Carlos Soto Campos.   25 noviembre, 2018
Las conexiones cerebrales son como carreteras que pueden generar reacciones en cadena entre el oído, la vista, el gusto, o inclusive el olfato. Toda persona nace con algún grado de sinestesia que puede combinar los sentidos.

Billy Joel ha vendido 150 millones de discos con un secreto en su mente. Es algo extraño, apenas empieza a tocar en el piano las notas de cada canción, puede “ver” los colores en su mente. Baladas suyas como como Lullaby o And So It Goes, le recuerdan al músico neoyorquino los tonos verdes o azules.

Las canciones con más ritmo y melodías fuertes le remiten a los colores rojos, dorado o anaranjado.

Esta confesión la hizo en el libro Probando el universo: las personas que ven colores en las palabras, y arcoiris en las sinfonías, de Maureen Seaberg. El libro se trata de una condición particular: la sinestesia.

Billy Joel no es el único músico famoso que ha dicho poder “ver” colores a la hora de hacer música. Hay registros de que Franz Liszt le decía a la orquesta que tocara “más azul” o “no tan rosado”. El rapero Kanye West ha dicho que ve colores cuando oye sonidos y que por eso cada canción suya es una “pintura sónica”.

La compositora nacional Mía Paz sabe de lo que hablan estos colegas suyos: “En mi cabeza cuando cierro los ojos, se me llena toda la mente como con una luz del color del acorde pero también en el piano veo un poco del color en la tecla que corresponde a la nota tónica del acorde”, contó.

“La sinestesia se define como una condición en la cual un estímulo de una modalidad sensorial desencadena percepciones en otras modalidades sensoriales”, Dr. Juan Orjuela

Mía Paz tiene cinco años de haber aprendido a tocar piano y desde ese momento notó su capacidad de percibir colores por los sonidos.

A este tipo de sinestesia se la llama sinestesia de sonido-color, pero existen cientos de ellas.

Elena Zúñiga, otra compositora tica, dice ver las palabras en su cabeza al mismo tiempo que las oye. Es decir, cuando cualquiera la saluda diciendo “¡Hola!” ella ve en su cabeza la palabra escrita.

“Me di cuenta ya grande (que tenía sinestesia). Fue en el colegio, se lo comenté a mi hermana como lo más normal del mundo y ella me dijo que nunca le había pasado. Ahí noté que tenía algo diferente al resto”, contó la artista de 33 años.

Así como ella, varias personas se han sorprendido al compartir sus sinestesias o incluso viven con ellas sin saber que los demás perciben el mundo de forma distinta.

Pero la sinestesia no es una enfermedad o una causa de discriminación, es ver capas del mundo que no todos pueden.

¿Cómo pasa?

Para entender más sobre sinestesia hay que acudir a la ciencia, aunque en este campo han tenido problemas encontrando el origen de todo este asunto. El más común es el camino de la neurología, que trata de entender cuáles áreas del cerebro se conectan para que una persona pueda ver los sonidos o bien, saborear las palabras.

Uno de quienes se ha dedicado a estudiar esto es Juan Manuel Orjuela, un psiquiatra de la Universidad Javeriana de Colombia, especializado en neuropsiquiatría en la Universidad Autónoma de México.

Orjuela tiene 35 años y cinco de profundizar en el tema de la sinestesia. Primero estudió las formas en que el cerebro procesa la música y los trastornos musicales.

“Existe una serie de condiciones en las que el cerebro procesa mal el tono, la melodía, el ritmo,... también aparecen otros fenómenos como alucinación musical, epilepsia musicogénica y la sinestesia está en este espectro de percepciones musicales anómalas”, comentó Ornelas desde Colombia.

“La sinestesia se define como una condición en la cual un estímulo de una modalidad sensorial desencadena percepciones en otras modalidades sensoriales”, detalló el médico.

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En esta definición caben las personas sinestésicas que perciben colores ante ciertos sonidos, pero también las personas como Elena Zúñiga, a las que los sonidos les dan la posibilidad de ver palabras (sinestesia sonido-grafema).

“A la hora de escribir música percibo una melodía y ahí mismo escucho y veo las vocales que podrían ir en la letra; es como si la música ya estuviera escrita y nada más me llegara”, dijo.

En el 2017, Zúñiga publicó su disco Viaje etéreo, como líder de Elena y la Orquesta Lunar. Ella compone, toca cello y enseña de música.

“La sinestesia siempre ha estado ahí”, contó. “Aprendí a leer desde muy pequeña y desde ese momento puedo ver las palabras cuando las oigo”.

Para Orjuela, la sinestesia es una condición “consistente y persistente en el tiempo”, es decir, no se trata de imaginar o ver en la mente un color en una ocasión, sino se trata de personas que, sin proponérselo, siempre tienen las mismas reacciones a los mismos estímulos.

Mía Paz, por ejemplo, tiene muy claros los colores que tienen cada uno de los acordes de su piano. El do es azul, el re es café rojizo, el mi es verde, el fa es magenta... Cada nota en particular tiene un color que ella no escogió, pero ella ve.

Origen
Ele Zúñiga se dio cuenta que no se dio cuenta que su sinestesia era diferente hasta que estaba en el colegio. Foto: Marcela Bertozzi/Agencia Ojo por Ojo

¿Cómo se adquiere la sinestesia? “Es cuando se dan conexiones anómalas entre dos regiones cerebrales que habitualmente no estarían conectadas”, explica el doctor Orjuela.

“Todos nacemos con un alto grado de sinestesia y en la medida que vamos creciendo el cerebro va generando unos procesos que se llaman poda sináptica, sinaptogénesis y reconexiones cerebrales en los cuales el cerebro se va modificando con el paso del tiempo”, detalló.

Orjuela explica que esas conexiones cerebrales son como calles que pueden conectar distintos sentidos, como el gusto y el oído. Conforme el ser humano crece, va perdiendo esas conexiones y quienes las conservan son los sinestésiscos. Las personas sinestésicas conservan esas conexiones por lo que podría ser una herencia genética.

“Esa conexiones son más frecuentes en los niños y simplemente no se degeneran o deterioran”, agregó. No es coincidencia entonces que Elena Zúñiga haya descubierto su capacidad cuando aprendió a leer a una temprana edad o que Billy Joel lo encontrara también de niño, habiendo aprendido a tocar piano desde los 4 años.

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Sin embargo, que algunos hayan aprendido a temprana edad no quiere decir que los que lo descubren más tarde no sean sinestésicos, sino que para ellos ver algún color en su mente fue algo normal antes de entender que no todos podían experimentar algo así.

El doctor Orjuela se ha encargado durante los últimos años de estudiar a personas sinestésicas en Latinoamérica. Por medio de Facebook localizó a diez personas de Colombia, México y Costa Rica, cuyas mentes desencadenan color cuando escuchan ciertos sonidos.

“Hablando con estas personas empecé a encontrar diferentes tests de sinestesia y desarrollé uno con un compañero que es músico e ingeniero de sonido. La persona hace un pareo entre una serie de notas musicales y después de escuchar, de entre varias opciones de color, señalan el color particular que les desencadena ese sonido”, detalló.

El estudio examinará a estas personas varias veces durante varios años para comprobar su sinestesia.

Orjuela subraya que las sinestesias son infinitas: “hay muchas personas que ven números de ciertos colores, asocian palabras con colores o incluso asocian los días de la semana con sentimientos”, dijo.

Está el caso de Mariela Murillo, una josefina que puede relacionar días de la semana o palabras con sabores y ve las iniciales de su nombre de color rojo.

“Yo no entendía qué pasaba, siempre lo vi normal. Me di cuenta (que era sinestesia) porque comencé a ir a un psicólogo... ¡pensé que estaba loca! Él me explicó que había muchos tipos y que no era nada para preocuparse”, contó.

No se sabe cuántas personas viven con sinestesia, precisamente porque muchas de ellas no saben que tienen algo especial.

¿Para qué sirve?

La utilidad de una sinestesia la define cada persona que la vive. En el caso de Mía Paz, dice que ver los colores de los acordes, le facilita tocar el piano al ver los colores en los acordes. Elena Zúñiga disfruta de componer sabiendo que los sonidos de las notas le evocan palabras, pero también utiliza la sinestesia para enseñar música.

“Creo que todas las personas tienen algo de sinestesia y no me gusta esa noción tradicional de que los acordes menores son tristes y los mayores son felices, cada persona puede tener una interpretación de eso y por eso trato de dejar a mis alumnos exploren esa creatividad”, expresó la compositora.

Entre esos alumnos está Diego Obando, cuyo primer encuentro con la sinestesia fue a los 15 años en la casa de sus abuelos. Estaba escuchando en sus audífonos Track 04 de Costello y en ese momento las guitarras se transformaron en líneas.

“Una de las guitarras sonaba en el audífono izquierdo y la otra en el derecho y ese efecto hizo que pudiera ver dos líneas de colores, una azul y una blanca, por cada guitarra”, dijo.

La sinestesia le ha servido para entender el concepto o el sonido de sus grupos. Su primer grupo se llamaba Blue Shaman (chamán azul) porque interpretaba el sonido de las guitarras de blues como azul.

Diego Obando del grupo nacional Desierto Rojo. Cortesía

El más reciente proyecto musical de Diego es Desierto Rojo, un grupo más rítmico. Para Diego –al igual que Billy Joel–, el rojo es el color que le remite a la música más rítmica, como la que hace con su nuevo grupo. Hasta ahora solo han publicado el sencillo Amargo.

Diego no tiene mucho conocimiento formal de música y dice que a veces es complicado explicarles a sus compañeros de banda qué sonidos quiere.

“Toda canción es como una pintura. Uno empieza con un color base que puede ser rojo, que para mí es un color cálido y luego le pone detalles, tal vez amarillos o blancos para complementar”, explicó el músico de 22 años.

“Quizá es un poco raro para la personas que yo explique las canciones usando colores, pero al menos así puedo darles una idea de qué es lo que van a escuchar”, finalizó.