aconsejable apoyarse en la familia o amigos cercanos para equilibrar los tiempos de cuido y así evitar que uno de los miembros de la pareja se canse más que el otro.

Si el estrés es por carga laboral, es importante separar en la medida de lo posible el ámbito del trabajo de la vida doméstica y de pareja, así como aprovechar cada momento para descansar o compartir con las personas cercanas.

También es importante tomar en cuenta el componente físico. En este sentido, de acuerdo con el Dr. Castro, es conocido que el ejercicio regular ayuda a la salud física en general y contribuye a mantener un peso saludable y reducir el riesgo de enfermedades y trastornos no transmisibles, como la hipertensión, enfermedades coronarias, accidentes cerebrovasculares, diabetes e incluso el cáncer.

“No obstante, son innumerables los beneficios psicológicos que se pueden capitalizar al tener una vida activa, beneficios que incluyen la reducción del estrés, el favorecimiento del balance químico cerebral y la regulación hormonal, lo cual ayuda a reducir la aparición de efectos negativos que incidan sobre la vida sexual de las parejas”, comenta el Dr. Castro.

Si los problemas tienen mayor profundidad, el Dr. Castro recomienda buscar ayuda profesional para encontrar soluciones integrales que contribuyan desde la perspectiva psicológica, fisiológica y hormonal a elevar el nivel de satisfacción sexual dentro de la pareja.

Fuente: Dr. Paulo Castro de Clínica Vitality, tel. 2225-0767.