Ángela Ávalos. 15 diciembre, 2018
En una foto de setiembre, en el Palacio Arzobispal.San José. Albino Vargas participó en las primeras discusiones contra el plan fiscal que no llegaron a ningún resultado. Foto: Diana Méndez

Entre sus detractores le llaman el tigre de papel pues ante la opinión pública y la luz de los reflectores aparenta ser capaz de todo por la patria... aunque a la hora de la verdad, dicen, este ‘tigre’ no mata ni un ratón.

Sus seguidores lo adulan llamándolo el “Lula tico”, en clara alusión al expresidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2011), actualmente en la cárcel por actos de corrupción pero quien en su época de oro dirigió el Partido de los Trabajadores.

Entre esas dos aguas navega el sindicalista Albino Vargas Barrantes, de 62 años, una de las figuras más mediáticas de la huelga contra el plan fiscal, y de muchos otros movimientos de protesta que han afectado el país con bloqueos en carreteras y paralización de servicios básicos, como salud y educación.

Lleva más de dos décadas como secretario general de la Asociación Nacional de Empleados Públicos (ANEP).

Las últimas generaciones de costarricenses, como la del actual presidente Carlos Alvarado Quesada, crecieron cuando Vargas ya ostentaba ese cargo, según reconoció el propio mandatario en uno de sus tuits publicados en el transcurso de la última huelga.

Opuesto a esta reforma, desde sus redes sociales Vargas sigue llamando a las calles, con más intensidad tras el fallo de la Sala IV que da luz verde a la discusión en el plenario del proyecto de Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas.

El sábado 24 de noviembre, pocas horas después del pronunciamiento de los magistrados, publicó en su cuenta de Twitter:

“¡No nos cansaremos de luchar! Le pedimos a Dios, Nuestro Señor, Cristo Jesús, El Grande, El Todopoderoso, El Altísimo, la fuerza suficiente para dar nuestro aporte hasta la última oportunidad que tengamos para ello. ¡El neoliberalismo es perverso, excluyente, corrupto, maligno!”

Está peleado con La Nación desde hace tiempo. Por eso, negó una entrevista para este artículo y dio instrucciones a sus más allegados para que tampoco hablaran si este medio los llegaba a contactar.

03/12/2018 twitter de Albino Vargas / reproducción
03/12/2018 twitter de Albino Vargas / reproducción

En un tuit, atribuyó su silencio a un asunto de “dignidad”.

Quienes aceptaron conversar sobre Vargas, amigos y enemigos, lo hicieron a cambio de no revelar su identidad.

Del sur de San José

Albino Vargas parece ser un hombre solitario a pesar de haber nacido en una familia grande y de lanzarse a las calles rodeado de una multitud, protegido incluso por guardaespaldas.

Sus padres, Cristóbal Vargas Cubero y Casilda Barrantes Román (ya fallecidos) tuvieron una descendencia numerosa: seis hijos.

La casa en la que vive, ubicada en Alajuelita, es herencia materna y la comparte con sus hermanos, contó hace años, antes de enojarse con La Nación.

No tiene registrados ni matrimonios ni descendencia y, de acuerdo a quienes lo conocen --tanto amigos como enemigos-- se hace rodear de personas que le digan al oído lo que a él le gusta escuchar porque le fascina la adulación. Quienes se aparten de ese camino, se arriesgan al ostracismo.

“Trabaja doce horas diarias. Llega a las 6 a. m. y se va en ocasiones hasta las 8 p. m. Toma taxis o agarra bus”, comentó uno de sus compañeros sindicalistas a cambio de no revelar su identidad.

Lee mucho, incluso probablemente esté leyendo estas líneas.

Y ama el rock, reveló en una entrevista con la Revista Dominical, de abril del 2012, en donde también confesó que alguna vez se imaginó como sacerdote, administrador de empresas o sociólogo, y que habría disfrutado estudiando Psicología, Derecho o Periodismo.

Sin embargo, nunca sacó una carrera universitaria, aunque se destacó en sus primeros años como un estudiante aplicado con cuadro de honor mientras fue alumno del Liceo Napoleón Quesada.

Militó en las filas de Liberación Nacional antes de pasarse al Partido Vanguardia Popular. Hoy, declara no tener ninguna afiliación política. Según sus propias palabras a un medio de prensa es “socialdemócrata cristiano de izquierda”.

“Es un amigo incondicional. Un hijo y un hermano ejemplar. Él estaba a los pies de su madre cuando murió. Vio por ella hasta el final”, contó la misma persona, allegada a él, y quien lo ve como un patriarca del movimiento laboral costarricense.

“Cuando Albino muera, el país le va a reconocer su aporte”, agregó.

Le preguntamos cuáles eran las acciones más importantes de estos años atribuida a Vargas.

Mencionó artículos de opinión con su análisis de la situación nacional, la lucha por frenar el llamado Combo ICE, y la reforma procesal laboral, que hoy ha desatado numerosas críticas por los vacíos e inconsistencias que tiene.

Soledad entre la muchedumbre

“Se está quedando solo”, afirmó una persona que lo conoce desde los años noventa, creyó en él en algún momento, lo siguió pero se desencantó conforme lo fue conociendo.

Las calles son escenario predilecto para Vargas. Durante la huelga contra el plan fiscal, demandó violación a la libertad de tránsito de los sindicalistas cuando la Fuerza Pública y la Policía de Tránsito impidieron el paso de buses con huelguistas hasta San José. Esta es una foto de junio del 2017, cuando Vargas protestó contra el aumento en la cuota de los trabajadores para el IVM. Foto: Diana Méndez.

Se refiere a la distancia que de él están tomando otros dirigentes del movimiento sindical. El alejamiento lo atribuye a su estilo de mando, que describe como autoritario y dictatorial.

“No permite que nadie lo contradiga. O sos albinista o estás fuera. No se puede disentir. Esto ha debilitado a la ANEP y siendo él una figura que los medios han creado, su estilo, que genera tanta repulsión entre la población general, repercute negativamente en la credibilidad del movimiento de los trabajadores”, afirmó un disidente de esa agrupación.

No están tan alejados de la verdad. En artículos de opinión, diferentes ciudadanos se han expresado en esa dirección.

“¿Qué anida en el alma y la mente de un ciudadano que se arroga el derecho divino o humano de paralizar un país? ¿Qué resortes psicológicos o ideológicos lo impulsan a decir, con patética arrogancia, que él y su gente tienen el derecho de cercenar las libertades de cinco millones de seres humanos?

"¿En nombre de qué se cree capaz de arrastrar a todo un pueblo a la inacción de sus labores, de sus estudios, de sus ocios y necesidades sociales?”, preguntó el politólogo Víctor Ramírez en un artículo del 11 de octubre en las páginas de opinión de este diario.

Otro más, escrito por el ingeniero y empleado público Carlos Bejarano Cascante, el 13 de setiembre, tenía un título más que sugestivo: ‘Albino Vargas no me representa’.

“(...) por el contrario, mis derechos y los de la mayoría de los costarricenses se ven atropellados por la acciones callejeras lideradas por él y sus camaradas”, acotó el ingeniero con un evidente tono de molestia.

La huelga que continúa apoyando este dirigente sindical supera los 90 días al cierre de este artículo. Algo que, por cierto, lo llenó de mucho orgullo cuando en otro de sus tuits Vargas destacó:

"La huelga patriótica contra el combo fiscal-Magisterio Nacional se convierte en el conflicto huelguístico - social más largo desde 1948 (Guerra Civil), y precisamente siendo Alvarado el presidente número 48 de la historia patria.

“La huelga bananera del Pacífico sur, 1984, duró 72 días. La huelga contra el combo fiscal llegará a esa cifra el próximo martes 20 de noviembre. Si pasa al miércoles 21, 73 días, superará a aquella de 1984 en duración. ¿Sería la más larga de la historia patria?”

Más de ¢12.000 millones le costó este movimiento a la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), de acuerdo con datos preliminares tras evaluar las casi 130.000 citas y 3.700 operaciones que se dejaron de hacer en los 26 días que la protesta paralizó los servicios de salud.

Ni qué decir del curso lectivo, donde la mayoría de docentes dejaron tirados a sus estudiantes. Cada día, le costó al país ¢2.215 millones en salarios.

Su debilitamiento como figura del sindicalismo, afirman oponentes, quedó patente en esta huelga. Preguntan, ¿cuál fue su poder de convocatoria?

Y pusieron como ejemplo una escena del 5 de octubre, casi un mes después de haber comenzado la huelga contra el plan fiscal.

Ese día, Vargas convocó a la prensa. Anunciaba que se amarraría a los portones de la Municipalidad de San José para impedir que los trabajadores municipales regresaran a sus labores tras firmar un acuerdo con el alcalde josefino.

Una delgada cadena sostenida a la faja de su jeans le permitió cumplir su cometido a medias, porque no logró frenar el retorno a las labores en una de las primeras instituciones públicas que depuso el movimiento de protesta.

A Vargas no le quedó más remedio que soltar la cadena, y regresar a la ANEP bajo una tenue garúa a planear su siguiente paso.

Su influencia mediática sobrepasa a sus colegas sindicalistas.

Dirigentes como Luis Chavarría o Marta Rodríguez, de la Unión de Empleados de la Caja (Undeca), o el mismo Gilberto Cascante, de la Asociación Nacional de Educadores (ANDE), actuaron muchas veces como voceros durante las extensas sesiones de la comisión que negoció con el Gobierno, sin éxito, un acuerdo para finalizar la huelga.

Pero detrás siempre estaba Vargas. A sus espaldas, pero siempre frente a la cámara, los micrófonos y, más recientemente, las redes sociales.

“Es una persona en la que uno no puede confiar. De pronto, está a tu lado. Luego, maquina sus alianzas y te deja solo. Así no se puede trabajar”, sostuvo uno de quienes lo conocen hace casi tres décadas.

¿Qué pasará ahora con Albino Vargas en el epílogo de esta huelga?

“Sería muy oportuno una retirada, aunque lo dudo porque disfruta de la atención de los medios, no puede vivir sin eso, para bien o para mal”, pronosticó uno de sus detractores, quien considera que hoy, más que nunca, ANEP y su líder se han convertido en un inmenso tigre de papel.

“El país le terminará agradeciendo, porque él se ha sacrificado por la patria. La historia le terminará dando la razón”, vaticinó, del otro lado, quien lo considera un patriarca y heredero de Juanito Mora.