Manuel Herrera. 11 agosto
Fotografía: Katherine Monge.
Fotografía: Katherine Monge.

Tres meses antes del nacimiento de Nicolás –hace año y nueve meses–, Silvia Cisneros visitó a su ginecólogo para una cita de control. En el consultorio del especialista, en la Clínica Bíblica, a la futura mamá le llamó la atención un afiche que promocionaba una peculiar sesión fotográfica para el nacimiento.

Sin comprender certeramente de qué trataba aquel anuncio, preguntó con curiosidad al médico. “Me dijo que era un servicio que ofrecía una proveedora de ellos (del hospital) que también era fotógrafa y que consistía en fotografiar los momentos antes, durante y después del nacimiento de los bebés. Me llamó tanto la atención. No tenía idea de que eso se podía hacer, más que Nicolás iba a nacer mediante una cesárea”, contó la cartaginesa.

Se llevó el contacto de la fotógrafa casi convencida de que contrataría sus servicios. “Le decía a mi esposo que me gustaba la idea porque el nacimiento es algo tan mágico y espectacular, que quería que él estuviera ahí viendo todo sin perderse ningún momento. Quería que mi esposo estuviera cien por ciento en la experiencia y que la parte de las fotos se las dejáramos a un tercero”, cuenta Cisneros.

Llamó a la fotógrafa para ampliar la información y, prontamente, finiquitaron el contrato. “El convertirse en mamá ya sería una experiencia única, pero dejar ese momento plasmado en fotografías, la iba a hacer aún más especial porque le permite a uno revivir día a día aquellos instantes: las caras de nervios, la preparación de mi esposo y sus estados anímicos durante el nacimiento; así como el momento preciso en que el bebé nace. Son imágenes que permanecerán inolvidables y ha sido de las mejores inversiones que hemos podido hacer”, agrega.

Sissi Escalante, de la agencia Onceveintidós, fue la fotógrafa responsable de inmortalizar en imágenes el nacimiento de Nicolás; también el de Emiliano, el otro hijo de Cisneros que nació hace apenas cinco meses.

Vida tras el lente

Escalante es parte del minúsculo grupo de fotógrafos que en el país hacen fotografía profesional de nacimientos, un servicio que se ha ido popularizando con los años en el mundo (en Estados Unidos y Bélgica, por ejemplo, ya es una especialidad fotográfica establecida).

La fotografía de nacimiento –o de parto, como también se le llama– retrata las emociones “en crudo” y sin poses del nacimiento, y busca otorgarle a los papás recuerdos reales de ese instante, generalmente intenso, con imágenes que capturan desde el dolor y la fuerza hasta la belleza y la alegría de traer un bebé al mundo.

(Video) Fotografía de nacimiento Ka Monge Birth Photography

El auge que ha tenido este tipo de fotografía se refleja en la creación de la Asociación Internacional de Fotógrafos Profesionales de Nacimiento (IAPBP, por sus siglas en inglés) conformada en la actualidad por cerca de 1.200 miembros de 42 países (incluido Costa Rica).

“Este espacio nace para difundir que es posible otro paradigma en el parto. Una manera de vivir intensamente ese proceso, donde fundamentalmente la madre y el bebé son los protagonistas. El objetivo es deconstruir el imaginario social del parto con dolor, y visibilizar una manera de parir y de nacer en el amor”, señala la organización en su sitio web.

Anualmente la IAPBP convoca a sus miembros a participar en concursos y competiciones en busca de las mejores fotografías de nacimientos.

En Costa Rica, la fotografía de nacimiento se ha comenzado a cotizar entre los futuros padres; sin embargo, el servicio solo es permitido en centros médicos privados, responsables de extender los permisos respectivos a los fotógrafos previo trámite de los padres y autorización del médico que atenderá el parto o la cesárea.

Algunos hospitales privados del país incluyen la singular sesión fotográfica dentro de los planes de maternidad que tienen diseñados; otros, por el contrario, la ofrecen como “servicios adicionales”. También se puede contratar el servicio de manera independiente con precios que pueden ir de los $200 a los $500 dólares, según la agencia o el fotógrafo.

Osados artistas

Para los fotógrafos de nacimiento, retratar la vida en su estado puro y natural va más allá de ingresar a un quirófano o sala de partos minutos antes al nacimiento.

Conscientes de que presenciarán un momento íntimo, personal y trascendental en la vida de la pareja, estos fotógrafos buscan familiarizarse con los futuros papás y eso les implica horas de guardia, quebrantos emocionales y carreras a deshoras para capturar la llegada de un nuevo bebé al mundo.

(Video) Fotografía de nacimiento Adriana Zúñiga, Viú Master Fotografía

Al menos esos fueron los relatos de cinco fotógrafos de nacimientos en el país, quienes hablaron de su trabajo y experiencia con Revista Dominical.

“Me reúno con los papás desde antes para hablar un poco de las ideas que ellos tienen y de si hay algo especial que les gustaría tener más allá del nacimiento preciso del bebé. Hay instantes que uno como profesional respeta. En mi caso si es una cesárea programada llego un rato antes, hago las últimas fotos de la mamá con la pancita junto a su pareja y los dejo solos un rato porque será la última vez que estarán así juntos. Luego en sala, si se experimenta alguna emergencia, me aparto hasta que se controle la situación”, dice Sissi Escalante, quien ha fotografiado unos 240 nacimientos. Ella es la fotógrafa titular del Hospital La California, pero se mueve por los demás centros médicos privados.

Escalante es aficionada a la medicina, cursó esa carrera por unos meses pero luego la abandonó. Estudió Técnico Dental, Fotografía y Administración de Empresas.

Ella asume su trabajo de fotografiar nacimientos como un premio y subraya que nada de lo que conlleva ese oficio le significa sacrificio.

“Tengo que estar en guardia. No apago el teléfono, no le bajo el volumen, postergo vacaciones... Siempre tengo que estar atenta porque en cualquier momento me llaman. Recuerdo una vez que a una mamá se le vino el bebé cinco semanas antes, era de madrugada, me sacaron de la cama y fue un corre corre. La labor de esa muchacha fue rapidísimo, duró todo como 45 minutos”, recuerda.

A pesar de ello, Sissi aclara que no cambiaría nada de su trabajo. “Es de los trabajos más chivas que hay porque es trabajar viendo a la gente nacer, es alimentarse de esa luz y de esa energía tan bonita, porque hay algo curioso que siempre me pasa y es que la sala o el quirófano siempre están muy iluminados pero cuando bebé nace todo se oscurece y simplemente queda ahí la luz del bebé. No sé si solo me pasa a mí pero toda la atención se vuelve ahí, es como un regalo de energía linda para todos los que estamos en ese momento”, enfatiza.

Agrega que presenciar con regularidad esos momentos también le pone en perspectiva su realidad y la de sus dos hijos. “Este trabajo no tiene palabras. Yo me enamoré perdidamente de mis hijos el día que los conocí. Primero fue Camila (15 años) y luego Matías (10), y este trabajo me permite vivir constantemente esa sensación tan linda. Quiero a todos los bebés que veo nacer porque me llenan de amor y de ilusión”, sostiene esta fotógrafa quien se quebranta e incluso llega a las lágrimas con cada nacimiento que presencia.

Sissi Escalante es una de las dos costarricenses que aparecen como miembros de la IAPBP; la otra es Katherine Monge, quien el 21 de diciembre próximo cumplirá tres años de hacer fotografía de nacimientos.

“En este campo (la fotografía) hay tantas áreas que empecé a buscar cuál me podría llamar más la atención. Me topé con el trabajo de una fotógrafa mexicana que se dedicaba a fotografiar partos y me fui interesando en ese tipo de trabajos”, comenta Monge sobre sus inicios.

Katherine comenzó a llevar cursos en línea sobre fotografía de nacimientos y los mezcló con capacitaciones con personal médico y doulas para entender de esos procesos. “Esto no es solo tomar fotos. Hay que tener empatía. Es un momento muy vulnerable de la mujer y de una familia”, manifiesta.

El impulso final que recibió ella para dedicarse a la fotografía de nacimiento vendría poco después: la noticia de su embarazo. De hecho su debut como fotógrafa de nacimientos lo hizo cuando tenía cuatro meses de embarazo. “Hice mi primer parto y eso despertó toda esta gran pasión. La maternidad ha sido mi motor para todo lo que hago en foto, fue la que me tiró al agua y la que me dio las ganas de hacer de esta pasión un trabajo”, reitera.

Aquel primer nacimiento que capturó con el objetivo de su cámara fue una cesárea. “Cuando nació la bebé lloré igual que el papá y la mamá y esto por lo general me sucede. Esa primera vez que iba a tomar fotos de una nacimiento temblaba, estaba llena de nervios, la cámara se me empañó de la misma ansiedad. Fue un gran reto, pero ya después uno aprende y ahora disfruto cada experiencia. Hay muchos sentimientos de por medio en esos instantes y también historias muy fuertes que lo marcan a uno”, cuenta.

Similar a todos los fotógrafos citados en este trabajo, en los años que suma Monge fotografiando nacimientos nunca ningún bebé ha fallecido, pero sí ha presenciado imprevistos o situaciones vulnerables de una mamá que llega a dar a luz luego de dos, tres o cuatro pérdidas anteriores.

“Uno vive cada momento como si fuera propio. En el quirófano o en la sala de partos uno se convierte en una especie de psicólogo o de apoyo emocional para el papá que suele acompañar a su pareja durante el nacimiento. Con las mamás también, antes del parto o de la cesárea a veces están temblando y uno les habla y las trata de tranquilizar. Como fotógrafos tenemos que crear esa empatía”, manifiesta Katherine Monge.

Esta fotógrafa, quien firma su trabajo con el sello de Ka Monge Birth Photography, ha retratado varias decenas de nacimientos –no precisa cuántos– en los hospitales La Católica, Clínica Bíblica y el Cima.

“Es un trabajo que implica estar alerta. He salido corriendo a la una, dos o tres de la mañana, a la hora que sea que la mamá o el papá me llame; pero todo vale porque esta experiencia es maravillosa. El momento del nacimiento es una etapa culminante en la vida de una mujer entonces ojalá que la fotografía ayude a concientizar a las personas, al equipo médico y a los centros hospitalarios a tener esa empatía con la mamá. Si tuviera la posibilidad de volver a nacer ni siquiera estudio Relaciones Internacionales (tiene una licenciatura en esa carrera) sino que de una vez me decido por la fotografía de parto”, dice sin titubeos.

Por sus hijos

Como Katherine Monge, Gabriela Aguilar es otra fotógrafa que se involucró con los retratos de partos motivada por el propio deseo de capturar el nacimiento de sus hijos.

“Yo hago fotografías de cesáreas desde hace 12 años. Cuando iba a tener a mi última hija quería que alguien tomara fotos en el momento del parto porque sabía que ella iba a ser la última y no quería perderme nada. No encontré a nadie que me ayudara, entonces comencé a llevar cursos de fotografía motivada en capturar esos momentos únicos que uno quiere perpetuar. No logré que nadie me hiciera las fotos de mi hija pero ella misma fue la confirmación de que tenía que hacerlo yo”, reseña Aguilar, propietaria de Life Photo Inc.

(Video) Fotografía de nacimiento Life Photo Inc

Desde entonces, Gabriela ha fotografiado los nacimientos por cesárea (solo de ese tipo de nacimiento ofrece) de decenas de pequeños que han nacido en clínicas como la Santa Rita, la Bíblica o el Cima.

“Son tantos momentos por los que he pasado en estos 12 años, tantos niños que he visto nacer. Yo me involucro completamente en estas experiencias. No hay parto que no llore, que no se me salgan las lágrimas: es que es un milagro y algo tan increíble que uno no puede ver con mirada ajena aquel instante. Yo también me emociono, me pongo nerviosa... Estoy siendo testigo de aquel milagro”, comenta Aguilar.

Según cuenta hay momentos cruciales del parto que necesariamente deben quedar para siempre en el recuerdo. Uno de ellos es cuando el bebé asoma la cabecita por primera vez.

“Siempre pienso en qué me hubiera gustado ver a mí como mamá durante el nacimiento de mis hijos. Entonces me fijo mucho en la hora, el primer contacto con la mamá es impresionante, cuando el papá es ‘papá canguro’ y se lo dan para que lo caliente. Ese momento íntimo del papá solo con el bebé es impresionante”, relata la fotógrafa quien involucró en el mismo oficio a su hijo Cristian Rodríguez.

Entre la primera fotografía de nacimiento y la última que ha hecho Rodríguez, han pasado cuatro años. Su experiencia hasta ahora se limita a los quirófanos del Hospital Cima; empero, el aprendizaje ha sido vasto.

“He fotografiado tres nacimientos y en lo personal siento que ha sido el mayor honor porque significa que una familia reconoce su trabajo profesional confiándole ingresar a un momento tan íntimo. Pero también hay un duelo interno conmigo mismo que implica una preparación psicológica y una presión bonita. Desde el momento en que sé que hay una cita para sesión de parto hay una presión pero luego hay una satisfacción cuando se termina la labor y una gratificación muy superior a cualquier otro trabajo fotográfico”, señala Rodríguez.

A la lista de fotógrafos de nacimiento se suma Adriana Zúñiga, de la agencia Viú Máster Fotografía. Ella es bióloga y mientras cursaba la maestría de su carrera en Estados Unidos se inquietó, además, por la fotografía.

“Conoció” la fotografía de nacimiento en Norteamérica, observó la tendencia y a su llegada a Costa Rica comenzó a estudiar fotografía en la Universidad Técnica Nacional (UTN).

“Tengo una amiga que es anestesióloga y me dijo que quería fotos durante la cesárea. Tanto ella como su esposo eran médicos entonces fácilmente podía ingresar al quirófano a hacer las fotos de la cesárea. Se tramitaron los permisos y así fue mi primer trabajo, hace dos años y medio”, relata.

Saúl fue el primer bebé que fotografió Zúñiga al instante mismo de su nacimiento. Después de él hay otros 14 bebitos.

“Nunca se me va a olvidar esa primera vez que vi a un bebé nacer. La experiencia es difícil de describir porque nada se le compara al sentimiento que produce en uno escuchar a un bebé llorando por primera vez. Yo estaba nerviosa, el visor de la cámara se me empañó porque casi que estaba llorando... Es mucha emoción la que transmiten los bebés cuando nacen. Es un milagro”, dice Zúñiga.

En contraste, recuerda uno de los partos más recientes que fotografió. “La mamá me llamó y me dijo que iba para el hospital ya pero que no me apurara tanto. Ya uno sabe cómo es esto, entonces en menos de media hora ya estaba yo en el Cima. Me subo al ascensor y ahí iba el médico que atendería el parto. Me dijo que esperara un momento fuera de la sala mientras alistaban a la mamá, cuando de pronto veo que él sale en carrera y yo me metí. Era mejor pedirle perdón que permiso. Entré, saqué la cámara y en ese momento vi la cabecita del bebé donde ya venía. El doctor llegó, sentó a la mamá en una silla especial y no sé cómo hice yo porque ya el bebé estaba prácticamente afuera. Venía envuelto todavía en la 'bolsa' y apenas el doctor le puso la mano se le resbaló y le cayó en las manos. Ese nacimiento duró como cinco minutos”, cuenta la fotógrafa, que le pone especial cuidado a las emociones que genera en los rostros de los presentes el momento de un nacimiento.

Adriana se dice afortunada de desempañarse en un oficio que celebra la vida y, a su vez, la eterniza en una imagen. También Sissi, Katherine, Gabriela y Cristian se sienten dichosos de que se les permita hacer lo mismo que promocionaba aquel afiche que Silvia Cisneros encontró en la Clínica Bíblica, semanas antes de que Nicolás “posara” para su primera foto.

(Video) Fotografía de nacimiento Onceveintidós Birth Photography