Manuel Herrera. 29 febrero
Antes de llegar a la Asamblea Legislativa, a finales de 1986, Margarita Matarrita dice que tenía una idea muy general de lo que era la institución; 34 años después, conoce al dedillo el 'teje y maneje' del Castillo Azul. Fotografía: Jorge Castillo.
Antes de llegar a la Asamblea Legislativa, a finales de 1986, Margarita Matarrita dice que tenía una idea muy general de lo que era la institución; 34 años después, conoce al dedillo el 'teje y maneje' del Castillo Azul. Fotografía: Jorge Castillo.

Ya pasaron varios calendarios desde la vez que Margarita Matarrita se subió a un autobús y una niña la recibió con lo inesperado. “Muchacha, yo a usted la conozco”, le dijo la menor que, según sus cálculos, tendría unos 11 años. El comentario lo recibió al mismo tiempo en que ella buscaba dónde sentarse.

La mamá de la pequeña corrigió con rapidez a su hija. “Le dijo que no, que ella no me conocía”, agrega Matarrita a unos metros de distancia de la oficina que ocupa desde hace 34 años en la Asamblea Legislativa.

Pero la chiquita insistió. “Me hizo mucha gracia el comentario. Yo me senté detrás de ellas y la niña continuó con la idea de que me conocía”, agrega la oriunda de Hojancha, en Guanacaste.

Doña Margarita sabía más o menos a lo que se refería aquella niña; sin embargo, no ayudó a esclarecer la duda a la desconocida quien, prontamente, dio al blanco.

“Luego de varios segundos la niña me dice: ‘¡Claro, yo la vi a usted en el periódico en una foto con el diputado menos malito (Luis Fishman)!’ Y eso me hizo tanta gracia que yo vine y le conté a Luis Fishman y él se moría de la risa conmigo y me decía que para él era un honor que una criatura lo distinguiera”, cuenta Matarrita.

La anécdota transcurrió en algún momento del periodo legislativo del 2010-2014 y puso frente a los ojos de Margarita la “fama” que había cosechado luego de tantos años de aparecer en medios de comunicación nacionales, que ponían a circular fotografías y tomas de video en las que, usualmente, aparecía junto a diputados.

“Siempre me dijeron que les colaborara por igual a los 57 diputados, entonces aprendí a trabajar para una bandera que es la de Costa Rica, no me interesa trabajar para ningún partido político".

Aún hoy, Margarita es un rostro frecuente en la prensa del país y hasta en publicaciones que realizan los diputados en sus perfiles de redes sociales. Incluso el martes hace unos días, posó con varios legisladores al momento de admitirles una iniciativa de ley que pretende ponerle fin a la reelección de alcaldes municipales.

Su popularidad no es casualidad. Ella trabaja en la Secretaría del Directorio, un departamento de la Asamblea Legislativa donde tanto congresistas como funcionarios del Poder Ejecutivo llegan a dejar proyectos que buscan convertirse en leyes de la República tras cursar el proceso respectivo que estipula el reglamento parlamentario costarricense.

El diputado y Ministro de la Presidencia, Víctor Morales Mora, durante la entrega a Margarita Matarrita del decreto con los proyectos convocados por el Gobierno para el periodo de Sesiones Extraordinarias, a finales del 2019. En la imagen también está la diputada Nielsen Pérez. Fotografía: Roberto Carlos Sánchez / Presidencia.
El diputado y Ministro de la Presidencia, Víctor Morales Mora, durante la entrega a Margarita Matarrita del decreto con los proyectos convocados por el Gobierno para el periodo de Sesiones Extraordinarias, a finales del 2019. En la imagen también está la diputada Nielsen Pérez. Fotografía: Roberto Carlos Sánchez / Presidencia.
La más conocida

En ese despacho –ubicado a muy poca distancia del Plenario y del Salón de Expresidentes– trabajan siete personas, siendo Margarita la cara más conocida de ahí.

“Mucha gente me vacila y me dice que si en un expediente no aparece mi nombre, es un expediente no admitido”, dice Matarrita con una particular simpatía de la que también dan cuenta muchos de quienes han coincidido con ella.

Al mismo tiempo que admite un expediente, Matarrita le asigna un número proyecto y permanece en contacto con la Presidencia del Directorio Legislativo para asignarlo a Comisión, donde será discutida por los congresistas correspondientes.

Cuando el proyecto se dictamina en Comisión, regresa a la Secretaría; es decir, donde Matarrita. Ahí se le aplican las mociones aprobadas por los legisladores y después, el proyecto pasa a discusión por los 57 legisladores en el Plenario.

“Para recibir un proyecto de ley tenemos que ver que el procedimiento cumpla con lo establecido en el artículo 113 del reglamento legislativo, entonces antes de recibirlos los verifico sin ninguna excepción. Como me han dicho, me he dado el lujo de rechazarle a un diputado un proyecto de ley y decirle que no se lo puedo admitir por esto, esto y esto. Cuando eso pasa, hay algunos que me dicen ‘lo que diga la jefa’, pero hay otros que no les gusta y no reaccionan tan positivo, principalmente asesores (de diputados)”, asegura.

En la Asamblea Legislativa se han tramitado, hasta el martes anterior, 21.810 expedientes (entre proyectos de ley, creación de comisiones, nombramientos…), de ese total, cerca de 11.000 archivos han sido admitidos y firmados por esta funcionaria.

La “fama” que ha decantado con su trabajo responde a que con la era de las redes sociales, los legisladores convirtieron casi en tradición fotografiarse al momento de entregar sus iniciativas de ley en la Secretaría del Directorio, y como es Margarita la que realiza ese procedimiento, entonces ella es parte de los que posan para la particular fotografía.

“A veces los diputados vienen con un montón de gente, o vienen todos los diputados o el Ministro de la Presidencia se trae a todo el Gabinete y esta oficina que esta tan pequeñita queda abarrotada de gente. Una de las experiencias vacilonas fue la del proyecto de ley de la Reforma Procesal Laboral, que se presentó cuando don Rafael Ortiz fue Presidente de la Asamblea (en el periodo legislativo anterior). Vinieron todos los diputados y se querían meter a la oficina. Había gente por todo lado, hasta en el escritorio se subieron para salir en la famosa foto. Yo me sentía asfixiada. Aquello fue una locura”, recuerda como uno de los múltiples episodios jocosos que ha vivido en esa oficina.

También habla de la vez que un diputado llegó, hace mucho tiempo, con dos carretillos de mociones para un proyecto de ley sobre la canasta básica. “Duré medio día admitiéndole las mociones”, señala ahora con risa.

Otro momento que detalla fue cuando aceptó una iniciativa surgida en el despacho de un legislador que buscaba gravar los sartenes y los comales. “Por mis manos han pasado proyectos muy buenos y otros que causan risa y gracia. Con muchísimos me he reído, pero esto es así, muy político”, destaca.

Por supuesto que guarda la discreción del caso cuando habla de esos episodios y de otros que ha vivido durante su paso en la Asamblea Legislativa.

Margarita Matarrita se graduó como licenciada en Derecho hace cuatro años, impulsada por el capítulo más oscuro que, hasta ahora, dice haber vivido en el Congreso. Fotografía: Cortesía Margarita Matarrita.
Margarita Matarrita se graduó como licenciada en Derecho hace cuatro años, impulsada por el capítulo más oscuro que, hasta ahora, dice haber vivido en el Congreso. Fotografía: Cortesía Margarita Matarrita.
Castillo desconocido

De esa manera, Margarita Matarrita conoce íntimamente la institución a la que llegó cuando apenas despuntaba su juventud –tenía 20 años cuando empezó a trabajar en ese lugar– y de la que solamente había escuchado hablar en el colegio.

La historia de cómo llegó de Hojancha a Cuesta de Moras es simple: una hermana suya era la encargada de los oficios domésticos de una familia con herencia política. Ángel Marín Madrigal –cabecilla de ese hogar– logra una curul en la Asamblea Legislativa (en el periodo 1986-1990) y promete ayudar a Matarrita, quien provenía de una familia de origen humilde, con un trabajo en una entidad estatal.

“Él me decía muchas cosas de que me iba a ayudar, pero usted sabe que uno tiene cierto recelo por las promesas de los políticos. Entonces no le creía mucho en lo que decía”, resume Matarrita. En aquellas, la jovencita solo tenía para defenderse el Técnico Medio en Salud que obtuvo en el Colegio Técnico Profesional Agropecuario de Hojancha y el deseo de estudiar Derecho en la universidad.

“La política no es mi campo, ni nunca representó ningún interés para mí; pero fue la institución más política del país la que ha sido mi sustento y la que me ha mantenido a mi y a mi familia”.

Marín fue para esta funcionaria la excepción a la regla y en cuanto llegó al Congreso comenzó a mover sus contactos en busca de colocar a la muchachita.

El Ministerio de Educación Pública fue la primera escala de la guanacasteca en una institución pública. Trabajaba en un puesto administrativo en las oficinas centrales de la entidad y su salario era de ¢8.300 por mes. Al poco tiempo de estar ahí, surgió la posibilidad de trasladarse a Cuesta de Moras para ocupar una plaza interina de ujier –encargados de asistir a los diputados–, pero con un pago mensual de ¢11.900. Esos ¢3.600 marcaron su decisión.

“Me sonó bonito y dije que sí. No conocía la Asamblea Legislativa, nunca antes la había visitado y tenía un concepto muy general de lo que era. Vine y estuve en una cadena de nombramientos y ahí juega mucho la suerte”, enfatiza.

La ventura estuvo del lado suyo y un mes después de trabajar en la Asamblea Legislativa, el asesor de diputados Humberto Morales, le plantea la posibilidad de trabajar, en propiedad, en la Secretaría del Directorio, la unidad donde sigue, casi tres décadas y media después del ofrecimiento.

“Humberto fue el maestro más grande que he tenido en mi carrera legislativa. De él aprendí todo lo que, hasta el día de hoy, sé. A esa oficina llegué un mes después de haber empezado a trabajar en la Asamblea Legislativa y él fue mi maestro”, declara.

De Humberto Morales y Ángel Marín, Margarita recibió “sabios consejos” que perseguían despejarle el camino en una institución cuyo juego político puede resultar algo hostil.

“Me decían que tenía que trabajar y ganarme a la gente, no hacerle malos modos a nadie y tratar de ser simpática y hacer mi trabajo siempre bien. También me dijeron que por más amigos que tuviera aquí, nunca le fiara a nadie. ‘Es mejor que se enojen con usted que pagar platas ajenas’, me decían ellos. Ese fue uno de los consejos más sabios”, trae al presente la funcionaria.

Entre las advertencias también estuvieron mantener la parcialidad con todos los representantes de agrupaciones políticas que convergían en un Congreso que se tornó, con el tiempo, multipartidista; así como no permitir que sus colores políticos interfirieran en las funciones.

Eso último es una cláusula en el reglamento personal que se creó Margarita con el paso de los años ahí. “Siempre me dijeron que les colaborara por igual a los 57 diputados, entonces aprendí a trabajar para una bandera que es la de Costa Rica, no me interesa trabajar para ningún partido político. Quienes me conocen saben que tengo excelentes amistades en la mayoría de partidos; aunque sí, ha habido diputados con quienes cuesta llevarse bien por los egos, porque hay quienes llegan aquí y piensan que quien sabe dónde llegaron”, afirma.

Cada cuatro años, Margarita debe adaptarse a “nuevos compañeros” de trabajo por la entrada en vigencia de los nuevos periodos legislativos; además, dice que muchos de sus compañeros administrativos que conoció al principio ya se pensionaron y ahora por esos pasillos corre sangre joven y nueva. Margarita se pensionará en diciembre del 2021.

A Margarita Matarrita (de negro) le ha tocado incluso hacer notificaciones de destituciones de funcionarios cuyos puestos dependen de la Asamblea Legislativa. Este imagen es de julio del 2014 cuando ella junto a Grettel Solano, (de la Asesoría Legal de la Asamblea Legislativa) llegaron a dejar a la casa del exmagistrado Óscar González Camacho, la notificación de su destitución. Fotografía: Jorge Arce/Archivo.
A Margarita Matarrita (de negro) le ha tocado incluso hacer notificaciones de destituciones de funcionarios cuyos puestos dependen de la Asamblea Legislativa. Este imagen es de julio del 2014 cuando ella junto a Grettel Solano, (de la Asesoría Legal de la Asamblea Legislativa) llegaron a dejar a la casa del exmagistrado Óscar González Camacho, la notificación de su destitución. Fotografía: Jorge Arce/Archivo.
El día oscuro

Su paso por la Asamblea Legislativa le ha significado más satisfacciones que otras cosa; sin embargo, ha probado tragos amargos cortesía de algunos legisladores: ella ha trabajado con ocho periodos legislativos entre el 1986 y el 2020, esto es, en promedio, con 456 legisladores.

Apela a la cautela cuando habla de su trabajo, incluso al contar el episodio más triste que vivió en el Congreso, cuando hace unos años intentó que la reasignaran de puesto.

“Me llevé un chasco muy feo con una diputada a la que le pedí que me ayudara en una reasignación. Ella conocía mi trabajo y yo confiaba en eso porque mi desempeño ha sido siempre mi carta de presentación, pero cuando llegué a hablarle del asunto me dijo que cómo pretendía que me ayudara si no tenía estudios. Lo sentí como una humillación por la forma en que me lo dijo y porque había personas alrededor”, recuerda todavía con pesar.

La noche de ese día no durmió por llorar, pero al amanecer del día siguiente su única hija –de la que tiene varias fotografías en su oficina– la invitó a callar bocas.

Margarita retomó los estudios en Derecho que había iniciado años antes y que había congelado por sus responsabilidades familiares y laborales, y hace cuatro años obtuvo la Licenciatura en la misma carrera. Tenía 50 en ese momento.

Aquel comentario de la legisladora tuvo una réplica más que está a la vista de todos quienes crucen la puerta de su oficina: un rótulo con una frase de Juan Pablo II que, en esencia, habla de la humildad.

Cuando vayas subiendo saluda a todos, que son los mismos que te vas a encontrar cuando empieces a bajar, dice la frase que está impresa en blanco y negro en una hoja que ya evidencia el paso del tiempo desde que fue colocada en ese lugar.

Margarita Matarrita debe pasar en comunicación constante con la Presidencia del Directorio Legislativo. Juntos llevan el pulso de las iniciativas de ley admitidas y que deben asignarse a comisión. Al fondo el famoso rótulo con la frase de Juan Pablo II. Fotografía: Jorge Castillo.
Margarita Matarrita debe pasar en comunicación constante con la Presidencia del Directorio Legislativo. Juntos llevan el pulso de las iniciativas de ley admitidas y que deben asignarse a comisión. Al fondo el famoso rótulo con la frase de Juan Pablo II. Fotografía: Jorge Castillo.

Al parecer, la “chinita” no interferió en las buenas relaciones que siempre procura tener con los legisladores de turno y demás personal de la Asamblea Legislativa; de hecho, fueron sus compañeros de trabajo quienes la eligieron como la mejor funcionaria de la institución en el 2019.

“La política no es mi campo, ni nunca representó ningún interés para mí; pero fue la institución más política del país la que ha sido mi sustento y la que me ha mantenido a mí y a mi familia”, remata esta mujer de ojos achinados y cabellera negra azabache, a la que todos conocen dentro del Parlamento y muchos la ubican fuera del Castillo Azul, como ocurrió con la niña de aquel viaje en bus.