Jorge Arturo Mora.   20 julio, 2019
Hace 75 años ocurrió la Operación Valquiria, el fallido intento por asesinar a Adolf Hitler. Ilustración: Dominick Proestakis

Eran trece minutos para matar a Adolf Hitler.

El 20 de julio de 1944, a las 10:10 de la mañana, el Führer esperaba al coronel conde Claus von Stauffenberg para hablar sobre la creación de nuevas divisiones militares. Por su parte, el coronel asistiría a la reunión para explotar una bomba.

Al arribar a la Guarida del Lobo (el cuartel general de Hitler en Europa del este) Von Stauffenberg pidió permiso para dirigirse a una habitación contigua para cambiarse la camisa, excusa que utilizó para armar el mecanismo de dos bombas. Tras la tardanza, enviaron a un cabo para apurar al conde, quien solo pudo activar uno de los artefactos. Von Stauffenberg creyó que con un solo explosivo bastaría, pues el tiempo apremiaba.

Al comenzar la reunión, el conde aseguró que tenía problemas para escuchar a Hitler. Se acercó, dejó la cartera con el explosivo a su lado y pidió permiso para salir del cuartel para atender una llamada.

Afuera del recinto, el coronel hizo explotar la bomba. ¿El resultado? Un estallido que apenas le provocó heridas leves al Führer.

Un grupo de oficiales alemanes decidió emprender este plan de magnicidio para asesinar al máximo líder del Partido Nazi en un complot llamado Operación Valquiria. Se sabía que la misión no era sencilla, pero la situación política era incontrolable y, de todos los intentos por aniquilar a Hitler, Valquiria fue el que se gestó con mayor intensidad.

La premisa de exterminar a las minorías, sobre todo a los judíos, fue el punto de disentimiento entre von Stauffenberg y el Führer, al punto en que el coronel llegó a considerar a Hitler como “un monstruo”.

Para ese año, la guerra había tomado tintes raciales que desencantaban a von Stauffenberg. Además, para finales de 1942, Alemania había sufrido la derrota en la Batalla de Stalingrado y el imperio alemán comenzó a tambalearse. El pánico se desató en las filas nazis y la desazón del Día D estaba fresca (el desembarco en Normandia ocurrió poco menos de un mes antes, el 6 de junio de 1944).

Tras la inminente derrota nazi, lo que restaba para cierto grupo de oficiales alemanes era disminuir los daños y negociar con los adversarios, aspectos en los que Hitler no coincidía. Durante años de clandestinidad, un grupo de comandantes se alió para hacer estallar la Guarida del Lobo.

¿Qué hubiese sido del mundo si el atentado para ejecutar la Operación Valquiria hubiera tenido éxito? Pamela Ramírez, profesora universitaria; Junior Aguirre, especialista en Segunda Guerra Mundial; y Óscar Espinal, internacionalista; teorizan sobre un mundo paralelo en el que Hitler murió por la explosión.

Así quedó la Guarida del Lobo (como se le conocía al cuartel de Hitler) tras la explosión de bomba que pretendía aniquilarlo. Foto: WikiCommons

¿Hubiese habido un sucesor de Hitler?

Sí. Los tres estudiosos señalan que Erwin Rommel, un admirado militar alemán conocido como El Zorro del Desierto, hubiera tomado su puesto. Rommel fue un hombre diplomático y de gran retórica, que posiblemente hubiese hecho negociaciones para acabar la guerra. A pesar de no haber tenido contacto directo con von Stauffenberg, Rommel hizo migas con el grupo de oficiales que planeaban la Operación Valquiria. “Rommel peleó en Afrika Korps (fuerza militar alemana enviada al norte de África en 1941) sin impulso de guerra racial, por lo que no hubiese continuado con las premisas arias de Hitler”, señala Aguirre.

Ramírez acuerpa esta postura. “Rommel siempre presentó una ética militar impecable a pesar de las condiciones de crueldad en la guerra. Incluso consideraba que Hitler debía ser encarcelado y juzgado en vez de ser asesinado, lo que demuestra que su pensamiento no seguía la misma línea que el que se había desarrollado a partir del nazismo de Hitler, especialmente en los campos de concentración y las demás practicas inhumanas de coerción empleadas, por lo que se puede intuir que Rommel realmente presentaba deseos de detener la masacre a la que se dirigía Alemania con el término de la guerra. Muy posiblemente, Rommel hubiese negociado los términos de paz con los Aliados para dar fin a la destrucción”.

El 14 de octubre de 1944, la radio alemana dijo que Rommel murió en su casa de Herrlingen a causa de las heridas recibidas en Normandía. Con el paso de las décadas, se especuló que en realidad fue asesinado por la Gestapo, la policía secreta oficial de la Alemania nazi.

¿Quién hubiera sido el ‘gran ganador’ de la muerte de Hitler?

Espinal y Aguirre señalan que sin dudas el pueblo alemán hubiese sido el más favorecido.

Cuando Stalin envió al Ejército Rojo a la toma de Berlín, la invasión soviética dejó entre seis y diez millones de damnificados e implicó ocurrieron violaciones masivas y saqueos. Todo eso es probable no hubiese ocurrido si Hitler hubiera muerto en Valquiria.

También se hubiese evitado el expolio que sufrió Ucrania en la línea Molotov–Ribbentrop. Se considera que entre dos y cuatro millones de personas fueron damnificadas por la invasión soviética.

Para Ramírez, la muerte de Hitler en 1944 hubiera traído bienestar a todo su país. “En términos sociales los mismos alemanes hubieran podido encontrar el mayor beneficio con la muerte de Hitler ya que las condiciones que trajo consigo la guerra durante 1944 hasta su término en 1945 fueron devastadoras. Una temprana rendición durante la guerra hubiera salvado la vida de miles de civiles de y los soldados que murieron en el frente de batalla”.

“Además, desde el punto de vista económico, Alemania se hubiera ahorrado millones de dólares que fueron empleados para la reconstrucción del país”, agrega.

Erwin Rommel, conocido como El zorro del desierto, fue un mariscal de campo alemán muy condecorado durante la Primera Guerra Mundial. Recibió la prestigiosa medalla Pour le Mérite por sus acciones en el frente italiano. Foto: WikiCommons

¿Se hubiese dividido Berlín?

No. “Por eso Berlín hubiese sido el gran ganador”, reitera Aguirre.

Rommel hubiese devuelto los territorios ocupados y hubiese representado a Alemania en la Comisión Consultiva Europea, formada por Gran Bretaña, la Unión Soviética y los Estados Unidos. Allí se firmó el Protocolo de Londres, en el que se establecía la división de Alemania. “Sabiendo que Rommel era un gran negociador, se hubiese hecho sentir en la reunión. Tomando de excusa lo sucedido con el Tratado de Versalles (donde Alemania tuvo que aceptar la responsabilidad de la Primera Guerra Mundial y se vio obligada a pagar indemnizaciones a los países victoriosos) hubiera logrado que no dividieran en dos a Alemania”.

Ramírez agrega que “muy probablemente Alemania no hubiera sido vista como una amenaza que requiriese ser desmembrada como sucedió realmente debido a que se hubiera dado una negociación pacifica con los Aliados, ya que era el principal objetivo de Rommel era evitar tanto malestar para su país”.

¿Se hubiese alivianado la damnificación del pueblo judío?

Aguirre es contundente. “No. Las consecuencias ya estaban dadas y el número de judíos víctimas se hubiese mantenido igual. Para 1944 ya los campos de concentración estaban puestos en marcha. En Auschwitz ya se había hecho el daño, por ejemplo”, señala.

Este muro con fotos históricas se encuentra en el sitio conmemorativo del antiguo campo de concentración nazi Auschwitz-Birkenau en Oswiecim, Polonia. Allí fue el sitio del mayor número de asesinatos cometidos durante la Segunda Guerra Mundial. Foto: Joel Saget / AFP

¿Hubiese habido Guerra Fría?

“Hubiese sido distinta”, analiza Aguirre. “Si Rommel hubiese negociado la posguerra con Stalin, Churchill, Roosevelt y Charles de Gaulle, no se hubiese desatado el temor de que el capitalismo entrara a Oriente, por lo que las fronteras de la cortina de hierro hubiesen sido distintas, pues Rommel hubiese asegurado que Alemania serviría como un tapón del capitalismo".

“Mínimo se hubiese postergado la Guerra del Pacífico”, acota Espinal. “No se hubiesen arriesgado porque los soviéticos no hubiesen sabido de la existencia de las armas nucleares estadounidenses”.

¿Hubiese ocurrido una carrera armamentista?

Tal vez no. “Para entender esta dimensión hay que recurrir a Franklin D. Roosevelt”, señala Aguirre. “Roosevelt nunca quiso la guerra, no le entusiasmaba. A él le tocó adentrarse por la fuerza. Quien comienza la carrera armamentista es su sucesor, Harry S. Truman, quien toma el poder en 1945. Si Hitler hubiera muerto en 1944 no hubiese comenzado la tensión con el Pacífico, y Japón no se hubiese sentido desprotegida”, complementa Espinal.

Hiroshima tras los ataques del 6 de agosto de 1945. Las bombas atómicas mataron a más de 200.000 japoneses. La mitad murió por efectos de la radiación. Foto: National Geographic

¿Polonia hubiese existido como nación independiente?

Sí. “Para no asfixiar a Alemania por interés estratégico. Existió un miedo de que los soviéticos no entraran a Alemania”, afirma Espinal. Por su parte, Aguirre dice que “era la oportunidad de disfrazar el temor como estrategia. Replegarse lo más lejos posible hubiera sido de gran interés para Rommel”.

¿Hubiese habido un plan para exterminar posteriormente a Rommel?

Posiblemente no. Los especialistas aseguran que pudo haberse desarrollado un pequeño movimiento con los ideales de Hitler, pero sin el músculo necesario para alguna insurrección. "Me recuerda mucho a los libros que hablan sobre la muerte de Hitler. Como si fuera un cuento de magia se narra que Hitler muere y se rompe el hechizo. Muchas personas empiezan a olvidarse de su ideología y se hacen a un lado. Creo que es una muestra de cómo la gente se desentendió del Führer. Incluso los militares más sanguinarios regresaron a una vida pacífica tras su deceso”, agrega.

Claus von Stauffenberg fue un coronel de la Wehrmacht y Jefe del Ejército de Reserva de Berlín durante el Tercer Reich. Fue la figura central del plan para ejecutar la Operación Valquiria. Foto: WikiCommons

¿Se hablaría del Holocausto contra los judíos en la actualidad?

Posiblemente no, pues “Rommel se hubiera encargado de limpiarle la cara a Alemania en las conversaciones de la posguerra”, señala Espinal. Para Aguirre, hubiese sucedido algo similar con las hambrunas ocurridas en Holodomor, Ucrania. Justo en esas reuniones posteriores a la guerra, Stalin escondió lo ocurrido en Holodomor, donde el líder soviético ordenó sistemáticamente aumentos en las cuotas de producción de alimentos, lo que se llevó a cabo hasta el agotamiento de los suministros en los graneros ucranianos. Se calcula que murieron cinco millones de personas a causa de la hambruna. “Esto es un exterminio reprochable, como el Holocausto, pero fue algo de lo que nos dimos cuenta hasta finales del siglo pasado porque Stalin lo supo mantener en secreto. Algo así hubiese sucedido con el holocausto judío”. Entre las historias que recupera Aguirre de los libros del investigador Timothy Snyder sobre la hambruna en Holodomor repasa episodios de canibalismo y secuestros de niños.

Ramírez también cree que el holocausto judío se hubiese mantenido en secreto “debido a la subjetividad en la narración e interpretación de los hechos y en su uso político mediante la imposición de una serie de ideales adheridos en la manipulación del pensamiento ya que la historia, como todos sabemos, la cuentan los vencedores”.

¿Hitler sería recordado con la imagen negativa con que se rememora hoy?

Posiblemente no. Para Espinal, Hitler hubiese adoptado una imagen de estratega como Napoleón o Alejandro Magno. “La mayoría de gente odia a Hitler por el Holocausto, no por la invasión. Alejandro Magno fue un invasor y no por eso se le odia".

“Además, fue asesinado por un acto de traición. Eso le da cierto carácter de mártir”, comenta Aguirre.

¿Existiría el Estado de Israel?

“No creo”, dice Espinal. “Si el Holocausto se hubiese ocultado, los británicos no hubiesen tenido tantas razones para empatizar con los judíos y promover la creación de un estado judío. Palestina hubiera mantenido su nombre y los judíos posiblemente se hubiesen resignado a regresar a Polonia (donde se encontraba la mayor cantidad de judíos antes del ascenso del nazismo), ya que este país no hubiese sido una nación satélite”.

¿Se hubieran hecho los juicios de Nuremberg?

No, “porque nunca se hubiese hablado de un holocausto, no se hablaría de crímenes contra la humanidad”, reitera Aguirre. “No se hablaría de justicia para los judíos, tampoco para los gitanos ni para los homosexuales. El mundo tendría otro parámetro. No existiría intención de salvaguardar integridades tras los crímenes porque Rommel se habría encargado de maquillar lo sucedido con la devolución de los territorios ocupados”.

En los Juicios de Núremberg se sancionaron las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen nazi desde el 1 de setiembre de 1939 hasta la caída del régimen en mayo de 1945. Foto: WikiCommons

¿Se hubiese expandido el comunismo?

Al haber servido Alemania como tapón del capitalismo para Oriente, posiblemente no se hubiese difundido el comunismo con tanta potencia. También, si Rommel hubiese alivianado en la opinión pública los daños provocados por Alemania en la guerra, el fascismo no sería mal visto. “Posiblemente las ideologías predominantes hoy serían el fascismo y el capitalismo”, teoriza Espinal.

Ramírez acota que “la reputación internacional de Alemania no se hubiera visto tan maltratada ya que el nacionalsocialismo se hubiera convertido únicamente en un fascismo como su base por lo que incluso la imagen ideológica en la actualidad sería distinta”.

¿Existirían movimientos comunistas en Latinoamérica?

Posiblemente no. La influencia nazi no hubiera llegado a América. “Es muy probable que la conocida ruta de las ratas (camino de escape para nazis y fascistas que huían de Europa) no se hubiera dado. Esto incluso hace pensar en si hubiese habido insumos para conflictos en Latinoamérica. ¿Hubiese aparecido la figura de Fidel Castro? ¿Habría surgido la Guerra del Fútbol? ¿Qué hubiese sido de Ortega?”, se pregunta Aguirre.

Espinal también menciona que los gobiernos de Juan Domingo Perón, en Argentina, y Getulio Vargas, en Brasil, posiblemente hubiesen sido fascistas en lugar de populistas. “El fascismo no sería mal visto; el nazismo sí. Los movimientos latinoamericanos se hubieran permeado de fascismo. Uno pensaría que el fascismo se hubiese convertido en una ideología robusta en los distintos partidos políticos de toda la región; no sería de extrañarse", argumenta.

¿El mundo lamentaría que la Operación Valquiria haya tenido éxito?

Espinal es contundente con su respuesta. “No me atrevo a especular a ese nivel, sabiendo que lo ocurrido dejó daños terribles e irreversibles. Es algo muy sensible”, afirma.

Ramírez se refiere al lente público para emitir su opinión. “A nivel internacional la percepción resultado de la opinión pública siempre se ve manipulada por los medios. No quiero decir que el accionar de Hitler no fuera nocivo y que por eso supone una connotación negativa porque no es el caso; simplemente quiero recalcar que a nivel internacional se han vivido e incluso se viven injusticias que han alcanzado el calibre de lo acontecido en la Segunda Guerra Mundial en manos de este hombre. Las personas no son conscientes de estos actos porque no ayudan a la consolidación del pensamiento global en el orden mundial por lo tanto no creo que el mundo lamentara realmente la muerte de Hitler”.

Por su parte, Aguirre dice que “es solo lamentable, y sería realmente lamentable, que el mundo hubiese preferido que Hitler no muriera en tanto tuviéramos constancia de lo que realmente pasó. Y esto porque los supuestos que planteamos son verdaderamente trágicos: el Holocausto nunca hubiese sido conocido, los culpables de los crímenes contra los judíos no estarían presos; pero aún así no ocurrió, y fue trágico también para los berlineses, para los ucranianos, y poblaciones a la que los soviéticos vulneraron. De cualquier forma, vivo o muerto el Führer durante la operación Valquiria, la tragedia nos hubiera alcanzado”.