Fernanda Matarrita Chaves. 19 septiembre
Víctor González, de 51 años, busca cada día diferentes formas de innovar y así salir adelante en tiempos de coronavirus. Fotografía: José Cordero
Víctor González, de 51 años, busca cada día diferentes formas de innovar y así salir adelante en tiempos de coronavirus. Fotografía: José Cordero

Hace unos meses se anunció el proyecto Mascarillas para todos que pretendía proveer tapabocas a poblaciones vulnerables que tuvieran dificultades para adquirir uno por sus propios medios. En tiempos de coronavirus, donde la enfermedad no discrimina, es menester que el acceso a las medidas de protección más básicas sean democráticas.

A finales de julio Mascarillas para todos había entregado 9.500 de estos dispositivos. Pero el impacto llegó más allá: el beneficio para miles de personas que fue posible gracias a donaciones también permitió que emprendedores encontraran en la confección de tapabocas un respiro en esta crisis.

Ese fue el caso de Víctor Emmanuel González, de 51 años, a quien le encargaron 200 unidades y gracias a esas ganancias ha podido sostenerse junto a su familia en las últimas semanas. Sin embargo, hace días que este herediano no ha recibido pedidos masivos ni tampoco pequeños, por ello, no deja de innovar para salir adelante luego de que dos accidentes le cambiaran la vida.

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Víctor González dice que la palabra reinventarse está de moda. Y claro que él se ha transformado y ha innovado sobre lo existente ahora, en plena pandemia, más que nunca, pero esto de reinventarse viene desde antes, cuando dos violentos accidentes le cambiaron la vida. La movilidad de su cuerpo fue la principal afectada, pero la creatividad y ánimos para seguir permanecen íntegros.

Víctor ahora se desplaza con lentitud. No se queja, más bien bromea y dice que “parece un robot”. Cuando su afirmación asombra justifica que él prefiere tomar los cambios en su cuerpo con gracia, porque de nada sirve “el lamento”. Él no se quejó ni siquiera cuando, tras cuatro meses de su primer accidente, un carro lo volvió a atropellar y empeoró su estado de salud. Él agradeció por la vida.

“Hace cuatro años iba para mi trabajo en mi moto y un carro dio vuelta en U y me hizo caer de la moto. Me quebré el húmero derecho. Quedé en rehabilitación. Pagué a arreglar la moto. El día que la iba a vender, apenas iba saliendo y me levantó otro carro, me quebró la tibia. Esa serie de eventos me cambiaron la vida”, rememora.

Víctor recuerda que antes de los accidentes que provocaron su incapacidad por invalidez, él trabajaba como guarda de seguridad en el parque de tratamiento ambiental en el asentamiento La Carpio donde, dependiendo del horario, podía ganar entre ₡550.000 y ₡750.000.

“Hoy por hoy recibo una pensión de ₡146.000 al mes. Quedé afectado. No me ofendo. A la vida hay que sonreírle. Agradecerle a Dios y a la Virgen que me tienen con vida”, dice.

Como sus ingresos se redujeron abruptamente, con el dinero que le dieron en la operadora de pensiones ideó instalar un bazar en su casa, en San Pablo de Heredia. Bazar Fantasía casi cumple cuatro años y en la coyuntura actual, las ventas cayeron. El día de esta entrevista, en el comercio habían hecho solamente una venta por ₡200.

“Es trillado decir esto, pero con la pandemia nos ha ido mal. Los ingresos bajaron un 50% y aparte me pusieron competencia a 75 metros. Bajaron más las ventas. Hoy fui a devolver el datáfono. Cobran ₡6.000 mensuales de multa porque las ventas no llegan a medio millón, de todos modos nunca han llegado a ese monto”, lamenta.

Además de vender variedad de productos en el bazar y emprender, él ofrece servicios como elaboración de currículum, tarjetas de presentación y más. Fotografía: José Cordero
Además de vender variedad de productos en el bazar y emprender, él ofrece servicios como elaboración de currículum, tarjetas de presentación y más. Fotografía: José Cordero
Un optimista

Víctor se acuesta todas las noches cavilando. A las 5:30 a. m. del día siguiente su mente empieza a moverse como el engranaje de grandes máquinas de una fábrica. Su esposa, Shirlene Quirós (46) es su cómplice en cada idea, primero porque son un equipo, segundo porque las ocurrencias de este hombre son arrolladoras y se la “llevan en banda”.

“Como esto (las ventas) se vino al suelo y ahora la palabra es reinventarse un día le dije a mi esposa que íbamos a hacer cubrebocas, comenzamos a hacer prototipos. Como ha pasado el tiempo ya llegamos a tener tamaños de hombre, mujer y niño”, cuenta Víctor, quien además se ha convertido en todo un experto en hacer videos para redes sociales en las que promociona su producto.

Inicialmente llegaron las mascarillas y gracias a su promoción empírica fue contactado por la ONG de Mascarillas para todos y logró vender 200. Esa transacción fue tan provechosa que con ese dinero ha subsistido junto a su esposa y su hijo colegial desde hace poco más de un mes; sin embargo, los encargos se han detenido, pues la oferta en el mercado creció. Él no se desanima.

“Agradezco profundamente esa oportunidad. Fue emocionante cuando nos encargaron 200 tapabocas. Ahora estamos en stand by con las mascarillas, imagínese que hasta sublimadas (poner una estampa en tela) las hacemos, compré unos metros de tela pero no se están vendiendo. Invertí para el día de la Madre y me fue mal. Pero no me desanimo. Tengo una ruta de unos cuatro locales como pulperías y ferreterías a las que llevo por consignación mascarillas para ver si se vende algo ahí”, cuenta.

La inquietud la y necesidad llevaron a este señor a crear otros productos y formó Creaciones Fantasía.

“No solo eso fabricamos: hacemos bolsas para pan reutilizables para uno o dos bollos. Vendemos unos tortilleros para mantener calientes las tortillas, se me ocurrió hacer alfileteros con discos compactos reciclados y latas de atún. Aun así, las ventas se han venido abajo. Muchas personas han empezado a fabricar cubrebocas. Las de nosotros cumplen todos los estándares de seguridad”, dice.

"No puedo ser negativo. Eso lo que hace es jalar malas vibraciones. Si hoy no me fue bien, mañana sí, o la otra semana. Si no sale nada voy y hago express y me gano ₡1.000”, Víctor González, emprendedor.
Doña Shirlene Quirós apoya cada idea que tiene su esposo. Ella es quien confecciona las mascarillas, alfileteros y bolsas para pan, entre otros. Fotografía: José Cordero
Doña Shirlene Quirós apoya cada idea que tiene su esposo. Ella es quien confecciona las mascarillas, alfileteros y bolsas para pan, entre otros. Fotografía: José Cordero

Las ventas no levantan y al ser pensionado por invalidez, Víctor no puede ser contratado. Igual, él continúa innovando. Si alguien necesita que le pinten la casa, él lo hace.

“Aprendí a instalar Windows 10 y Office. Hacemos sistemas operativos, cartas de presentación, tarjetas, currículum, es tema de tratar de salir adelante por todos los medios. Incluso, junto a su esposa, también confeccionan ropas para vírgenes y santos.

Víctor Emanuel se mantiene optimista. Dice que “aunque le vaya mal”, él no puede dejar el entusiasmo.

“No puedo ser negativo. Eso lo que hace es jalar malas vibraciones. Si hoy no me fue bien, mañana sí, o la otra semana. Si no sale nada voy y hago express y me gano ₡1.000”.

A pesar de su accidente, este señor adquirió una moto scooter y maneja con total seguridad. Cree que en los tiempos actuales la única manera de tener un percance sería por imprudencia, pues las calles están despejadas.

“Le digo a la gente que hay que seguir adelante. Seguir tocando puertas. Hay que seguir luchando. Esto es de aprendizaje y de ver cómo salir adelante. Hay gente que hace empanadas, gallopinto, ofrece servicios y dejan los productos en las casas”, aconseja.

Si desea adquirir algún producto con este emprendedor puede comunicarse con él a los números 7204-3353 o 7291-3381.

Los alfileteros elaborados con materiales reciclados son una de las innovaciones de don Víctor para subsistir en tiempos tan compilicados para la economía. Fotografía: José Cordero
Los alfileteros elaborados con materiales reciclados son una de las innovaciones de don Víctor para subsistir en tiempos tan compilicados para la economía. Fotografía: José Cordero