Revista Dominical

Los Pucci y el reto de representar a todos los ticos en 50 historias

A partir de datos del INEC y el Estado de la Nación, los aclamados fotógrafos Pucci crearon perfiles de los ‘ticos promedio’ y se dieron a la tarea de buscarlos por todo el país sin tener certeza de que los encontrarían. El resultado se plasma en su nuevo libro ‘Pura gente’. Vea aquí un adelanto

De Costa Rica los extranjeros pueden decir muchas cosas: que es conocida por sus playas, por sus exóticos paisajes, por la forma en que los ticos pronuncian la erre, por su exquisito gallo pinto o por expresiones como “mae”.

Al final, siempre (o casi siempre) concluyen diciendo que los ticos son amables, alegres y amenos. Prueba de ello es que cuando los extranjeros se despiden de Costa Rica, lo hacen con un “pura vida”.

Pero, ¿qué es lo que hace realmente a Costa Rica un lugar tan pura vida?

Dicen que a un país lo hace su gente y si bien al nuestro, a nivel internacional, lo conocen por sus hermosos paisajes naturales, no se puede dejar de lado a sus habitantes, quienes a fin de cuentas son los que le dan esencia a una nación.

En cada rincón del país hay un pulpero, una emprendedora esforzándose por hacer crecer su negocio, un deportista deseoso de superarse, un grupo de amigos vacilando, científicos, ambientalistas, médicos y un sinfín de personas cargadas de historias y anécdotas diferentes, tan divertidas y alegres, como difíciles y aleccionadoras.

Los experimentados fotógrafos Juan José Pucci y sus hijos Sergio y Giancarlo estaban acostumbrados a capturar bajo su lente a esa Costa Rica elogiada a nivel internacional por su naturaleza. Sin embargo, con cada libro de fotografías de árboles, volcanes o paisajes que publicaban sentían que faltaba una pieza en su rompecabezas.

Los tres tenían muy claro cuál era esa pieza, sabían que si bien tenían los retratos más hermosos de los bosques y las más exóticas imágenes de animales en el territorio costarricense, no tenían un libro con personas que representaran esa otra parte del país.

Entonces, en el 2019 el Índice de Felicidad del Planeta (Happy Planet Index) catalogó a Costa Rica como el país más feliz del mundo, más allá de las problemáticas y los retos a los que se enfrenta este pequeño pedazo de tierra de más de cinco millones de habitantes.

Mientras muchos vacilaban con la noticia y otros insistían en que la realidad era muy diferente, los fotógrafos coincidían en que debían colocar la pieza faltante en su rompecabezas: mostrar qué era Costa Rica a partir de los rostros e historias de su gente.

“Nos hacía muchísima falta el ingrediente de la gente, que obviamente es lo que hace al país ser lo que es, pero además sentíamos que estábamos y estamos en un momento complejo como país, en el que hay muchos retos. Entonces, sentíamos como que estaba bueno explorar lo que nos une y buscar empatía.

“Pero por otro lado, necesitábamos actualizar el imaginario de lo que es un tico y refrescar la imagen que tienen tanto afuera, como los mismos costarricenses sobre quienes somos”, detalla Sergio Pucci.

El momento era perfecto, pues se acercaba el 2020, año del Bicentenario; era un año ideal para tomar fotografías.

Sin embargo, no podían retratar cinco millones de personas para un libro de 248 páginas y el gran reto era poder representar esa cifra en 50 perfiles diferentes.

Los fotógrafos hicieron análisis, métricas, estudiaron a la población del país minuciosamente; recorrieron montañas, ríos, caminos de todo tipo y costas; soportaron la lluvia y el calor, y todo para dar con esos rostros.

Para toda esa odisea estaban preparados y habían tomado medidas… excepto para un imprevisto: la pandemia.

“Nos agarró en medio de la producción y fue un momento muy crítico, primero porque no podíamos salir a tomar fotos, pero también desde el punto de vista económico las ventas de libros se cayeron muchos meses. Fue un momento muy difícil, como fotógrafos y como empresa de decir: ‘bueno, frenamos este proyecto porque es mejor cuidar cada cinco que queda para sobrevivir o continuamos con un riesgo muy alto’”, recuerda Giancarlo Pucci.

El problema era que su producción se financiaba con la venta de otros libros de naturaleza que han publicado, sin embargo, con la llegada de la covid-19, la venta de estos cayó significativamente y se quedaron sin recursos.

Durante varios meses tuvieron que buscar alguna empresa que los financiara y aunque el panorama parecía complicado, lo consiguieron. Así pudieron continuar con la producción y a lo largo de este 2021 lograron completar los 54 retratos con personas de diferente género, edad, lugar, ocupación e historia de vida.

Los hermanos Pucci no podían dejar que este proyecto muriera después de tantos meses de búsqueda de personas y familias que represantaran a los ticos.

“Retomamos el proyecto porque el barco ya había zarpado y habíamos visitado varios personajes. Ya nos habíamos ilusionado nosotros con el potencial del proyecto, ya habíamos ilusionado a varias personas; y era irónico, porque la intención del libro era generar conexión y con el distanciamiento, la pandemia nos obligó a separarnos. Entonces fue como que nos recordó lo importante que es para todos el contacto humano y la conexión”, agrega Sergio.

Las historias

Gato y Totó jugando damas en el parque de los mangos, en Alajuela, mientras hacen bromas; la familia Brown -conocida porque varios de sus miembros tienen un ojo azul y otro café-, reunida en su casa en Puerto Viejo de Limón; y el empresario Juan Jose Chacón, gerente de la primera empresa tica que cotiza en la bolsa, son tan solo algunos de esos 54 ticos que abrieron las puertas de lo más íntimo de su hogar para contar su historia y mostrar su realidad sin poses.

También está la pescadora artesanal de isla Chira Estebana Pérez; el emprendedor turístico Eladio Castro; y el tico cinco millones Eithan de Jesús Brenes, cuyos padres se conocieron durante la tragedia provocada por el terremoto de Cinchona.

“Ninguno de los personajes era figura pública conocida en general. Intencionalmente quisimos que fueran personas muy del tico promedio, como el vecino. Tenemos a un médico Bribri, también a un nicaragüense que reside desde hace muchos años en el país y a un tico que es músico y vive en Nueva York”, explica Sergio.

Hay un mascarero, una científica, un pequeño sabanero, una doctora, un combatiente de la guerra civil de 1948 y una niña estudiante. Emprendedores, lagarteros, artistas y una joven que abre su corazón para hablar sobre el trastorno de bipolaridad y cómo vivir en medio de la naturaleza le cambió la vida.

Y aunque todos tienen vidas y realidades muy diferentes, quienes aparecen en el libro fueron seleccionados porque tienen algo en común con los demás costarricenses.

“Nada fue al azar. Por ejemplo, los señores del parque de Alajuela juegan Damas, que es también un juego tradicional costarricense. Es decir, están representando a través de este juego que son veteranos, que impulsan los juegos tradicionales, que son de Alajuela y que disfrutan del parque”, explica María Teresa Brenes, quien se encargó de crear los perfiles.

Para llegar hasta ellos, los Pucci junto con Brenes estudiaron datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) y del Estado de la Nación por varios meses.

De allí extrajeron todo tipo de datos que pudieran servir para elaborar los perfiles idóneos.

“Empezamos cuestionándonos quiénes eran los costarricenses y cómo nos representábamos en 50 personas. Entonces con datos del INEC y del Estado de la Nación montamos una matriz y sacando el porcentaje de personas por provincia, también el tipo de población (indígena, afrodescendiente, inmigrante y migrante).

“También utilizamos otras otras características como costumbres del país e incluso quisimos incorporar otras cosas, como que el pejibaye es una fruta de exportación que está emergiendo en este momento; también que hay mujeres en puestos no tradicionales que están surgiendo y que el cine es una industria que está creciendo.

“Es decir, tomamos gran cantidad de datos, los mezclamos y a partir de eso ya fuimos montando los perfiles que queríamos ir mostrando”, explica Brenes.

Una vez que tenían los datos claros y establecidos, comenzaron a buscar a las personas. Este también fue un proceso de muchas semanas.

“Agarramos una actividad y la edad, lo mezclamos y con eso creamos los perfiles de personas sin saber quiénes eran. Entonces, sabíamos, por ejemplo, que ocupábamos a una pescadora artesanal de entre 40 y 50 años de la Isla Chira. Y sin ninguna idea de saber si la íbamos a encontrar, nos íbamos en esa búsqueda; mucho fue por el boca a boca y por personas conocidas, pero ahí nos iban apareciendo”, comenta Brenes.

Lo mismo ocurrió cuando buscaron al sabanero. Según el perfil que crearon ocupaban a un niño que supiera del oficio.

No sabían si en Guanacaste encontraría a un niño con esas características, sin embargo, tenían que intentarlo.

“Casualmente encontramos a un profesor de sabaneros quien tenía un sobrino de 12 años, Anthony Daniel Coronado, que desde que nació le inculcaron toda la cultura del sabanero y se ha venido preparando en eso. Entonces fue un proceso muy interesante, no solo por la espontaneidad de las historias que nos iban a contar, sino porque no sabíamos con quienes nos íbamos a topar”, relata Brenes.

Así, poco a poco, llegaron hasta las personas que requerían, quienes además representan la salud, el trabajo, la educación, la historia, las costumbres y las tradiciones que han formado al país a lo largo de estos 200 años.

De acuerdo con Sergio Pucci, en cada uno de los personajes los ticos pueden encontrar al menos un detalle con el que se van a sentir identificados, pues para ello realizaron todas las investigaciones previas.

“Hay un emprendedor turístico de Guanacaste que su historia involucra un accidente en moto y el 15% de la población costarricense ha sufrido un accidente con una moto, entonces es como que con cada persona se logran varios pájaros de un tiro: hablamos de los accidentes, de emprendedurismo y de turismo, en este caso.

“También hay una niña de la escuela Jesús Jiménez, siendo él la persona que impulsó la educación gratuita y obligatoria. Y en el caso del combatiente de la guerra del 48, nos ayuda a hablar también del tema de la abolición del ejército. Y así pasa con cada personaje”, detalla.

La mayoría de estas fotografías se realizaron durante la pandemia, pues los Pucci concluyeron que no podían esperar ingenuamente a que esta terminara.

Experiencias

Giancarlo no pudo contenerse ante la historia de la infancia de Magda del Carmen Araya, una emprendedora de Tucurrique que prepara todo tipo de platillos a partir de pejibayes.

Esta fue a la primera persona que Giancarlo fotografió y, desde entonces, asegura que “la llevo en mi corazón”.

“Doña Magda nos contó una historia de un día muy memorable con su papá, cuando ella tenía como ocho o nueve años y que ella recuerda con mucho cariño. Era una historia tan sencilla y tan linda que a mí me sacó lágrimas, porque, además, yo tengo dos hijas pequeñas.

“Fue como darme cuenta que en realidad uno como padre, y por supuesto que como ser humano, no ocupa demasiadas cosas para hacer de un día, o de un momento el más especial de la vida de uno”, cuenta.

Pero Giancarlo, de 45 años, no fue el único conmovido con un relato, pues Sergio, de 43, confiesa que a él le ocurrió algo similar.

“Es que cuando empezamos a conversar de la vida y a escuchar relatos muy íntimos y muy humanos terminamos conectando, y se genera un vínculo, tanto que en un par de horas de conversar se les agarra mucho cariño”, asegura.

Los hermanos coinciden en que este ha sido el proyecto más retador en su carrera como fotógrafos y están muy felices de haberlo realizado.

En un principio, el proyecto al que bautizaron como Pura Gente consistía en realizar solamente las fotografías, pero dadas las conversaciones tan humanas y profundas de cada una de las personas con las que hablaron decidieron ir un poco más allá y contar sus historias.

Esto implicó una búsqueda adicional, pues querían que los autores de cada historia fueran diferentes personas. En total, los relatos son contados por un total de 28 escritores, quienes se dedican, entre otras cosas, a la música, al teatro y al periodismo.

También Giancarlo y Sergio se sumaron como autores y cada uno escribió una de las historias de Pura Gente.

“Yo creo que esta producción me recuerda ese dicho que dice: ‘cada persona es un mundo’, porque a pesar de que a veces uno podría creer que ya conoce a alguien, en realidad nunca lo va a terminar de conocer. Cuando uno ve a alguien que ni siquiera conoce, uno podría asumir que sabe algo pero en realidad no conoce la mayoría de ese ser humano. Esto ha sido un recordatorio de esa humanidad que nos une”, dice Giancarlo.

Eso sí, los hermanos aclaran que Pura Gente no es un libro que busca ser aleccionador, solamente pretende mostrar cómo es un tico promedio, ese que estudia, o ese que trabaja, o que se esfuerza por salir adelante.

“Hay mucho sentimiento y mucha humanidad, entonces muchas historias dejan algo, pero no es que esa era la intención. De hecho, así como hay historias complejas, hay comedias e historias más simples y creo que esa diversidad que tenemos en la naturaleza también abunda en la gente. Entonces, creo que todo este proyecto se resume en diversidad y autenticidad”, agrega Sergio.

Los hermanos prometen que el famoso “pura vida” que nos caracteriza estará plasmado en cada una de las páginas de este libro y que esta será una muestra más de la esencia tica y de lo que significa ser costarricense, más allá de sus rasgos físicos, su lugar de nacimiento, residencia, estilo de vida o de su edad.

Una historia del libro

Para que los costarricenses puedan entender a mayor profundidad de qué tratan y cómo son las historias que encontrarán en Pura Gente, este es uno de los relatos, reproducido aquí con autorización de los Pucci.

Patines Azarosos

Por: Fernando Alvarado

¡Orooooo!!! ¡Medalla para Costa Rica!! ¡Siles con el Oro para los Ticos!!..... Guatemala, Centroamericano de Patinaje. Año 2019. El azar puede tener forma de todo. Esta historia es uno de tantos casos.

Hablamos de patinaje

El humano, ya aburrido de andar sobre sus piernas, decidió crear pies que avanzaran al son de ruedas cuyo resultado ha sido alcanzar velocidades no propias de personas comunes. Hay familias que viven de y para ello. Tal es el caso de los Siles.

Donde todo inicia

Década de los 70′s…. “Mae, después del cole, vamos a ir a patinar, ¿se apunta?”. “¿A qué cosa?”, respondió un muchacho aún con rasgos de niño y de reciente arribo a la ciudad de Alajuela. “Diay mae, patinar”. “Es que yo no sé ¿qué es eso?”. Estallido de burlas de adolescentes… “Mae, ¿los guanacos no patinan?”. Tiempo después, aquellos que alguna vez le invitaron, se retiraron para siempre de esos carruajes rodadores. Don Enrique, en su versión prematura de adultez, muy al contrario, empezó a soñar en patines.

Al mismo tiempo, su papá soñaba con otro tipo de rueda, en este caso la de la fortuna. “Vengan carajillos, nos vamos a sentar a ver La Rueda de la Fortuna. Condenado entero éste que lo activé y nada otra vez... ¿ustedes se imaginan, yo poniendo a rodar esa carambada?”. Mientras le habla a sus nietos, seres escurridizos impulsados por patines que se movilizan por doquier…. ¿”Abuelo, pero cuántos enteros ha activado ya?”... “Ay, mijito, ustedes no habían nacido y yo ya estaba en estas”. El destino también es azaroso y de eso el abuelo nada sabía aún. La vida no todo lo premia en el momento que lo queremos.

Una que no sabe nada de azares es la lluvia, que décadas después decidió ser plena en la metrópoli josefina. Año 2018, la familia Siles llevaba meses viendo como sus patines de alquiler en La Sabana se quedaban sin acompañantes para rodar. Tiempos difíciles.

Una oficina cualquiera en la ciudad de San José, “Don Enrique, aquí está el enterito que siempre regala el patrón cada año. Buena suerte.”

Dos sueños, tres generaciones y un televisor. Todo en un mismo acto. Le llamaremos lotería y patinaje. Incoherente combinación, pareciera ser a primera vista.

“¿Enrique Siles?”. “Sí, correcto”. “Le hablamos de la Junta de Protección Social. Su entero de lotería ha salido favorecido, le esperamos en el siguiente programa de la Rueda de la Fortuna”. La suerte no es buena o mala. Es para quien corresponda.

Set de televisión… “Salimos al aire en 3, 2, 1″.

“¡Buenas tardes don Enrique! Bienvenido a la Rueda de la Fortuna. ¿Quién le acompaña dentro del público presente?” “Mi papá”, indica un protagonista sonriente e ilusionado. El abuelo, sentado allí en su butaca era todo nervios, todo felicidad. “Vamos con la Dadomanía”, expone un presentador bastante barnizado en maquillaje y peinado con un copetín de laca propio del mundo del espectáculo.

Nuestro protagonista comenzó a tirar dados hasta sumar 18, un punto de dos vías infranqueables “Don Enrique”, expone el presentador, “¿Se queda con lo que tiene o tira? Último chance. Si saca el dado en 3 gana todo, mayor a eso, pierde todo. ¿Qué decide, caballero?” La cara del abuelo decía a gritos ¡quédese!, el público también, pero es meritorio recordar que quien siempre ha tenido al azar de su lado es su hijo… “Estoy listo, voy a lanzar. Voy por todo”, dijo Enrique.

A unos cuantos kilómetros, un grupo de humanos utiliza la pista de patinaje como tubo de ensayo para la construcción de sus anhelos. “Entrenador, mi padre en este momento está en televisión nacional, en vivo en la Rueda de la Fortuna”, “¿Cómo dice?” . El entrenamiento se transformó en un apéndice del público por medio de la pantalla de un celular. Un padre a través de un dado tenía la posibilidad de enviar a su hijo a un centroamericano de patinaje… si tan solo el azar cooperase.

El dado comenzó a girar infinitamente y al iniciar su aterrizaje marcaba… 4, 3, 6, 2, 1….

Por un momento el mundo se detiene en ese descenso atropellado en forma de dado, cada golpeteo del mismo es pura incertidumbre… la expectativa del final de su locomoción hace que el auditorio se silencie por vez primera: 3. El dado decide ser 3 y la familia Siles celebra el premio mayor en la sonrisa del abuelo con sus ojos de cristal carcomido, en el abrazo impulsivamente frenético entre don Enrique y un presentador de televisión, en la sala de una casa que es testigo del regocijo familiar ante un televisor o en la algarabía de una selección de patinaje que celebra el triunfo ajeno como propio.

Todo fue alegría en diferentes planos unidos por el azar. Resulta que el azar tiene el poder de unir almas que se aman, vaya sorpresa. El azar vestido en forma de patín. Así, impredecible.

Los escritores

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Kimberly Herrera

Kimberly Herrera Salazar

Periodista graduada de la Universidad Internacional de las Américas. Licenciada en Comunicación de Mercadeo de la Universidad Americana.