Jessica Rojas Ch.. 8 mayo
En el taller de fútbol, de la casa EscuchArte, se fomenta el trabajo físico del cuerpo, pero también se abarca el trabajo en equipo y la confianza. Foto: Rafael Pacheco.
En el taller de fútbol, de la casa EscuchArte, se fomenta el trabajo físico del cuerpo, pero también se abarca el trabajo en equipo y la confianza. Foto: Rafael Pacheco.

Ale tiene el cabello negro, una mirada dulce y es delgada. Su apariencia física evoca más bien a una niña, pero no, ya tiene 18 años. Es muy tímida al hablar, algo nerviosa podría decirse.

Cuando recuerda que hace menos de un año no podía conversar con ninguna otra persona que no fuera de su círculo familiar, suelta una risa inquieta que poco a poco se convierte en un llanto silencioso. Son lágrimas que combinan un sentimiento de emoción y algo de susto.

Se detiene, toma aire. Para ella, todavía es un poco difícil conversar con alguien, más si se trata de una entrevista para un diario. Aunque tratamos que la conversación se desarrollara de manera calurosa, para Ale era una prueba, una más de las muchas que ha tenido que superar.

Ale y yo charlamos una tarde en la casa EscuchArte, en Alajuelita. Este es un espacio donde los jóvenes pueden encontrar herramientas para mejorar sus vidas, para salir de las calles, para alejarse de flagelos de las drogas y las pandillas; o como en el caso de Ale, mejorar sus habilidades personales.

Ale fue remitida a EscuchArte por un psicólogo del Hospital Nacional Psiquiátrico, lugar donde ha estado internada. En una ocasión Ale había intentado quitarse la vida y nos confesó que a veces escucha voces y también ve cosas que otros no.

Gracias a los diferentes cursos en EscuchArte, Maria Alejandra Zúñiga ha mejorado sus relaciones interpersonales. Foto: Rafael Pacheco.
Gracias a los diferentes cursos en EscuchArte, Maria Alejandra Zúñiga ha mejorado sus relaciones interpersonales. Foto: Rafael Pacheco.

“Estoy pasando por una situación difícil porque tuve un intento de suicidio. Cuando me atendieron y me internaron en el hospital fue el momento en que conté que escuchaba voces desde pequeña. No pensé que era algo importante, nunca antes lo había comentado con nadie”, contó.

La vida de esta muchacha, vecina de La Aurora de Alajuelita, ha cambiado radicalmente en el último año, gracias a los cursos que recibe en EscuchArte. Los miércoles va a fútbol e inglés, los viernes recibe clases de computación y también de empleabilidad, que la prepara para buscar trabajo de una manera correcta.

Al principio fue complicado, ella tenía que mitigar sus miedos y aprender a relacionarse con otros, pero con el apoyo de especialistas de este lugar lo ha logrado. Un paso a la vez.

Antes era lo que se conoce como una NiNi (no estudiaba ni trabajaba), pero ya no. La joven ya terminó el colegio y se está preparando para los exámenes de admisión de la universidad. Sueña con convertirse en actriz de doblaje o en compositora musical.

“Al principio cuando llegué al centro fue un poco raro porque no estoy acostumbrada a compartir con otras personas. Ya luego fue más cómodo, me hicieron sentir muy bien. Es muy importante contar con un lugar como estos porque ahí no me trataron diferente por mi estado mental, ahí me trataron como un ser humano”, relató.

“Recibimos muchachos vinculados al sicariato y al narcomenudeo. Hemos logrado que muchos salgan de ahí, esa es una apuesta muy importante”, expresó Nataly Ugalde, coordinadora de casa EscuchArte Alajuelita.
Casas EscuchArte

María Alejandra Hidalgo Zúñiga (Ale) es sólo uno de los casos que hospeda la casa EscuchArte Juvenil Joaquín Gutiérrez , organización que tiene su sede en el estadio Aniceto Retana, de Alajuelita.

La casa es un proyecto de la Fundación Fundamentes, que tiene varias casas de este estilo ubicadas en Alajuelita, Hatillo, Limón, Talamanca y Villa Esperanza de Pavas.

El programa nació en el 2017 ante la necesidad de acogida y escucha a la población adolescente excluida de los sistemas de educación y también de la fuerza laboral activa del país.

El término NiNis (jóvenes que ni estudian ni trabajan) es el que identifica a esta población en el mundo; sin embargo, se le ha dado un significado despectivo en la sociedad, por lo que desde el programa tratan de evitarlo.

En el lugar de estudio se ofrecen distintos cursos, entre ellos inglés. Los jóvenes tienen una opción para capacitarse también en otras habilidades educativas. Foto: Rafael Pacheco.
En el lugar de estudio se ofrecen distintos cursos, entre ellos inglés. Los jóvenes tienen una opción para capacitarse también en otras habilidades educativas. Foto: Rafael Pacheco.

“Trabajamos desde tres diferentes ejes: educativo, creativo y clínico”, explicó Nataly Ugalde, coordinadora de EscuchArte en Alajuelita.

En la casa reciben a una población de jóvenes entre los 13 y los 23 años, que trabajan en los diferentes ejes con la guía de profesores y especialistas en cada materia. Por ejemplo, en el eje educativo reciben clases de inglés y cómputo, enfocándose en diferentes formas de aprendizaje para instar a los jóvenes a volver a la escuela o el colegio.

En el eje creativo hay clases de música, fotografía, video y prácticas ecológicas. En el caso del eje clínico hay clases de fútbol (deporte y actividades lúdicas), así como la atención de psicólogos, sociólogos y trabajadores sociales que brindan apoyo a los jóvenes.

En este último apartado hay una labor que, desde la organización, consideran de suma importancia: la escucha del dolor y el sufrimiento.

“Nos damos cuenta de que hay programas con capacitaciones y cursos, pero aún así se sigue repitiendo el fracaso. Ahí es donde entramos en la escucha del sufrimiento que posibilita activar otras vías de trabajo”, explicó Ugalde.

La fundación Fundamentes tiene 14 años de trabajar en Costa Rica y, con recursos propios, fue la que inició el proyecto EscuchArte. En el año 2018 la Municipalidad de Alajuelita mostró interés en abordar a la población de jóvenes que habían dejado sus estudios formales y que tampoco eran parte de la fuerza laboral en el cantón.

El término NiNis (jóvenes que ni estudian ni trabajan) es el que identifica a esta población en el mundo; sin embargo, se le ha dado un significado despectivo en la sociedad.

Para buena fortuna, el proyecto de Fundamentes encontró en el gobierno local una mano para trabajar juntos. Además recibió apoyo del Comité Cantonal de Deportes y Recreación del lugar, así como del Patronato Nacional de la Infancia (PANI), el Instituto Costarricense sobre Drogas (ICD) y la Embajada de Estados Unidos.

La sociedad de Fundamentes, con el resto de organizaciones, nace con la meta de fomentar una buena salud mental comunitaria. La labores en conjunto van desde el apoyo económico hasta la facilitación del espacio físico en el que se trabaja.

Diferentes casos

No porque sean catalogados como NiNis quiere decir que estos muchachos y muchachas simplemente no quieren estudiar o trabajar. De acuerdo con Ugalde hay diferentes situaciones que llevan a los jóvenes a alejarse de la fuerza estudiantil y laboral.

Las realidades sociales son muy distintas unas de otras. Sí, muchas son personas que se han decantado por una vida relacionada con los delitos; sin embargo, también hay otras historias de corte más social.

Con zapatos de tacón alto, así encontramos a Estrellita Muñoz disfrutando del taller de fútbol. Ella trabajó con sus compañeros para lograr ciertos objetivos. Foto: Rafael Pacheco.
Con zapatos de tacón alto, así encontramos a Estrellita Muñoz disfrutando del taller de fútbol. Ella trabajó con sus compañeros para lograr ciertos objetivos. Foto: Rafael Pacheco.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), entre diciembre del 2020 y febrero del 2021, hubo un total de 413.505 personas entre los 15 y los 24 años que estaban fuera de la fuerza de trabajo.

De estos números se pueden desprender situaciones ligadas al riesgo social, por ejemplo ser “contratados” por organizaciones delictivas que ofrecen dinero relativamente fácil. Empero, en EscuchArte atienden jóvenes con otras coyunturas distintas.

“Recibimos muchachos vinculados al sicariato y al narcomenudeo. Hemos logrado que muchos salgan de ahí, esa es una apuesta muy importante. Tratamos también el tema del suicidio en personas adolescentes y jóvenes, todos los días escuchamos historias de que intentaron quitarse la vida y hoy por hoy están aquí”, apuntó Ugalde.

Otras historias que tratan en EscuchArte tienen que ver con muchachas víctimas de violencia por parte de sus parejas (en muchas ocasiones mayores que ellas), embarazos de adolescentes o incluso las jóvenes que no han tenido oportunidad de desarrollarse personalmente porque tienen otras obligaciones en sus hogares.

Estrellita.

En la cancha natural del estadio, en medio de un grupo de jóvenes, una muchacha alta destaca por usar zapatos de tacón. Parece incómodo, pero a la chica el calzado no le impide correr ni patear el balón.

Estaba jugando libre, se divertía.

Estrellita tiene 20 años y, durante la mayor parte de su vida, se ha dedicado a cuidar a sus hermanos porque sus papás trabajan. Por su situación social, ella tuvo poca oportunidad de aprender criterios básicos de la vida a partir del juego, el aprendizaje lúdico que muchos vivimos en nuestra infancia.

Además, por tener otras obligaciones, durante la adolescencia no disfrutó del todo el salir con amigos o aprender habilidades para su futuro. Ahora, en su etapa inicial de mujer adulta, sigue con sus deberes en casa y tiene poco tiempo para dedicárselo a ella misma. Por ejemplo, pospuso los estudios.

“Muchos de estos jóvenes cortan su aprendizaje de infancia por medio del juego y acá los apoyamos a encontrarlo en la adolescencia”, Karina Díaz, trabajadora social.

Sin embargo, a la vida de Estrellita Muñoz llegó un espacio que la llena de esperanza, que la está preparando para la vida laboral. En EscuchArte, a partir del fútbol o del juego, ella aprende relacionarse con otras personas, a desenvolverse en la sociedad, a descubrir destrezas y aprovecharlas de manera positiva.

Esta es una arista muy importante del programa, confirmó Karina Díaz, trabajadora social y futbolista encargada de este taller. La idea de incluir actividad física en el programa va de la mano con desarrollar las demás habilidades, ya que se trabaja no solo la movilidad del cuerpo, sino también temas de masculinidades y feminidades.

“Lo primero es lograr que los chicos y las chicas tengan acceso a la recreación porque muchas veces no hay espacios seguros en sus hogares. El trabajo desde el cuerpo, el movimiento y la parte lúdica nos permiten conocer el cuerpo y sus capacidades. También trabajamos en que lo importante no es la falla, sino seguir intentándolo, eso es parte de la reinserción de estos jóvenes”, explicó Díaz.

En el grupo de fútbol que trabajaba sobre la grama del estadio, pudimos ver a muchachas y muchachos interactuando por igual. Todos cumplían metas, se apoyaban unos a otros y, organizándose en parejas, fortalecían la confianza. En uno de los juegos, por ejemplo, una de los jóvenes dirigía a otro que iba con los ojos cerrados y que debía superar ciertas pruebas.

“Muchos de estos jóvenes cortan su aprendizaje de infancia por medio del juego y acá los apoyamos a encontrarlo en la adolescencia. Les explicamos que está bien jugar y aprender al mismo tiempo. Nos encontramos cuerpos muy rígidos y jugar nos da la posibilidad de liberar esos cuerpos”, agregó Díaz.

Además de todos estos beneficios, Estrellita encontró en EscuchArte el impulso que necesitaba para hacer el examen de admisión de la Universidad de Costa Rica. Por si fuera poco, ahora trabaja en equipo con sus compañeros y es feliz siendo ella misma, porque su autoestima ha aumentado considerablemente.

“Vi en una página de Facebook que existía este lugar. Cuando vine a preguntar había una fila larguísima y supuse que no me iban a aceptar, pero sí logré entrar”, recordó Estrellita.

Su primera intención era matricularse en el curso de inglés, pero cuando empezó a asistir a la casa se interesó en otras clases.

“Me siento muy contenta porque en la casa puedo ser yo misma. Los profesores no solo están para que uno aprenda, ellos nos acompañan en el proceso”, agregó.

Explotar habilidades
Donoval Lara se siente atraído por las artes. Entre los estudios que cursa en EscuchArte está la fotografía. Foto: Rafael Pacheco.
Donoval Lara se siente atraído por las artes. Entre los estudios que cursa en EscuchArte está la fotografía. Foto: Rafael Pacheco.

Donovan es un muchacho muy vivaz. Tiene una facilidad de palabra envidiable y un aura de seguridad que muchos desearían.

El chico tiene varios tatuajes en su cuerpo y nos enseña el significado de cada uno: son especiales para él. Por ejemplo, el diamante representa a su mamá, los rosarios expresan su fe, las rosas le recuerdan a su abuelito y, finalmente, las armas en sus brazos se las hizo en honor a su mejor amigo fallecido.

A sus 18 años Donovan estudia en casa EscuchArte, pero también ya está trabajando. Un año antes andaba “midiendo calles”, como él mismo explica. Se levantaba en la mañana, se alistaba y se iba a rodar sin rumbo fijo, unos días visitaba a amigos, otros simplemente se quedaba en cualquier lugar.

Su vida cambió gracias a EscuchArte, a su abuela doña Guadalupe Zúñiga y a su tía Ale, sí, la Ale de la que hablamos al principio.

Cuando su tía ingresó al programa, la abuela de Donovan vio tantos cambios en la joven que instó a su nieto a intentarlo, a probar a ver si algo le gustaba. Para sorpresa de todos, hasta del mismo Donovan, en el programa encontró muchas actividades relacionadas con sus gustos personales.

“Me gustan las artes, cuando me di cuenta de que había clases de música me emocioné mucho. Me interesa hacer videos, me gustaría ser mi propio jefe, montarme desde cero, trabajar para mí mismo. Quiero aprender mucho, hacer mis propias letras, grabar yo y hacer mis propios videos”, contó emocionado.

“Antes pensaba en andar en la calle, ahora tengo otra mentalidad, tomo la iniciativa de levantarme temprano para ir a trabajar. Antes no tenía las ganas de hacer nada”, Donoval Lara, usuario de EscuchArte.

Donovan Lara aprovecha cada oportunidad que tiene para asistir a clases de música, inglés, fotografía e historia. Solo que ahora, gracias al apoyo y la dirección que ha tenido en la casa, tiene trabajo en construcción y remodelación, por lo que el tiempo se le ha reducido un poco.

“La verdad me siento mucho más libre, porque estando en la calle veía muchos peligros. A veces me pasaba toda la noche en la calle y vi cosas que me hubiera gustado no ver. Me sentía encapsulado, ahora me siento más libre y mejor conmigo mismo”, aseguró Donovan, quien gracias a este cambio de vida también logró conquistar a una muchacha.

“El programa me cambió la vida y mis pensamientos. Antes pensaba en andar en la calle, ahora tengo otra mentalidad, tomo la iniciativa de levantarme temprano para ir a trabajar, antes no tenía las ganas de hacer nada. El programa me activó, me sacó la pereza”, agregó.

Donovan y Ale viven con doña Guadalupe, quien sin dudarlo es una de las más felices de que sus muchachos asistan a los cursos.

“He visto grandes cambios en ellos. A Alejandra antes nadie le sacaba una palabra, ella siempre estaba en su cuarto metida, ahora es más sociable, hasta canta en el baño. Con Donovan me preocupaba mucho que anduviera en la calle tanto, ahora es más casero y pasa más ocupado”, relató doña Guadalupe.

Dylan

Dylan Miranda, de 18 años, también es vecino de Alajuelita, pero su situación es muy diferente a la de sus compañeros.

Él estudia técnico en informática en redes, en el Colegio Técnico de San Sebastián, y asiste de noche a clases. Como tenía tiempo libre en las mañanas y las tardes, él no quería quedarse en casa sin hacer nada y buscó cómo complementar sus estudios.

Dylan Miranda aprovecha su tiempo libre para complementar sus estudios en informática en redes. Él es uno de los jóvenes que apoyan a los nuevos integrantes de casa EscuchArte. Foto: Rafael Pacheco.
Dylan Miranda aprovecha su tiempo libre para complementar sus estudios en informática en redes. Él es uno de los jóvenes que apoyan a los nuevos integrantes de casa EscuchArte. Foto: Rafael Pacheco.

Dylan es un muchacho muy ‘chispa’.

“Vengo a todos los cursos posibles. Computación, fotografía, habilidades para la vida, taller de trabajo, música, deporte. Le recomiendo a los jóvenes que busquen esta opción, hay mucho por aprender y sacarle provecho”, comentó Miranda.

“Hay muchos jóvenes que vienen porque salen de una situación de riesgo social y este es un lugar hecho para apoyarlos. Es bastante bueno, los funcionarios están muy bien capacitados, tienen una manera muy especial de tratarnos a todos”, afirmó.

Una de las fortalezas de Dylan es su liderazgo. Esa característica, sin duda, ha ayudado a que sea uno de los muchachos que más impulsan a sus compañeros a seguir adelante.

Cuestión de voluntad

Nataly Ugalde, coordinadora de EscuchArte, asegura que la labor articulada entre varias organizaciones es lo que hace posible que EscuchArte funcione. Sin embargo, también hay otro factor en la ecuación: las ganas de los jóvenes de salirse de los problemas que acarrean la falta de estudio y trabajo.

“Se abre el espacio, muchos vienen y enganchan, otros no. Tratamos de que sea un espacio para todos los que se acercan, pero lo cierto es que es un reto mantener la atención de ellos, porque algunos dicen que no saben hacer nada porque están acostumbrados a una historia de fracaso”, explicó ugalde.

El trabajo en conjunto, que se realiza en este programa, lleva también un programa de reinserción. A los estudiantes se les brindan herramientas para que busquen un trabajo, se les enseña cómo elaborar un currículum e incluso se les prepara para una entrevista laboral.

También, en una labor en conjunto con el sistema educativo, se les da la oportunidad de ingresar a modalidades especiales que ofrece el Instituto Profesional de Educación Comunitaria (IPEC).

Por parte de la Municipalidad de Alajuelita, EscuchArte recibe apoyo institucional y gestión entre organizaciones.

“Aquí hay muchachos canalizando su energía en algo que les interesa, como el arte o el deporte. Este tipo de alianzas busca mejores opciones para darles capacidades a nuestros muchachos, les ofrecemos otras opciones para sus habilidades”, comentó Modesto Alpízar, alcalde alajueliteño.

“Les damos capacitación, pero sobre todo les ayudamos a levantar el autoestima. Muchos perdieron la esperanza por estar involucrados en la drogadicción y otros flagelos. Estamos muy contentos por el desarrollo de este gran proyecto”, agregó.

Cuatro historias, cuatro realidades de vida muy diferentes, pero con un común denominador: la esperanza. Ale, Donovan, Estrellita y Dylan son hombres y mujeres jóvenes con ganas de salir adelante.

Como ellos hay miles de jóvenes en el país, muchos alejados del estudio y simplemente sin opción o gusto de trabajar. Para ellos, Donovan tiene un mensaje: un mensaje: “Me siento bien conmigo mismo, todo pasó de tristeza a felicidad, de blanco y negro a un mundo de color. Alejarme de la calle y encontrar el rumbo es lo mejor que me ha pasado”.

Consejos para los papás

A continuación, una pequeña guía para quienes tienen a su cargo jóvenes con características similares a las retratadas en este artículo.

-El no trabajar o no estudiar no se traduce automáticamente a un acto de vagancia. En realidad responde a una problemática social, que debe abordarse desde un enfoque psicosocial.

-Es importante que las personas jóvenes y adolescentes que se encuentran en esta situación puedan ser escuchadas, en lugar de ser estigmatizadas, perseguidas y juzgadas.

-Se pueden buscar iniciativas comunitarias para personas adolescentes y jóvenes, consultar en las municipalidades, en grupos de redes sociales, etc.

-Es importante que a los jóvenes se les invite a asistir a este tipo de programas como una posibilidad y no como un mandato.

-Fundación Fundamentes se puede contactar por medio de su página web, el Facebook o su perfil de Instagram.