Doriam Díaz. 10 diciembre, 2017
El atleta Juan Diego Castro es una gran promesa del atletismo tico. El joven de 17 años es disciplinado, maduro y perseverante. Foto: Diana Méndez.
El atleta Juan Diego Castro es una gran promesa del atletismo tico. El joven de 17 años es disciplinado, maduro y perseverante. Foto: Diana Méndez.

Londres, 2012: El jamaiquino Usain Bolt solo caminó cuando desfiló con la bandera de su país en la apertura de los Juegos Olímpicos, luego voló en cada una de sus pruebas, rompió récords, conquistó un triplete de medallas doradas en esas Olimpiadas y capturó la atención de un mundo globalizado con cada una de sus veloces zancadas. A 8.728 kilómetros de la capital inglesa, en San José, un jovencito que nació cuando el 2000 llevaba cinco meses, se escapó de una fiesta de cumpleaños y se sentó frente al televisor, feliz y emocionado, para ver al Relámpago hacer historia.

Entonces, Juan Diego Castro Villalobos prefería el fútbol –era mejenguero incansable– y los videojuegos, pero algo en el atletismo lo atrapaba y lo hacía seguir las carreras de Nery Brenes –su gran ídolo costarricense–, César Lizano y las grandes estrellas mundiales de este deporte. Ahora, este josefino de 17 años es un veloz, disciplinado y prometedor corredor que escribe su propia historia en el atletismo del país.

A mediados de julio hizo que Costa Rica lo siguiera hasta Kenia y se emocionara con sus logros en el Mundial de Atletismo Sub-18, en el que quedó como cuarto lugar en la final de los 800 metros lisos. Hizo 1 minuto, 49 segundos y 76 centésimas (1:49.76): un nuevo récord nacional, con el cual destronó a Víctor Emilio Ortiz con su 1:50:04 del 2012.

Este país, que a menudo olvida cualquier disciplina que no sea el fútbol, observó cómo aquel joven de 17 años, con su espigada figura de 1,83 m, corría con un semblante tranquilo detrás de dos kenianos y dos etíopes que se adueñaron rápidamente de la carrera, cómo aguantó el ritmo a unos metros de distancia, cómo perseveró y cómo, en el cierre de la carrera, le quitó el cuarto puesto a uno de los kenianos –de hecho, Noah Kiprono terminó en la sexta casilla–. Luego del trance de la competencia, Juan Diego estalló en felicidad: conquistó sus dos metas, una buena final y mejorar su tiempo (antes era de 1:50.38).

Desde los heats eliminatorios, Castro obtuvo otro logro que ni su entrenador, Marvin Ramírez Arana, ni él se plantearon: se volvió un ejemplo de tenacidad, de “sí se puede”, de táctica y estrategia, de compromiso, de manejo de los nervios y de las emociones en momentos sumamente exigentes. Hasta el presidente Luis Guillermo Solís celebró ese cuarto lugar en Twitter.

A los expertos en atletismo, el trabajo de Juan Diego no los tomó por sorpresa porque el corredor, patrocinado por Dos Pinos, ya venía dando pruebas de su enorme crecimiento en las competencias nacionales y en el extranjero: triple medallista de oro en Campeonato Centroamericano Juvenil 2017, campeón nacional mayor 2017 en 800 m y 1500 m, triple campeón centroamericano juvenil B en el 2016 y dos veces medalla de oro en los Juegos Nacionales 2016, entre otros.

Dos días antes de la prueba final en Nairobi, Nery Brenes, reconocido atleta costarricense, lo dijo claramente: “Posiblemente es lo que mejor que ha parido el país en la disciplina del atletismo, por mucho. Solo hay que pulirlo, pero hay tiempo de sobra por su juventud. Es un joven muy esforzado y disciplinado y, precisamente, por eso está donde está”.

Aquel fue un buen augurio que puso a Castro en la mira de todos aquellos que no siguen este deporte. Para Juan Diego fue especialmente significativo: su primer ídolo en atletismo le dio un espaldarazo público.

Juan Diego sueña con participar en unos Juegos Olímpicos, mas no se obsesiona con esto. Foto: Diana Méndez.
Juan Diego sueña con participar en unos Juegos Olímpicos, mas no se obsesiona con esto. Foto: Diana Méndez.
La vida que recuerda

Nery fue uno de esos deportistas a los que admiraba cuando el atletismo no estaba en sus planes, un año antes de que su mamá se lo llevara a correr a La Sabana para alejarlo de 10 horas diarias con los videojuegos. “Ni sabía por qué me gustaban las carreras. Claro, si le dice a mis papás lo de Usain Bolt, van a decir que no es cierto, pero así era”, cuenta entre risas. La vida es lo que uno recuerda de ella, para volver a darle la razón a la primera línea de las memorias de Gabriel García Márquez.

Cuando Carla Villalobos se llevó a su hijo mayor a su grupo recreativo de corredores, solo quería que el adolescente de 13 años se moviera. “Pasaba sentado con los videojuegos y eso me descomponía... Me lo llevé a La Sabana y allí empezamos con Marvin Ramírez Bertozzi, que es el mismo que se encarga del equipo de San José.

“Al principio, a Juan Diego le costaba, se le iba el aire y otras cosas, pero lo intentó hasta que le salió y le gustó. Nadie se imaginaba lo que pasaría, nadie diría que le iba a ir tan bien. (...) Como al principio no era tan bueno, yo pienso que eso lo picó”, cuenta la mamá.

Pasó una semana negándole a ella su gusto por este deporte; sin embargo, pronto dejó el equipo de fútbol del Colegio La Salle. “Entrenaba todos los días. No competía al principio y tardé unos nueve meses en ganar algo”, detalla el muchacho con una risilla.

Después de unos juegos estudiantiles, con unos pocos meses de entrenar, el entrenador josefino les dijo a los padres de Juan Diego que el joven tenía “unas condiciones excepcionales” para el atletismo. Y allí comenzó todo.

Ahora, en el hogar de los Castro Villalobos –que incluye a una hija, Ana Cristina–, todo gira alrededor de los entrenamientos y competencias de Juan Diego.

Juan Diego Castro acaba de finalizar su quinto año en el Colegio La Salle. Se considera un joven muy normal, con una intensa agenda todos los días. Foto: Diana Méndez.
Juan Diego Castro acaba de finalizar su quinto año en el Colegio La Salle. Se considera un joven muy normal, con una intensa agenda todos los días. Foto: Diana Méndez.
Intensa vida de atleta

Usualmente, el día del joven comienza con entrenamientos a las 4 a. m. y, hasta hace unas semanas, terminaba con las tareas del cole (La Salle), donde cursaba el quinto año. En medio había clases, compromisos con el patrocinador, lecciones de inglés, reuniones con amigos, marcar con la novia (Sofía Chavarría, atleta de 16 años) y departir con la familia.

“El atletismo me hizo más responsable en algunas cosas (me ordené, me acuesto temprano, cuido lo que como, aprendí a estudiar mejor); sin embargo, no he sentido tanto el cambio porque el estrés no me pega. Yo hago lo que tengo que hacer, ni lo pienso. No perdí mi vida como estudiante de quinto año; hago todo lo que alguien de mi edad hace: salir a cada rato, ir a fiestas, algunas tonteras (con medida)”, agrega.

Fue un año duro en competencias y viajes para conocer universidades en Estados Unidos; al final, salió 10 veces del país. Y con todo, aprobó quinto año y los exámenes de bachillerato, ha obtenido buenos resultados en las carreras y sigue teniendo vida social.

¿Cómo lo logra? Este vecino de Rohrmoser tiene una pasmosa claridad: “Mis prioridades son 70 % para el atletismo y 30% para el estudio. No me ha ido mal en el colegio; quizá me pudo ir mejor, pero tengo otros objetivos. El atletismo me está abriendo otras puertas”.

Hugo Castro, su papá, asegura que su hijo es muy organizado y maduro. “Lo dejamos que se acomode con sus tiempos porque nos ha probado que sabe manejarlo. Lo que tratamos es de ayudarle y ponerle todo a mano”, afirma.

La tenacidad, la alegría y las ansias por ganar son cualidades con las que Juan Diego ha sobresalido desde niño. Por supuesto, era aquel chiquito que siempre quería reventar la piñata y llegar primero.

“Hay una anécdota que nos da mucha risa. En un paseo del kínder fuimos a una finca; decidieron hacer carreras de sacos y el organizador agregó: ‘El primero que llega, gana...’. No había terminado la frase cuando Juan Diego ya iba corriendo por media cancha. El padrino, Jorge Arauz, solo dijo: ‘Que alguien pare a ese chiquito’”, recuerda don Hugo.

¿Y qué pasa cuando pierde? ¿Se frustra mucho o se desmotiva? Con su habitual calma, el joven Castro asegura que es normal perder y que es normal no siempre estar en su mejor momento; no obstante, él siempre intentará dar lo mejor de sí porque la exigencia es solo suya.

“Mis prioridades son 70 % para el atletismo y 30% para el estudio... El atletismo me está abriendo otras puertas”.

Su entrenador, Marvin Ramírez Arana, coincide en que, aunque al joven le encanta ganar, no es un mal perdedor: le ha tocado y no se frustra ni se estresa, sino que es realista, analiza el por qué perdió y qué debe hacer para evitarlo en el futuro.

“Es ejemplar; es el atleta que todos desearían tener. Siempre rinde al máximo de sus capacidades y en las competencias muestra más de lo dio en los entrenamientos. Es muy fuerte; maneja muy bien la ansiedad y el estrés. Además, tiene muy claro por qué y para qué entrena; se interesa en lo que hace, pregunta”, explicó el especialista.

Otra que le destaca su enorme “fuerza mental” es Sofía; Juandi –como le dice– no se intimida y, cuando ya no da más, se convence de que sí puede hacerlo. ¿Qué tipo de novio es? Uno detallista y divertido. “Al principio es serio; eso parece cuando uno no lo conoce, pero es un payaso, solo bromas”, aseveró esta estudiante del Colegio Saint Michael, en Desamparados.

Este otro Juan Diego Castro –tan diferente del político y abogado con quien comparte nombre y apellido–, que genera tanta empatía, tiene claro su norte: a corto plazo, una buena universidad en Estados Unidos, con un destacado programa deportivo; a mediano plazo, los Juegos Panamericanos del 2019 y un Mundial mayor, y, a largo plazo, los Juegos Olímpicos. En estos temas, no corre para nada ni se obsesiona, sino que estudia qué le conviene y avanza hacia ese objetivo. Sigue siendo aquel chiquillo al que le emociona el atletismo y tiene un mundo de posibilidades.