Por: Aarón Sequeira.   10 diciembre, 2017
Juan Carlos Bolaños. Foto: Adrián Soto.
Juan Carlos Bolaños. Foto: Adrián Soto.

Un día, no hace mucho tiempo, Juan Carlos Bolaños Rojas le dijo a un amigo, conocido como Diablo, que él quería ser “uno más de los ricos de Costa Rica”, acumular $5 millones, no volver a trabajar y dedicarse a los paseos que ambos hacían con frecuencia en cuadraciclo.

Cuando Bolaños llegó a esa cifra, por sus negocios, Diablo se alegró, porque se podrían dedicar, entonces, a pasear y disfrutar lo que ambos tenían.

Pero el ambicioso jovencito griego que le hizo aquella promesa a Diablo subió la cifra a muchos millones más, y ya nada volvió a ser igual, ni para él ni para Diablo.

Diablo es Álex Morales, un tipo de Grecia, de 52 años, que tiene un taller de enderezado y pintura en ese cantón occidental y quien me habla para este reportaje en su oficina de dos por dos en una calurosa tarde de noviembre.

Morales, más conocido entre griegos como Empanada, conoció a Juan Carlos Bolaños apenas con 13 o 15 años, cuando el chico que adoraba la bicicleta, la patineta y el surf empezó a chocar los carros que recién aprendía a manejar, porque adoraba la velocidad.

Bolaños, nacido hace 38 años, el 14 de junio de 1979, salta a esta edición de los personajes noticiosos del 2017 por ser el protagonista del caso del cemento chino, investigación judicial, legislativa y mediática sobre los gestiones del empresario para importar ese producto y su impacto en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, donde implicó a ministros, viceministros, diputados y magistrados en medio de una trama que llega a su punto álgido con la detención de seis gerentes bancarios y el propio empresario, además de los procesos judiciales contra un exviceministro, dos diputados y un magistrado penal.

Cuando tenía 30 años, dice Diablo que Bolaños aún no poseía todo lo que tiene ahora, más que sus negocios y “una tremenda habilidad” de convencer a cualquiera.

Pero esa habilidad, reconoce, es más por insistencia que por algún tipo de cualidad mágica, como queda constatado en las gestiones públicas del empresario, quien llegó a recurrir incluso a las amenazas para lograr sus objetivos, específicamente importar cemento desde China.

Juan Carlos Bolaños, empresario importador de cemento chino. Foto: Diana Méndez.
Juan Carlos Bolaños, empresario importador de cemento chino. Foto: Diana Méndez.

“Es el hombre más persistente que usted pueda conocer sobre la faz de la tierra. No existe nadie igual, si te dice que la Luna es de queso, te vas a la casa convencido, ese es Juan Carlos Bolaños, te lo garantizo”, dice Morales y parece convencido él también de que su amigo es capaz de ello.

En sus frecuentes visitas al taller llegó a convencerlo, dice, de que le cobrara la mitad por un arreglo de carrocería que costaba ¢100.000 y Diablo, amigo y todo, asegura que no sabe ni cómo lo había aceptado.

También, Morales asegura que conoce todos y cada uno de los negocios de Bolaños y cómo los hizo, pero de una vez advierte: “esas son cosas que se van conmigo a la tumba” y sentencia que le tiene mucha admiración a ese joven del que se hizo amigo por los carros chocados.

“Él no merece estar ahí (cumpliendo tres meses de prisión preventiva en la cárcel de San Sebastián, al sur de San José), creo que si no hubiese elecciones en febrero, si estuviéramos en el primer año del gobierno de Solís, no lo hubieran crucificado”, comenta Álex Morales.

En su cabeza se mezclan recuerdos tan diversos como haberle prestado, una vez, ¢10 millones a Bolaños, y haberlo sorprendido por devolvérselos tan rápido, o que en una ocasión, en uno de los paseos en cuadra, haya cargado por tres kilómetros a un amigo que se rompió la pierna, Eduardo González, para sacarlo de la montaña y llevarlo en lancha hasta lograr llegar al hospital.

Bolaños y Morales se vieron hace poco en una visita que le hizo en la cárcel y recuerda esto. Bolaños le dijo cómo extrañaba esos tiempos. “Eso me dijo, eran tiempos cuando la pulseaba, la pellejeaba, no tenía nada, pero empezaba a mandarme carros y máquinas para que las pintara”.

“Yo lo regaño, le digo que su ambición ha sido muy grande... cuando andaba en cuadraciclo con nosotros, no tenía preocupaciones de nada”, explica Morales.

Ese poder de convencimiento que le atribuye a su amigo, ya no sabe si es una virtud o una maldición. “Dios guarde hubiera sido pastor de una iglesia, no tendría dónde meter la plata, su poder de convencimiento es impresionante”.

Juan Carlos Bolaños, el empresario importador de cemento, se presentó en la Asamblea Legislativa. Foto: José Cordero.
Juan Carlos Bolaños, el empresario importador de cemento, se presentó en la Asamblea Legislativa. Foto: José Cordero.
El chico inquieto

Muy diferentes son los recuerdos que tiene una señora de 79 años, que vive en una casa verde agua, casi esquinera, en un barrio de Grecia, sobre el chico que salió de ahí hace cerca de 10 años, para casarse.

Para ella, Juan Carlos Bolaños es inteligente y tiene buen corazón, tanto así que ella cree que fue engañado por banqueros y por políticos, y que eso lo tiene tras las rejas.

A ella le gusta la humildad y la sencillez, y eso es lo que le pedía a su hijo cuando él le hizo una casa en su finca de Santa Eulalia, en Atenas, donde fue detenido por agentes del OIJ, el 3 de noviembre, y para la casa que le hizo en la hacienda de Tempate, “apenas con una cocinita, el cuartico, todo”.

“Yo tengo tanta paz cuando voy ahí, porque yo prefería quedarme en la casita y no en la grande. Yo tengo ese sentido de humildad, de cosas lindas, no ambiciono nada grande, sino lo chiquitico”, dice la madre del empresario.

En esa misma propiedad, Bolaños rehizo a gusto suyo un hotel que estaba en obra gris, luego de cambiar esa finca por un tajo, en Pérez Zeledón.

A los ojos de esta mujer, Bolaños es aún el chico que a los cinco años perdió a su padre, de un infarto, una noche de setiembre; o el chamaco que se echaba al agua en esa piscina que ella, a como pudo con su salario de profesora de Orientación, le construyó en una de las esquinas del patio.

En esa misma piscina, un adolescente Bolaños celebraba las fiestas de colegio con sus compañeros, a pocos metros del árbol de limón dulce y de los trinos y tuiteos de los pajaritos, que no dejan de sonar alrededor de su casa de Grecia.

La mamá de Bolaños solo piensa en su hijo preso y en lo que él le dice que sufre por ella, por su esposa y por sus tres hijos, pero también recuerda que les respondía a las amigas, cuando ella le compró una tabla de surf a su hijo, Juan Carlos, que uno no puede eludir la muerte, si le toca.

Claudia Rojas Cortés cree, lo dice desde el corredor de la casa que ha habitado por casi 40 años, que la gente habla de su hijo porque no lo conoce y que quienes sí lo conocen “están orando por él”.

El Grupo JCB es el conglomerado empresarial del importador de cemento chino, Juan Carlos Bolaños Rojas. Foto: Alonso Tenorio.
El Grupo JCB es el conglomerado empresarial del importador de cemento chino, Juan Carlos Bolaños Rojas. Foto: Alonso Tenorio.

“No lo sacan (de la prisión) porque no les conviene, él no es tan tontico, no es por nada, pero ese muchacho es bueno para los negocios y todo eso. Entonces, si lo sacan, sigue la competencia (en el mercado del cemento) y ellos no quieren, quieren que se quede en la calle y nadie le preste, para que no vuelva a sacar el cemento”, dice su madre.

De la casa que Bolaños habitó por casi 30 años, a 200 metros de los tribunales de justicia de Grecia, el empresario salió solo para casarse, dice su madre, y recuerda que el día que él puso su ropa en el carro, para irse, tras de él salió una perrita, de nombre Ana, que no pudo regresar con vida, porque la mató otro auto.

De la bici saltó a la patineta, de esta, naturalmente, al surf, pero lo que más le gustaba a ese Bolaños que desconocemos era la velocidad y aquí, en este punto, la madre y Diablo coinciden en que a Bolaños lo que le gustaba era andar en carro y correr. “No le daba temor a nada, por eso era muy arriesgado”, dice su madre.

Pero también, la señora vecina del Liceo León Cortés dice que Juan Carlos Bolaños “siempre obtuvo todo lo que quería”, algo que ella le atribuye a la ayuda de Dios, pero que su amigo, Diablo, se lo atribuye a la necedad.

“Yo le di una formación, por eso a mí me extraña que él fuera a parar en una cosa de estas, yo le di una formación muy grande, con mucho temor de Dios, él era muy capaz de todo”, asegura Claudia Rojas.

Ella también visitó a su hijo en la cárcel, donde él le contó cómo eran sus días a la espera de la audiencia de apelación de la prisión preventiva y las condiciones en que dormía.

Pero Cavita, como se le conoce a la madre de Juan Carlos Bolaños en Grecia, vuelve a pensar en el pequeño que, amante de los carros, desarmaba cuanto juguete recibía “para ver qué tenía dentro”.

“Le gustaban mucho los carritos, los de juguete, era desarmarlos y tratar de armarlos. Tenía que ver cómo lo hicieron, de dónde venía, pero claro, después le costaba armarlos y lo echaba a perder.”

El caballista con guardaespaldas

Para algunas personas Juan Carlos Bolaños es un empresario sagaz, para otros, es un patán amenazador, pero para algunos vecinos es “un típico maicero de Grecia”, hasta un “jetón”, como lo califica la madre de uno de sus amigos de juventud, o un “muchacho independiente”, en criterio de su tía, Bernardita Bolaños.

Pero las historias más descabelladas sobre Bolaños se pueden oír en el parque de Grecia, donde ligan al empresario directamente con las bases del Partido Acción Ciudadana (PAC), o bien le achacan participación en política colegial, algo en lo que, según su madre, nunca se metió.

Juan Carlos Bolaños obtuvo dos líneas de crédito del BCR por $30 millones para importar cemento desde China. Foto: Diana Méndez.
Juan Carlos Bolaños obtuvo dos líneas de crédito del BCR por $30 millones para importar cemento desde China. Foto: Diana Méndez.

Cada quien le podría tener un apodo o un calificativo a Bolaños, como otra de sus vecinas, que recuerda llamarle Sobredosis al hoy empresario encarcelado, porque cuando llegaba a buscar a su hijo para jugar, de joven, siempre andaba apurado y era excesivo en su presión por salir al barrio.

En el bar del pueblo, el Saprissa, lo podían recordar como un bebedor de cerveza fina, que cuando llegaba pedía unas cuantas Bavaria, nada más.

Pero a 11 kilómetros de su casa materna, en Santa Eulalia de Atenas, donde relinchan y trotan los caballos de Juan Carlos Bolaños, los amigos que hizo se deben al gusto por los caballos y son, principalmente, los vecinos de la finca donde lo detuvo el OIJ, una madrugada de viernes.

Aunque en el centro de Atenas nadie sabía que lo tenían de vecino, en la casa de la par de la finca, Diego González solo vio confirmadas las sospechas que traía hace tiempo, desde que vio a Bolaños asistir a un tope en compañía de un par de guardaespaldas.

Ya era otra época, cuando González vio llegar a Bolaños a comprar una amplia finca que consolidó en ese barrio, hacer la residencia y poblar la caballeriza con hasta 12 bestias, que eventualmente tuvieron sobre sus lomos a políticos como Otto Guevara y Danilo Cubero.

“No tenía caballos, al principio, pero poco a poco fue surgiendo. Él disfrutaba las cositas que tenía, pero se levantó rápido”, asegura González, quien pocos días antes de la detención del empresario, veía movimientos alrededor de la finca de Bolaños, carros que llegaban a vigilar y, días después de que se lo llevaron, atestiguó cómo la gente llegaba a tomarse selfis a la cerca de la hacienda ateniense.

Como si fuera Mariano Figueres, el director de la Dirección de Inteligencia y Seguridad Nacional (DIS), ante los diputados, Diego González volvió a calificar a Bolaños de “medio farusquillas” y dijo que era una buena persona, pero que de pronto empezó a notarle movimientos como el de hacerse acompañar de guardaespaldas.

González, quien también comparte el gusto por los caballos, confiesa que hasta le huía a veces de las conversaciones, porque de pura insistencia le terminaba dando tours por la finca, hablándole de sus negocios, sus plantas y sus caballos, pero en conversaciones “de por lo menos dos horas”.

“Es una persona chispa para los negocios, oportunista, ambiciosa, que no se llena con nada”, apunta el vecino.

La amistad de Fernando Zumbado, otro de los vecinos de la finca Santa Eulalia, con Bolaños también tiene procedencia equina. Para él, el empresario cementero nunca echaba ninguna pachotada por sus caballos, rajando frente a las bestias de los demás, aunque los de Bolaños eran “de muchísima plata”, algunos traídos de México.

“Tan fácil que se dejó enredar con lo del cemento, porque él no tenía necesidad de eso”, dice Zumbado, quien cree que el empresario, “para tener la plata que tenía, no era para que se mezclara” con ellos.

Pero, incluso así, Bolaños les regaló a sus vecinos un salto (apareamiento) con uno de sus caballos, del cual decía que le había costado $100.000 y que, cuando enfermó, quiso entonces emparejar con las yeguas vecinas. “Al final, le metió mucha plata al caballo y se salvó”, dice Zumbado.

Las conexiones políticas de Juan Carlos Bolaños. Foto: Diana Méndez.
Las conexiones políticas de Juan Carlos Bolaños. Foto: Diana Méndez.
El abogado del diablo

Llegar a este punto de esta historia no fue fácil. Por increíble que parezca a esta altura del año, hay gente en el mercado municipal de Grecia que no sabía que Bolaños es coterráneo, pero cuando sus incursiones en titulares de prensa y en discursos políticos se hicieron diarias, empezaron las historias y los comentarios.

El mesero de una pequeña soda griega no sabía de tan famoso vecino, pero apenas supo quién era, abrió los oídos a las historias que sobre él se contaban.

Fue ese mesero quien primero identificó a Bolaños, dentro de una serie de entrevistas, con el mote de “abogado del diablo”. El último que se refirió a ese apelativo fue el propio Diablo, Álex Morales, su amigo, Empanada.

Morales, en su taller de enderezado y pintura, explica muy sencillo la razón de que a Juan Carlos Bolaños lo identificaran, primero dentro del grupo de amigos, y luego más allá de ese núcleo, con tal epíteto.

“Yo era el malo del grupo, el que se jalaba tortas, unas tortas, todavía con 35 o 40 años. Todas las tortas habidas y por haber. Entonces, como él, Juan Carlos, estaba estudiando para abogado (en la Escuela Libre de Derecho, en Zapote), cuando llegaba le decían: ahí viene el abogado del diablo y el diablo era yo”, explica Álex Morales.

Morales, desde su punto de vista, cree que su amigo Bolaños llegó a tener “tanto poder político” que se autodenominaba “el poder detrás del trono”.

“Él me decía, yo voy a ser presidente de este país, pero después, cuando empezó a conocer más, decía: yo para qué voy a ser presidente de Costa Rica, si yo puedo dominar al presidente. El problema es que creo que ahora se le cayó esa situación, con las broncas y los tanates que se come”, afirma.

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